Azul de mi cielo, guardiana de la vida,
Blanca eres de nombre; morenas tus carnes,
apetecibles y sabrosas.
La Madre Tierra hizo contigo su obra maestra:
Ojos profundos, oscuros, pasionales…
Labios carnosos, y amplia sonrisa ofrecida…
Largo cabello, castaño, húmedo y fresco…
¡Eres un deseable don de los dioses!
Yo te quiero, luz de mi alma. Rózame con tus pies traviesos
en nuestras penumbras de pasión.
Escríbeme en la espalda, dibújame en el pecho.
Deja que amamante en ti mis sentidos.
Permite que indague en los secretos de tu sexo.
Cabalguemos juntos en pos del alba, y en el suspiro de una noche,
juguemos nuestro juego.
Así dijo el poeta, que “la vida es sueño”;
tus sueños son mi vida,
y mi vida eres tú.

Javier Gallego (Alcaraván)

3 respuestas a Azul

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«Dios ha cerrado sus oídos a cuantas plegarias se le dirigen en su presencia. En el invierno, los lobos se reúnen en manadas junto al enebro que la protege para lanzarse sobre las reses; los bandidos esperan a su sombra a los caminantes, que entierran a su pie después que los asesinan, y cuando la tempestad se desata, los rayos tuercen su camino para liarse, silbando, al asta de esa cruz y romper los sillares de su pedestal».

Gustavo A. Bécquer: La cruz del diablo

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