Cómic e ilustración

Emigrantes, de Shaun Tan

Emigrantes —The Arrival en inglés— es la cuarta obra del ilustrador y escritor australiano de ascendencia china Shaun Tan. Se trata de un delicioso y sorprendente libro ilustrado que nos cuenta varias historias de emigración. Usa como nexo de unión de todas ellas el viaje que emprende el protagonista, un personaje anónimo que vive en un opresivo país y que se ve impulsado a marcharse de su tierra y a abandonar a los suyos para encontrar un lugar mejor donde poder prosperar. Asistimos, así, a su periplo de final incierto a través del océano y a las dificultades que tiene que afrontar al llegar a un nuevo país; compartimos su soledad e incomunicación en un lugar del que no conoce el idioma y en el que todo es nuevo y distinto para él: la comida, las costumbres, los animales, los edificios, los transportes… Conforme va conociendo gente, también descubrimos las historias de otros forasteros, gente desplazada que ha tenido que dejar sus hogares huyendo de la guerra o de la explotación… El protagonista, con sus escasas pertenencias metidas en una maleta, debe sobreponerse a todas las adversidades y conseguir alojamiento, comida y un trabajo con el que subsistir y ahorrar para mandar dinero a su familia.

Lo que a primera vista parece una obra a caballo entre el cómic y el libro infantil resulta ser una soberbia novela gráfica, profunda y llena de ternura, que conmueve al lector porque logra que se identifique totalmente con el protagonista. Eso es lo que hace de esta obra algo excepcional: el autor no sólo cuenta la historia; desde el primer momento busca que el lector se haga cómplice de ese personaje anónimo, que sienta una profunda empatía con él y se convierta en un emigrante más, forastero en esa nación extraña que van descubriendo los dos juntos. Y esto lo consigue Shaun Tan con dos recursos que son las dos características principales de este libro: el «silencio» y la mezcla de realidad y fantasía.

En efecto, lo primero que llama la atención al comenzar a leer el cómic es que se trata de una obra totalmente muda. El autor consigue contarnos toda la historia sin que aparezca ni una sola palabra. No hay bocadillos para que hablen los personajes, no hay narrador, no encontramos ningún texto inteligible… Cuando las viñetas nos muestran periódicos, rótulos y anuncios, lo que nos encontramos es una especie de escritura jeroglífica que no podemos comprender. Este silencio absoluto busca que el lector tenga la misma sensación de incomunicación que el protagonista y se identifique con él. No entiende nada, todo ha de intuirlo todo a través de los gestos, de los dibujos… tal y como hace el otro.

La mezcla de fantasía y realidad es la otra característica fundamental de esta novela gráfica. Esto también tiene su intención. Shaun Tan nos adentran en un mundo en el que se unen, a partes iguales, imágenes de un realismo sobrecogedor con paisajes surrealistas y situaciones casi oníricas. Junto a viñetas dibujadas con una técnica casi hiperrealista, que nos recuerdan a fotos de viejos periódicos de principios del siglo XX, el autor coloca otras llenas de elementos fantásticos. O directamente mezcla las dos cosas en la misma escena. Nos podemos encontrar con un viejo transatlántico dibujado con todo detalle, y en la página siguiente con una ciudad de estética retrofuturista, casi steampunk, llena de máquinas voladoras imposibles, fábricas de inmensas chimeneas, globos-ascensor… La fantasía comienza a desbordar, sobre todo, con la llegada a ese nuevo mundo que resulta tan extraño para el personaje. Nos encontramos, a partir de ese momento, con una arquitectura que parece sacada de algún cuadro de Dalí o con animales del Jardín de las delicias de El Bosco.

Esta imaginería fantástica que aparece de repente desconcierta tanto al lector como al protagonista. El primero se siente tan extraño como el segundo. Shaun Tan no da claves para interpretar lo que se ve y los dos se van sorprendiendo con cada cosa que descubren juntos. Esto es lo que se perseguía en realidad.

Con estas dos características el autor logra el efecto deseado: conseguir respuestas intuitivas en los lectores y que se vean inmersos una experiencia total. Están leyendo una historia de emigración y al mismo tiempo se sienten emigrantes. El resultado es una auténtica maravilla del noveno arte que en 2008 ganó el premio a la mejor obra del año en el prestigioso festival de Angoulême.

