Historia

En esta categoría encontrarás algunas anécdotas o historias de la historia, secretos de personajes famosos o descubrirás gente que suele estar olvidada en los grandes manuales.

Se me había pasado mencionar que en el número de noviembre de la revista National Geografic habían dedicado uno de los reportajes a la brujomanía y la caza de brujas durante el fin de la del medioevo y la Edad Moderna. Es bastante breve y somero, pero sirve para hacerse una idea general de la cuestión y desmitificar algunos aspectos. Está muy basado en la magnífica obra de Brian P. Levak La caza de brujas en la Europa moderna. También lo podéis encontrar íntegro en su página web.

Unamuno, unas injurias al rey le costaron 16 años de prisión mayor

Es bien conocido el episodio del enfrentamiento entre Miguel de Unamuno y José Millán-Astray, el fundador de la Legión, en el paraninfo de la Universidad de Salamanca durante la celebración del Día de la Raza de 1936; a la postre, el incidente llevaría al insigne intelectual a pasar sus últimos meses de vida bajo arresto domiciliario (no sobreviviría el viejo maestro al 36). Pero, ya con anterioridad, el carácter de Unamuno le había hecho enfrentarse a un destierro en 1923 y, unos años antes, en 1920, a una pena de 16 años de prisión mayor. Vamos, que bien podría haber acabado sus días entre rejas. ¿Qué fue lo que pasó?

En 1920, Miguel de Unamuno era un eminente intelectual, un profesor reconocido y un escritor consagrado; acababa de ser elegido por sus compañeros decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Salamanca. Pero el filósofo, que nunca callaba si tenía algo que decir, ya había visto cómo sus palabras y sus ideas políticas lo habían puesto en un brete en más de una ocasión. Hacía poco, por ejemplo, le habían costado el cargo de rector. Lo recuperaría y perdería en dos ocasiones más.

Desde 1917, Unamuno escribía en el periódico de corte republicano El mercantil valencianoen el que tenía una columna semanal. Tres artículos publicados en ese medio, entre 1918 y 1919, habían indignado a la familia real: «El archiducado de España», «Irresponsabilidades» y «La soledad del rey». Unamuno lanzaba en ellos duras críticas a Alfonso XIII. Ya unos años antes, durante la Gran Guerra, había atacado con virulencia a la Casa Real debido a su postura neutral; una neutralidad que, para él, no fue tal y que simbolizaba la incapacidad moral de un país gobernado por caciques germanófilos que se enriquecían con la guerra. España era víctima de un régimen despótico y corrompido.

Así pues, el fiscal de la Casa Real denunció ante la Audiencia de Valencia dichos artículos por injurias a la Corona y el intelectual fue procesado. El eminente doctor Simarro encabezó una campaña de defensa de Unamuno que consiguió gran cantidad de firmas de intelectuales cansados de la situación de España y de la actitud del rey. No obstante, el juicio se celebró el 11 de septiembre de 1920 y quedó ese mismo día visto para sentencia. El fallo, conocido unos cuantos días después fue durísimo: se condenaba a Unamuno a dos penas de prisión mayor, 16 años en total, y al pago de 1000 pesetas de multa por injuriar al monarca y a su madre en dos de los artículos. Del tercero fue absuelto. Pero la misma sentencia hacía constar que no se iba a ejecutar la condena pues quedaba bajo los efectos de un real decreto de indulto sobre delitos de imprenta dictado un año antes. Quedaba el escritor, pues, en libertad condicional. Como puede apreciarse, la cuestión era tratar de asustar a Unamuno con una sentencia ejemplar, y hacer aparecer después la figura del rey llena de benevolancia hacia el hijo descarriado. Así lo explicaba el mismo Unamuno en una carta a un amigo:

Estoy sometido desde hace año y medio a tres procesos. Los tres en Valencia y los tres por supuestas injurias por escrito a S. M.; y estoy en libertad provisional, con obligación de presentarme en el Juzgado los días 1 y 15 de cada mes, con retención de la séptima parte del sueldo. Alcanzó el indulto; mas, para obtenerlo, he de someterme a juicio, y no quiero. No paso por esa farsa de que no retire el Fiscal la acusación, o más bien que retire en dos y acaso me condenen en el tercero y me indulten.

