Historia

En esta categoría encontrarás algunas anécdotas o historias de la historia, secretos de personajes famosos o descubrirás gente que suele estar olvidada en los grandes manuales.

Y para acabar el año, unas imágenes del castillo de Hohenzollern muy acordes con estas fechas. Un auténtico castillo de cuento de hadas.

Fotografía de RitterRunkel

Fotografía de RitterRunkel

fotografía del interior del castillo

Fotografía de roba66

El origen de Burn Hohenzollern es medieval, aunque el castillo que se visita hoy en día data de mediados del XIX. Encaramado sobre una alta colina, en Hechingen, el castillo de Hohenzollern es un ejemplo de arquitectura del romanticismo alemán, digno de los cuentos de los hermanos Grimm. Aunque debe mucho, también, al estilo neogótico inglés y a los castillos del Loira.

Burn Hohenzollern fue un capricho de Federico Guillermo IV de Prusia, y muestra la idea que se tenía entonces de lo que debería ser un castillo caballeresco. Lo único que queda de los dos primitivos castillos medievales (el original del siglo XI y su reconstrucción del XV) es la capilla de san Miguel Arcángel.

El castillo guarda hoy en día varios tesoros históricos, como la corona de Guillermo II de Prusia, efectos personales de Fererico II o la gran espada Gassenhauer, de 1,80 metros.

Asómate a la Wikipedia para saber un poco más

Pues hasta siete batallas de las Termópilas. El lugar era clave para la entrada de ejércitos a Beocia, Ática y el Peloponeso, el corazón de Grecia. Aparte de la batalla más famosa y conocida, la que tuvo lugar en el año 480 a.C. en el curso de la segunda guerra médica, se pueden contar otras seis a lo largo de la historia. Son las siguientes:
Batallas de las Termópilas
  • Batalla de las Termópilas del año 353 a. C. Durante la tercera guerra sagrada, que enfrentó a Fócida y a Tebas por el control de Delfos, los focidios hicieron una heroica resistencia en las Termópilas frente al rey Filipo II de Macedonia, aliado de los tebanos.
  • Batalla de las Termópilas del año 279 a. C., en la que los griegos defendieron el paso frente a la invasión de los celtas de Breno. Una alianza de beocios, focios, etolios, megarenses y atenienses defiende el paso. Breno pretende utilizar camino oculto que siriviera a los persas, pero los griegos esta vez se han preparado y una guarnición defiende el escarpado camino. En un segundo intento, después de haberse desviado a Delfos, Breno logra pasar gracias a la niebla, pero los griegos son evacuados en las naves atenienses y cada contingente marcha a defender su ciudad.
  • Batalla de las Termópilas del año 191 a. C., en la que se enfrentaron los seleúcidas y los romanos que llegaron a Grecia como aliados de los Macedonios. Marco Acilio Glabrio rodeó con sus tropas al ejército del rey Antíoco III utilizando el viejo paso montañoso y venció así la batalla.
  • Batalla de las Termópilas del año 267, que tiene lugar durante el transcurso de una incursión de diversos pueblos bárbaros en el Imperio romano, primero sobre los balcanes y luego sobre Grecia. Uno de estos pueblos, los hérulos, llega a las Termópilas, donde se les intenta detener sin éxito. Como consecuencia, se dedican al pillaje por el Ática y el Peloponeso, donde llegan a saquear Esparta.
  • Batalla de las Termópilas de 1821 (o batalla de Alamana), durante la guerra de la Independencia de Grecia. Athanasios Diakos, al frente de 1500 patriotas griegos intentó resistir a un ejército de 8000 turcos que marchaban a sofocar las revueltas de Rumelia y el Peloponeso. Después de oponer una última resistencia en el puente te Alamana con 48 hombres, Diakos fue capturado y fusilado.
Athanasios Diakos es capturado por los turcos
  • Batalla de las Termópilas de 1941, durante la Segunda Guerra Mundial. Tras la invasión de Grecia por parte de la wehrmacht alemana, tropas del ejército conjunto de australianos y neozelandeses logran retener en la zona al ejército alemán el tiempo suficiente para que la fuerza expedicionaria británica pueda replegarse y ser evacuada a Creta en cualquier embarcación con la que logran hacerse.

¡Hala!, ya tenemos un buen dato para participar en las conversaciones de cuñados.

Aquellos interesados en el estudio de la brujería española y la Santa Inquisición están de enhorabuena, sobre todo si viven en Galicia, ya que a mediados de este mes de octubre se va a estrenar por esas tierras A Paixón de María Soliña, un largometraje documental que cuenta la historia de la más famosa de las meigas gallegas, María Soliña.