En la vertiente artística, Shaun Tan nos presenta unos dibujos en blanco y negro y en sepia que parecen estar hechos a carboncillo. En realidad, fueron realizados después de un largo proceso de documentación, montaje y tratamiento por ordenador a partir de antiguas fotografías de gente, de paisajes urbanos —el puerto de Nueva York a comienzos del siglo XX—, o a partir de escenas montadas y fotografiadas expresamente. La disposición de las viñetas trata de dar al conjunto cierto parecido con un álbum de fotos. Algunas de ellas, incluso, aparecen con rasgones, como si estuviesen deterioradas, o con los picos dañados. La edición en castellano refuerza aún más esta idea, ya que las cubiertas imitan un viejo álbum de fotos. El aspecto externo es el de un libro de tapa dura ajado por el tiempo.

Al tratarse de un libro mudo, toda la historia descansa en la fuerza visual de las imágenes. Pese a la ausencia de texto, la historia se puede seguir perfectamente gracias al cuidadísimo flujo de las imágenes. El autor utiliza con gran maestría todos los elementos que le brinda el género del cómic, pese a que este mundo le era totalmente desconocido hasta el momento de iniciar la obra. Él había llegado a la ilustración a través de la pintura y por eso se tomó varios meses para investigar en este nuevo medio narrativo. Finalmente logró dominarlo a la perfección. Shaun Tan sabe muy bien cuándo debe usar un tipo de plano u otro. A veces focaliza un detalle mediante un primerísimo primer plano; otras veces nos muestra un amplio plano general en el que el paisaje empequeñece al motivo principal y lo hace insignificante. Combina imágenes grandes, que a veces ocupan una página entera, o a veces las dos páginas, con otras muy pequeñas que se suceden en cuadros ordenados a lo largo de una o varias páginas, y que buscan expresar distintos sentimientos o sensaciones: la ternura del padre cuando confecciona una pajarita para su hija, el paso del tiempo cuando se suceden viñetas de nubes durante el viaje en barco, los esfuerzos para comunicarse por escrito con otras personas, etc.

Para elaborar esta obra, el autor pasó varios años recopilando información de su propia familia —su padre emigró a Australia desde Malasia— y de otros emigrantes, y buscando datos gráficos y escritos sobre el tema. Aunque pueda parecer, en los primeros momentos, que se desprende un sentimiento pesimista, la historia es, en su conjunto, positiva. Hay una gran ansia por arraigar en el nuevo lugar, por establecerse y crear un auténtico hogar. El protagonista va haciendo propio ese mundo, poco a poco, hasta que finalmente su familia se reúne con él. También hay calor en las relaciones humanas, pues siempre se nos muestra gente con deseos de ayudar al recién llegado. En conclusión, se trata de una magnífica obra que habla de la dificultad de pertenecer a un lugar, del duro camino que hay que seguir para conseguir una vida mejor, y que es un homenaje a todas aquellas personas que, por diversos motivos, han tenido que dejar sus hogares y familias atrás para buscar una nueva vida en lugares nuevos, desconocidos y desconcertantes.

Sobre Shaun Tan

El ilustrador australiano Shaun Tan nació en Freemantle, en 1974, y se crió en la ciudad de Perth. Su madre es australiana y su padre chino: emigró a Australia desde Malasia. Esta es la razón por la que el artista siempre se ha sentido dividido entre dos mundos, sin lograr ser totalmente parte de ninguno. Shaun Tan se licenció en Bellas Artes y Literatura Inglesa en la universidad de Western Australia en 1995. Ya en su adolescencia ilustraba pequeñas historias de miedo y ciencia ficción, y más tarde fue director de arte de una revista del género, algo que queda patente no sólo en Emigrantes, sino en la mayoría de sus álbumes.

En la actualidad, trabaja a tiempo completo como artista y autor freelance en Melbourne y se ha hecho famoso como autor de libros ilustrados que tratan temas sociales, políticos e históricos mediante su particular imaginario surrealista y onírico. Ha trabajado como diseñador de escenografías y como artista conceptual para las películas Horton Hears a Who y Wall-e. Actualmente dirige un corto con Passion Pictures Australia. Shaun Tan ha ganado multitud de premios a lo largo de su carrera, entre ellos el del festival de Angoulême, el premio Crichton de ilustración, el World Fantasy Best Artist Award,o el Hugo Award.