El intelectual, en sus trece, rechazó la medida de gracia y recurrió el fallo al Tribunal Supremo. A él nadie iba a intimidarle ni a coartar la libertad de expresión. Pero las cosas quedaron así. Coincidió todo este asunto, precisamente, con el salto de Unamuno a la política nacional.

Más tarde sería desterrado a Canarias por el dictador Primo de Rivera y él mismo se exiliaría después a Francia.

Fuentes:
Ana Chaguaceda Toledano: Miguel de Unamuno. Estudio sobre su obra
Miguel de Unamuno, el látigo de ´El Mercantil Valenciano´
Izaskun Martínez: Biografía de Miguel de Unamuno

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radu el hermoso

Menos conocido que el príncipe valaco Vlad III Tepes, el Empalador (Drácula, vamos; el que inspiró al personaje de ficción), es su hermanastro menor Radu, apodado “el Hermoso”, cel Frumos, el más pequeño de los Draculea, que en su tiempo tuvo fama de ser uno de los hombres más guapos del mundo. Tan bello, que conquistó al mismísimo Mehmet II, el sultán otomano que tomó Constantinopla.

La infancia y adolescencia de Radu estuvo llena de vicisitudes. Nacido hacia 1435, hijo del voivoda de Valaquia Vlad II Dracul, el Dragón, y de la princesa moldava Vassilisa, el príncipe creció en medio de las luchas por el poder de las diversas ramas de la familia real, mientras su padre vivía en el exilio. Radu era cándido, delicado y tímido, más inclinado hacia los juegos que hacia los ejercicios violentos, todo lo contrario que sus hermanos mayores, Mircea y Vlad, que mostraron una temprana inclinación por las armas. El pequeño príncipe era mal visto en la corte, pues los nobles pensaban que se convertiría en un personaje débil incapaz de gobernar.

De rehén a amante del príncipe

Vlad II entabló finalmente una alianza con los turcos para hacerse con el principado, y viajó en 1444 a la corte del sultán Murad II, en Adrianópolis, para entregar a Vlad y Radu, de catorce y once años, como rehenes. Desde ese momento, sus vidas dependieron de la fidelidad de su padre con los otomanos. Desde allí fueron enviados al aislado castillo de Egrigoz, en las montañas de Anatolia.

Durante su cautiverio, los hermanos fueron elegidos como acompañantes de Mehmet, el futuro conquistador de Constantinopla, y junto a él recibieron una completa educación en filosofía y ciencias exactas, y estudiaron los idiomas turco, griego y hebreo. También aprendieron el arte de la guerra y a montar a caballo. Y, por supuesto, les enseñaron el Corán, pues una de las ideas era convertirlos al islam para hacerlos afines a su causa.

Al contrario que Vlad, que fue un rehén rebelde y aumentó su odio hacia los turcos, Radu se hizo amigo de Mehmet, que sentía una gran atracción hacia él, y se dejó cuidar y mimar. Se contaba que Mehmet intentó desde un principio conseguir los “favores” del príncipe y que, durante el cautiverio, este se habría convertido en su amante. Más adelante, el primero, ya sultán, pagaría estos favores entregando a Radu el trono valaco.

En 1447 hubo una revuelta en Valaquia, apoyada por los húngaros, y los boyardos (nobles terratenientes) acabaron con la vida de Vlad II y su hijo Mircea. El sultán mandó entonces a Vlad a recuperar el trono y vengar la muerte de su padre y de su hermano, pero Radu se quedó en el harén. Parece que permaneció en la corte por voluntad propia; había adoptado el modo de vida turco y estaba dispuesto a convertirse al islam. Con el tiempo llegó incluso a incorporarse al cuerpo de jenízaros. De hecho, Radu fue uno de los comandantes de jenízaros que participó en la toma de Constantinopla. Se terminó convirtiendo en un títere que los turcos emplearían contra su hermano.