La película narra la detención y el proceso inquisitorial de esta pobre anciana acusada de brujería, siempre desde una perspectiva histórica. Sus autores, Emilio J. Fernández y Alonso Castaño, que presentan la obra como un ensayo cinematográfico o una ficción documental, quieren alejarse del mito para llegar a la figura histórica, a la persona real que subyace bajo el personaje de leyenda. Por eso han investigado y buscado en todas las fuentes posibles para ahondar en la auténtica biografía de María y en las motivaciones económicas y sociales ocultas tras las acusaciones que se vertieron sobre ella.

A principios del siglo XVII, María Soliña era una viuda rica de Cangas de Morrazo. En 1617, una escuadra de corsarios turcos remontó la ría de Vigo y saqueó la comarca. La pequeña villa no se libró de la marea de muerte y destrucción, y entre los numerosos vecinos que perdieron la vida se encontraban Pedro Barba, el marido de María, y su hermano, Antonio Soliña. Así que, a sus setenta años, la mujer quedó a merced de la ambición y de los abusos de los poderosos. Porque, debido al empobrecimiento de la comarca como consecuencia del gran saqueo, la pequeña nobleza había visto disminuir sus rentas y, para incrementar sus ingresos y mantener su nivel de vida, comenzó a promover juicios por brujería para quedarse con
las tierras y privilegios de muchas mujeres indefensas como María. Las acusaciones mezclaban mujeres ricas con pobres de solemnidad para tratar de disimular las verdaderas intenciones.

Así que María Soliña terminó siendo acusada formalmente de brujería ante al Tribunal de la Inquisición de Santiago. Las acusaciones se basaban en los viajes que hacía casi todas las noches a la playa donde habían muerto su marido y su hermano. El mar se había llevado los cuerpos sin vida y María rezaba para que volvieran. La pérdida la había sumido en una profunda depresión o, quizá como le sucedió a otras mujeres, simplemente tenía el juicio transtornado.

En 1621, la anciana fue conducida a las cárceles secretas y allí fue interrogada y torturada hasta que confesó que era bruja desde hacía casi veinte años y que había llegado a tener trato carnal con el demonio. Después de lo sucedido en Zugarramurdi, la Inquisición tenía mucho cuidado con el resultado de este tipo de juicios y, finalmente, María Soliña fue condenada a llevar un sambenito durante seis meses y se le requisaron todos sus bienes y derechos de presentación, que era lo que de verdad perseguían sus acusadores.

Se presume que la mujer murió, pobre y sola, poco después pero, de alguna manera, su imagen se hizo fuerte en el imaginario colectivo como bruja loca. A ello contribuyó el que nunca se encontrase su partida de defunción ni se conociese el lugar donde pudo ser enterrada. Todo esto alimentó el mito de que el personaje nunca ha muerto.

A Paixón de María Soliña dura poco más de una hora y está protagonizado por la actriz Luma Gómez, mientras toda la historia es narrada a través de una voz en off del historiador Jaime Aguiar. Según parece, el filme destaca por su vestuario y su ambientación. Fue rodado  en diversos lugares de la ría de Vigo, las islas Cíes y la comarca del
Deza, en el monasterio de Carboeiro, Cangas y el pazo de Negreira.

Aunque todavía faltan unos días para que se estrene ante el gran público, la película ya ha tenido un preestreno en Lalín, localidad gallega de la que es oriundo Emilio J. Fernández. Luego intentará hacerse un hueco en las carteleras de la capital. Mientras tanto,
ya está inmersa en una ruta que la lleva por diversos certámenes de cine documental de Europa y Estados Unidos y que culminará con su participación en el prestigioso festival de cine independiente de Sundance de Salt Lake City.

Para ir abriendo boca, aquí tenemos el trailer.

Y aquí se puede encontrar una entrevista con los autores.

Aquellos apasionados de la historia del Santo Oficio están este mes de enhorabuena. Por un lado, la revista Historia National Geografic publica un artículo sobre la Inquisición y la presecución de los protestantes en la Península. Por otro lado, La 2 de Televisión Española está volviendo a emitir desde el pasado jueves la miniserie documental Los archivos secretos de la inquisición.

 

Tespieos en las termópilas

Son los grandes olvidados de la batalla de las Termópilas, eclipsados por Leónidas y sus 300 espartanos. Fueron estos los que se terminaron convirtiendo en leyenda, en el símbolo del sacrificio heroico. Sin embargo, hay que recordar que las fuerzas griegas constaban de unos 7000 hombres, entre peloponesios, beocios y focidios. Y, cuando llegó el momento de la verdad, los 700 hoplitas de la cercana ciudad de Tespias, liderados por Demófilo, decidieron quedarse también hasta el final, al igual que otros pocos cientos de beocios, a pesar de que todos sabían que allí solo les aguardaba la muerte.

