Azul de mi cielo, guardiana de la vida,
Blanca eres de nombre; morenas tus carnes,
apetecibles y sabrosas.
La Madre Tierra hizo contigo su obra maestra:
Ojos profundos, oscuros, pasionales…
Labios carnosos, y amplia sonrisa ofrecida…
Largo cabello, castaño, húmedo y fresco…
¡Eres un deseable don de los dioses!
Yo te quiero, luz de mi alma. Rózame con tus pies traviesos
en nuestras penumbras de pasión.
Escríbeme en la espalda, dibújame en el pecho.
Deja que amamante en ti mis sentidos.
Permite que indague en los secretos de tu sexo.
Cabalguemos juntos en pos del alba, y en el suspiro de una noche,
juguemos nuestro juego.
Así dijo el poeta, que “la vida es sueño”;
tus sueños son mi vida,
y mi vida eres tú.

Javier Gallego (Alcaraván)

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