Radu el hermoso, voivoda de Valaquia

Efectivamente, cansado de las afrentas de Vlad y de su ánimo independentista, el sultán mandó a Radu a invadir Valaquia al frente de un gran ejército turco al que se unieron los boyardos enemigos del Empalador. Vlad, con fuerzas claramente inferiores, rehuyó el enfrentamiento directo y Radu se convirtió en el nuevo voivoda. Los hermanos siguieron luchando en una especie de guerra de guerrillas hasta que el mayor fue capturado por los húngaros.

Radu gobernó Valaquia desde 1462 hasta 1473, aunque de forma no muy eficiente. Además, pretendía restablecer las relaciones de vasallaje ante los turcos. En 1473 Basaraba Laiota derrocó a Radu y se apoderó del trono valaco durante un año. Radu lo recuperó y volvió a perderlo al año siguiente. A lo largo de 1474 fue voivoda de Valaquia en tres ocasiones diferentes hasta que murió en 1475 por causas desconocidas y fue sucedido definitivamente por Basarab III Laiota. Su hermano Vlad III recuperaría el trono brevemente de nuevo en 1476.

Paradójicamente, mientras su hermano, un genocida, es reconocido en Rumanía como héroe nacional por su resistencia frente a los turcos, Radu ha sido tradicionalmente considerado un traidor a la patria.

Para saber más:

Radu Cel Frumos
El peor voivode de valaquia

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Juana la loca, de Francisco Pradilla

El fúnebre cortejo que acompañaba a la reina viuda en las frías noches de la estepa castellana. Nunca llegaría a su destino. A ella la encerrarían por loca en Tordesillas hasta su muerte, casi cincuenta años después; Felipe I tendría que esperar todavía muchos años para ser enterrado en la catedral de Granada, como deseaba.

Ya mencioné en este blog, hace casi un año, a la hechicera de Daimiel Polonia Martín de la Leona, muy famosa en la comarca en el siglo XVIII, y su curioso ritual para conseguir fortuna con la cabeza de un gato negro. Hoy aprovecho para dejaros el enlace directo al expediente completo de su proceso en el Tribunal de Toledo (Exp. 137 del legajo 3722 de la sección Inquisición del AHN). El expediente está totalmente escaneado y es de libre consulta a través del PARES (Portal de Archivos Españoles), para deleite de los aficionados a la historia de la Inquisición y de la brujería y hechicería. No tiene una caligrafía muy complicada, así que se pueden leer tranquilamente sus hechicerías con cuervos y sortijas, y sus curaciones a base de baños en cocimientos de carnero, untos de miel y grasa y sahumerios de hierbas.

AHN Inq. Leg. 3722/ 137

don Rodrigo, rey de los visigodos
Fotorafía del Dr Richard J. Smith

¿El rey don Rodrigo, en la corte de los omeyas?

Cuanto menos resulta curioso descubrir que el úlitmo rey visigodo aparece representado en la sala del trono de Qusayr Amra, la residencia  de veraneo de los califas omeyas, en la actual Jordania. Entre los espléndidos frescos del palacio, que representan bailarinas, escenas de caza o figuras alegóricas, hay uno al que se ha denominado “fresco de la familia de reyes”, en el que se pueden ver varias figuras regias de los Estados derrotados por los ejércitos árabes: el emperador bizantino, el soberano sasánida, el negus de Abisinia y don Rodrigo, rey de los visigodos. Todos tienen inscripciones árabes y griegas sobre las cabezas que los identifican y precisamente la figura del rey hispano sirve para datar la construcción de la residencia (la batalla de Guadalete tuvo lugar en 711).