Pero los tespieos no han sido tan celebrados como los espartanos en el arte o la literatura; no tienen cuadros como el de Jacques Louis David, ni se les ha dedicado comics ni grandes películas épicas. Y, sin embargo, su sacrificio fue muchísimo mayor que el de los lacedemonios.

Para empezar, los tespieos no formaban una fuerza militar profesional como los espartanos. No tenían ni su entrenamiento ni su estricta disciplina militar, que hacía preferible la muerte a la deshonra de regresar derrotado a casa. Se podían haber retirado con el resto de griegos cuando el enemigo comenzó a rodearlos y Leónidas los despidió. Para ellos no hubiera significado una vergüenza. Los espartanos no tenían muchas opciones, pues la alternativa era ser condenados el resto de sus vidas a la miseria y el ostracismo. Los tespieos podían elegir, y eligieron quedarse.

Por otro lado, aquellos 700 hoplitas representaban el cien por cien de las fuerzas militares de la ciudad. Es más, estaban allí todos los varones en edad de combatir. La polis quedó, de ese modo, indefensa cuando las tropas de Jerjes la arrasaron poco después. Los 300 de Leónidas, sin embargo, eran sólo un cuatro por ciento de la fuerza militar de Esparta, que podía movilizar cerca de 9000 hoplitas en esa época. Además, el rey se encargó de que sólo lo acompañaran aquellos ciudadanos que tenían descendencia y habían asegurado su estirpe. Tespias perdió toda una generación en esa batalla. Los años siguientes, las mujeres y los ancianos tuvieron que reclutar extranjeros a los que les concedían la ciudadanía para recuperar la población.

 

Los tespieos tuvieron que esperar hasta 1997 para que el Estado griego les levantara por fin un monumento cerca del que habían dedicado a Leónidas con anterioridad.

Para saber más:
Paul Cartledge: Termópilas, la batalla que cambió el mundo, Ariel, 2008

Siguiendo la línea de Cuarto Milenio, en algunos momentos el reportaje resulta un tanto fantasioso, y la visión que da de la Inquisición en relación a la brujería es muy estereotipada, pero siempre es interesante por las distintas fuentes que se mencionan y los casos que se recogen también de la tradición oral.

Me ha interesado especialmente la descripción del hechizo con la cabeza del gato negro y las habas. En el Archivo Histórico Nacional, un legajo recoge el caso de Polonia Martín, la Forastera, hechicera de Daimiel del siglo XVIII, que realizaba la misma práctica con el gato y las habas, simplemente con algunas variaciones. Existía, pues un “corpus” común de hechizos en la Península, y los sortilegios no eran fruto de inventiva particular de cada una de las mujeres.

A pesar de su extrema miseria, Polonia Martín explicaba el siguiente remedio contra la pobreza a aquellos que acudían a ella:

havían de coger un gato negro y cortándole la
cabeza, enterrarla en tierra sagrada, metiéndole en los ojos dos abas, y
espolvorendo sobre el mismo sitio unos polvos de ara consagrada. Havía de ir
todas las noches entre las doze y la una a regar el sitio donde estaba la
cabeza, renegando allí con palabras formales y expresas de la Santísima
Trinidad, Jesucristo. Maria Santísima y de los Santos, llamando al Demonio

AHN Inq. Leg. 3722/126 y 137

Al cabo de un tiempo, nacerían unas hierbas y usándolas bien, ellas serían las que traerían la fortuna. 

castillo de Himeji

Situado en la ciudad homónima, al castillo Himeji se le conoce con el sobrenombre de “la garza blanca“, por su color y el ritmo ondulado de los tejados de su gran torre. Destaca también por la disposición laberíntica sus fosos y murallas, que buscaba dificultad el acceso a sus portones en los tiempos de las guerras civiles de los daimyo.

Es considerado uno de los tesoros nacionales de Japón, debido a que casi todos los castillos anteriores al periodo Edo fueron desmantelados por orden del shogun Tokugawa Ieyasu, que pretendía accelerar la pacificación del país y liberar el centro de las ciudades. Por esta razón, no es extraño verlo de vez en cuando como escenario de series o películas de época.

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«Dios ha cerrado sus oídos a cuantas plegarias se le dirigen en su presencia. En el invierno, los lobos se reúnen en manadas junto al enebro que la protege para lanzarse sobre las reses; los bandidos esperan a su sombra a los caminantes, que entierran a su pie después que los asesinan, y cuando la tempestad se desata, los rayos tuercen su camino para liarse, silbando, al asta de esa cruz y romper los sillares de su pedestal».

Gustavo A. Bécquer: La cruz del diablo