En España su obra la publica Barbara Fiore Editora.

Obra

Como autor, Shaun Tan ha publicado The Playgrund (1997), La cosa perdida (1999), El árbol rojo (2001), Emigrantes (2006) y Cuentos de la periferia (2008).
Como ilustrador, algunas de sus obras más prestigiosas son Pipe, de James Moloney (1996), The Half Dead, de Garry Disher (1997), The Viewer, de Gary Crew (1997), Los conejos, de John Marsden (1998), Memorial, de Gary Crew (1999) o  Pretty Monsters, de Kelly Link (2008).
Para saber más:

Este artículo lo publiqué originalmente en el nº 11, 3ª época de la revista El Mirador. También lo he compartido en Steemit.

¿Alguien pensó que se había acabado la época de los frescos en cúpulas y bóbedas?

La obra: pintura de una cúpula de 80 m2 que consta de una pieza central y ocho anexas. En las diversas escenas, de marcado erotismo lésbico, se pueden contar hasta 45 personajes, todos mujeres. 
El mecenas: un magnate ruso que deseaba decorar el domo de su castillo recién construido. 
El artista: el ilustrador Luis Royo, que estuvo en Moscú durante más de tres meses trabajando en ella junto a su hijo, el pintor Rómulo Royo, en lo alto de un andamio.

Toda esta aventura se puede seguir paso a paso en el libro Dome, publicado por Norma. 
Se puede encontrar más información en la página personal de Luis Royo.


“Bien, estás despierto. Sería vulgar preguntar cómo conseguiste la invitación del difunto hombre del saco para nuestra reunión. Hablemos de otra cosa.
Dices que has venido a aprender. Muy bien. Te enseñaremos. Que no es el sexo, que no es el poder, que no es la crueldad. Somos soldados de la oscuridad, Philip. Gladiadores, guerreros y dioses. Y te enseñaremos.
Al buen Doctor le gusta desollar viva a la gente. Nimrod es cazador; puede cortar y abrir en canal cualquier animal en pocos minutos. Yo tengo debilidad por los ojos. ¿Y sabes qué te vamos a hacer ahora, Philip? Nos turnaremos”.

Neil Gaiman: “Coleccionistas”, de La Casa de Muñecas, en la colección The Sandman

saboreaba aquel néctar espeso y granate

Saboreaba, sonriente, aquél néctar espeso y delicioso que, en pequeños hilos, escapaba de su boca rebosante. A lo largo de su cuello, largo y esbelto, se iba marcando un rojo camino que se precitipaba a morir entre sus blancos pechos ofrecidos. Se deleitaba con el sabor viscoso y cárdeno de ese líquido de vida que se introducía por su garganta, abrasándola por dentro, pero llenándola al mismo tiempo de fuerza y vitalidad. Y se regocijaba: el sacrificio de doce infantes para llenar un cáliz de vida eterna y belleza intemporal.

Ilustración: Arantxa

victoria francés
Victoria Francés es, en la actualidad, una de las más conocidas y populares ilustradoras, sobre todo entre los círculos góticos y fantásticos. Valenciana de nacimiento (nació el 25 de octubre de 1982), desde muy pequeña utilizó el dibujo como una forma de expresarse y una manera de evadirse. El mundo de lo gótico romántico, dentro del cual se suele enmarcar su obra, la atrajo desde muy pequeña. Con diez años ya había leído Drácula. Como pasó gran parte de su niñez en Galicia, rodeada de parajes evocadores y melancólicos y empapándose de leyendas, surgió en Waterhouseella el gusto por épocas pasadas y tiempos ancestrales.

