Ya tenemos casi encima el Día de Muertos y, como cada año, Azul, mi pareja, como buena mexicana, ha comenzado a preparar nuestro altar de muertos. Este año quizá sea más pequeñito que en otras ocasiones, pero, para compensar, esta vez ha conseguido unas calaveritas de azúcar, de las de verdad.

Las calaveritas son unos dulces tradicionales mexicanos que se regalan estos días o se utilizan para adornar el altar de muertos. Se suelen elaborar a base de azúcar de caña, miel y clara de huevo, y tienen forma de calavera blanca, de unos 8 o 10 cm de altura. Generalmente se adornan con filigranas de azúcar coloreada, papel de plata, flores… y se deja un espacio para escribir el nombre de una persona apreciada, viva o difunta, pues comerse la calavera tiene su simbolismo: es una manera dulce de enfrentarse a la propia muerte, se trata de una especie de broma, de tomarse la muerte en plan de broma, pues si hay una verdad universal es que todos, tarde o temprano, vamos a morir. La muerte es tan natural como la vida, así que hay que aceptarla con naturalidad ¿y qué mejor forma que endulzándonos el paladar?

Aquí os dejo unas fotos de algunas de las que le han mandado. Yo nunca las he probado, así que ya tengo muchas ganas de agarrar la mía, ponerle mi nombre ¡y zamparme mi propia muerte!

calaveritas de azúcar
Ahí están, con su Virgen de Guadalupe y todo 😉

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«Dios ha cerrado sus oídos a cuantas plegarias se le dirigen en su presencia. En el invierno, los lobos se reúnen en manadas junto al enebro que la protege para lanzarse sobre las reses; los bandidos esperan a su sombra a los caminantes, que entierran a su pie después que los asesinan, y cuando la tempestad se desata, los rayos tuercen su camino para liarse, silbando, al asta de esa cruz y romper los sillares de su pedestal».

Gustavo A. Bécquer: La cruz del diablo

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