Yo fui un niño enfermizo, pálido y enlutado,

que demasiado pronto conoció la tristeza

del trágico y grotesco dolor de la pobreza.

Yo he dormido en los bancos de un parque abandonado.

Y con la flor de toda la andante picardía

aprendí que la vida es demasiado dura,

cuando hay que conquistarla en constante aventura,

venciendo a la miseria un día y otro día.

Yo fui un niño enfermizo, pálido y mendicante,

sin otro camarada que algún can trashumante

del arroyo, en la eterna, negra desolación.

El dolor fue el maestro que me enseñó a ser bueno,

¡pobre niño poeta!, y ¡floreció en el cieno

mi verso, como un lirio divino de emoción!


Emilio Carrere, de La canción de las horas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Suscríbete al blog

Y recibirás los artículos de Senderos Ocultos directamente en tu correo electrónico.

Archivos

Eres un erudito de historias secretas, una investigadora de libros polvorientos, o un saqueador de relatos...

Eres una cazadora de brujas, un arquólogo de lo grotesco o una tejedora de mitos y leyendas...

¡Bienvenidos! Habéis llegado al lugar indicado: un rincón donde se unen los senderos ocultos del arte, la música, la literatura y la historia.

«Dios ha cerrado sus oídos a cuantas plegarias se le dirigen en su presencia. En el invierno, los lobos se reúnen en manadas junto al enebro que la protege para lanzarse sobre las reses; los bandidos esperan a su sombra a los caminantes, que entierran a su pie después que los asesinan, y cuando la tempestad se desata, los rayos tuercen su camino para liarse, silbando, al asta de esa cruz y romper los sillares de su pedestal».

Gustavo A. Bécquer: La cruz del diablo

12213
visitas

Follow me on Blogarama