Su identidad artística se terminó de fraguar con la lectura de obras de Edgar Allan Poe, Mary Shelley, Goethe, Baudelaire, o Anne Rice y con sus viajes por Europa. En estos viajes se impregnó de los ambientes románticos, el arte gótico y el misticismo de ciudades como Londres, París, Venecia, Verona o Génova. Victoria reconoce el influjo de pintores prerrafaelistas como Waterhouse o Millais; también de ilustradores como Luis Royo y Fernando Fernández. Incluso de la imaginería oscura del cineasta Tim Burton. Asimismo, la inspira especialmente la música de Loreena McKennit y, sobre todo, del grupo Dark Sanctuary. Con estas influencias, no es de extrañar que lo gótico o lo siniestro (como prefiere denominarlo) se haya convertido en una manera de expresarse con la que se identifica personalmente. Sólo hay que verla en las convenciones y salones para darnos cuenta de ello.

Victoria estudió Bellas Artes en la Facultad de San Carlos de Valencia, y mientras realizaba trabajos esporádicos por encargo como portadas de libros y otro tipo de obras aisladas. Pero fue en 2004 cuando, con sólo 22 años, Victoria apareció con fuerza en el panorama nacional de la ilustración. Lo hacía de la mano de Norma Editorial con la publicación de su primer volumen de ilustraciones: Favole 1: Lágrimas de piedra. En el XXII Salón del Cómic de Barcelona, hizo su primera aparición pública y se ganó el respeto de autores de renombre. Se convirtió en la artista revelación de la temporada. A Lágrimas de piedra le siguió, en 2005, Favole 2: Libérame, con los mismos buenos resultados de la primera parte. También en este año se publicó Angel Wings, un pequeño libreto que recogía una serie de bocetos, ilustraciones y fotografías sobre este mismo universo.
En 2006 cerraba la trilogía Favole con Gélida Luz. Para entonces, la ilustradora se había convertido en un fenómeno más allá de la ilustración y se vendía todo tipo de merchandising basado en sus obras: posters, camisetas, puzzles, chapas, banderas… Su fama había crecido hasta tal punto que la prestigiosa editorial estadounidense Dark Horse se interesó por su trabajo y desde entonces ha publicado sus obras en Norteamérica.
Tras la saga de Favole decidió cambiar de editorial por Planeta DeAgostini y preparar para ella su nuevo trabajo, El corazón de Arlene (2007), obra en la que la autora se renueva en sus planteamientos y demuestra que es una artista en constante evolución.

Favole

No se puede dudar de que Favole es la enseña de Victoria Francés. Se trata de una trilogía de libros que mezclan ilustraciones con textos escritos por ella misma. Las obras están basadas en sus recuerdos de las ciudades de Venecia y Verona, y su temática nos introduce en un mundo mágico, triste y sombrío, de atmósfera opresiva, casi asfixiante. Nos topamos con mujeres fantasmales de pálida belleza, con brujas de oscura hermosura, niñas enfermizas, seres proscritos, castillos umbríos… Todo ello tocado por un halo de melancolía y romanticismo.
Las protagonistas son una serie de mujeres que han caído presas del seductor abrazo del vampiro Ezequiel. Son víctimas de su propia pasión, que las ha arrastrado a la oscuridad más profunda y, en última instancia, a la infelicidad. De entre todas, Favole, la que da nombre a la obra, se erige en personaje principal y termina haciendo de hilo conductor de las tres partes, pues lo que se narra en última instancia es su búsqueda incesante del amado vampiro. En el camino se tropieza con una sucesión de seres tristes, lóbregos y fantásticos, casi todos mujeres, que sirven de excusa a la autora para elaborar ilustraciones en los más diversos escenarios.
FavoleFavole representa la nostalgia, la melancolía, los amores soñados, lejanos y es, prácticamente, un autorretrato de la ilustradora, pues se ha servido de sí misma como modelo. Elementos recurrentes en estas ilustraciones son los largos vestidos, vaporosos, el violín, las lágrimas negras, la sangre, las lápidas y ángeles de piedra… siempre dentro escenarios tenebrosos, impregnados de medievalismo, y de una naturaleza agreste y misteriosa, que provocan una sensación de angustia y opresión.
En el apartado artístico, se nota un acentuado progreso con cada libro. Al principio su estilo resulta algo abocetado, con unos lápices más bien flojos y un empleo de fondos y colores planos. Luego, sin embargo, el dibujo va ganando en detalle y está más trabajado. Su técnica se va refinando con cada ilustración y éstas ganan en profundidad. El color está mejor aplicado y es más vivo y realista. Cabe subrayar, en este sentido, cómo hace destacar unas cuantas pinceladas de color dentro de paisajes grises y cenicientos.
Se ha polemizado mucho sobre el hecho de que Victoria base muchos de sus dibujos en fotografías de modelos o de ella misma. Pero eso no es algo exclusivo de esta ilustradora; Luis Royo o Boris Vallejo ya lo han hecho antes. Ahora bien, decir que “calca” o que simplemente retoca las fotos con el ordenador es exagerar demasiado. Las técnicas digitales facilitan muchas tareas y ahorran tiempo, por ejemplo, a la hora de realizar correcciones, pero ella siempre parte del dibujo como base. Lo que sí es cierto es que crear de la nada le cuesta mucho más que copiar de modelo, y esto queda patente en algunas ilustraciones: manos extrañas, posturas forzadas… Sus defectos los suple, no obstante, dotando de gran fuerza y expresión a las ilustraciones.
En todo caso, de poder acusar de algo a Victoria Francés sería de resultar demasiado repetitiva. Para los amantes del género esto no será un defecto; pero para aquellos que disfrutan con la ilustración en general, la sucesión de poses les terminará pareciendo cansado y monótono.
Por lo que respecta a la parte literaria, simplemente se puede apuntar que los textos son una mera comparsa para las imágenes. Nos encontramos con historias muy simples y personajes sin volumen, con un carácter apenas esbozado. Pero la misma autora reconoce que para ella la escritura es un mero acompañamiento que dota de un poco más de sentir a las imágenes. Es de agradecer, al menos, que poco a poco estos “minirelatos” vayan ganando un estilo más ágil y un tono más ameno.
En resumen, pese a defectos y polémicas, no hay ninguna duda de que Favole ha consagrado a Victoria Francés como una de las más firmes promesas de la ilustración española. Muchos comparan ya su obra con la de Luís Royo, aunque sus diferencias de estilo son evidentes. Sin embargo, lo que es seguro es que esta ilustradora va a sentar precedente en el dibujo de fantasía en general, y cátedra en la ilustración gótica en particular.
Las ilustraciones mostradas en el artículo pertenecen a los autores (Victoria Francés y Luis Royo), que poseen los derechos, y han sido sacadas de diversos lugares de la red.

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Hoy dejo una ilustración de Juan Gallego. Está realizada con una mezcla de acrílico y aerógrafo sobre lienzo y tengo el privilegio de realizar su primera subida a internet. Espero en un futuro poder seguir exponiendo muestras de su arte.
Quien quiera ver más ejemplos de sus ilustraciones, puede echar un vistazo aquí

Ya está confirmado en la página web de Planeta. Cierra la serie mensual de Sandman. Esta había sido una buena oportunidad de comenzar a seguir las aventuras de Morfeo para todos aquellos que no lo pudieron hacer en su momento, allá por los noventa, o de descubrir a Neil Gaiman, uno de los mejores guionistas de comics de las últimas décadas. El formato y el precio de la edición eran bastante decentes. Sin embargo, esta reedición se va a quedar a medias. A aquellos que seguían la colección de momento sólo les queda intentar conseguir los antiguos tomos de Norma, a unos precios abusivos. Planeta ya anuncia que para el salón del comic de Barcelona esperan sorpresas sobre el personaje. Supongo que se referirá a ediciones en tomo distribuidas en librerías especializadas. Pero ya veremos.


He podido leer la noticia de que El retrato de Dorian Gray, la obra de tintes góticos del irlandés Oscar Wilde, va a ser adaptada al comic por la editorial Marvel Comics. La novela, que ya fue polémica en su época debido a su cinismo y su esteticismo decadente, formará parte de la línea de comics llamada Marvel Illustrated, con la que la editorial está adaptando en miniseries de seis episodios de formato comic book grandes clásicos de literatura como El último mohicano, La iliada o La isla del tesoro. El guionista, al igual que en las anteriores obras de la colección, será Roy Thomas (ya ha realizado adaptaciones de éxito con anterioridad), mientras que el arte recaerá en las manos de Sebastian Fiumara. Ya tengo ganas de ver qué tal les ha quedado.

(imágenes tomada de www.marvel.com, propiedad de Marvel Comics)

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Gustavo A. Bécquer: La cruz del diablo

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