Para saber más:
http://www.qantara-med.org/qantara4/public/show_document.php?do_id=1025&lang=es
http://www.discoverislamicart.org/database_item.php?id=object;ISL;jo;Mus01_H;45

El pintor prerrafaelista John Millais representó en este óleo el momento en el que un monje ayuda a huir a Juana de Acuña, condenada por la inquisición en 1559, año en el que hubo en la capital castellana un importante auto de fe para atajar la herejía luterana. Los diablos y las llamas del sambenito indican que la condena era grave: la muerte en la hoguera.

Y para acabar el año, unas imágenes del castillo de Hohenzollern muy acordes con estas fechas. Un auténtico castillo de cuento de hadas.

Fotografía de RitterRunkel

Fotografía de RitterRunkel

fotografía del interior del castillo

Fotografía de roba66

El origen de Burn Hohenzollern es medieval, aunque el castillo que se visita hoy en día data de mediados del XIX. Encaramado sobre una alta colina, en Hechingen, el castillo de Hohenzollern es un ejemplo de arquitectura del romanticismo alemán, digno de los cuentos de los hermanos Grimm. Aunque debe mucho, también, al estilo neogótico inglés y a los castillos del Loira.

Burn Hohenzollern fue un capricho de Federico Guillermo IV de Prusia, y muestra la idea que se tenía entonces de lo que debería ser un castillo caballeresco. Lo único que queda de los dos primitivos castillos medievales (el original del siglo XI y su reconstrucción del XV) es la capilla de san Miguel Arcángel.

El castillo guarda hoy en día varios tesoros históricos, como la corona de Guillermo II de Prusia, efectos personales de Fererico II o la gran espada Gassenhauer, de 1,80 metros.

Asómate a la Wikipedia para saber un poco más

Pues sí, ha habido hasta siete batallas de las Termópilas. El lugar era clave para la entrada de ejércitos a Beocia, Ática y el Peloponeso, el corazón de Grecia. Aparte de la batalla más famosa y conocida, la que tuvo lugar en el año 480 a.C. en el curso de la segunda guerra médica, se pueden contar otras seis a lo largo de la historia. Son las siguientes:
Batallas de las Termópilas
  • Batalla de las Termópilas del año 353 a. C. Durante la tercera guerra sagrada, que enfrentó a Fócida y a Tebas por el control de Delfos, los focidios hicieron una heroica resistencia en las Termópilas frente al rey Filipo II de Macedonia, aliado de los tebanos.
  • Batalla de las Termópilas del año 279 a. C., en la que los griegos defendieron el paso frente a la invasión de los celtas de Breno. Una alianza de beocios, focios, etolios, megarenses y atenienses defiende el paso. Breno pretende utilizar camino oculto que siriviera a los persas, pero los griegos esta vez se han preparado y una guarnición defiende el escarpado camino. En un segundo intento, después de haberse desviado a Delfos, Breno logra pasar gracias a la niebla, pero los griegos son evacuados en las naves atenienses y cada contingente marcha a defender su ciudad.
  • Batalla de las Termópilas del año 191 a. C., en la que se enfrentaron los seleúcidas y los romanos que llegaron a Grecia como aliados de los Macedonios. Marco Acilio Glabrio rodeó con sus tropas al ejército del rey Antíoco III utilizando el viejo paso montañoso y venció así la batalla.
  • Batalla de las Termópilas del año 267, que tiene lugar durante el transcurso de una incursión de diversos pueblos bárbaros en el Imperio romano, primero sobre los balcanes y luego sobre Grecia. Uno de estos pueblos, los hérulos, llega a las Termópilas, donde se les intenta detener sin éxito. Como consecuencia, se dedican al pillaje por el Ática y el Peloponeso, donde llegan a saquear Esparta.
  • Batalla de las Termópilas de 1821 (o batalla de Alamana), durante la guerra de la Independencia de Grecia. Athanasios Diakos, al frente de 1500 patriotas griegos intentó resistir a un ejército de 8000 turcos que marchaban a sofocar las revueltas de Rumelia y el Peloponeso. Después de oponer una última resistencia en el puente te Alamana con 48 hombres, Diakos fue capturado y fusilado.
Athanasios Diakos es capturado por los turcos
  • Batalla de las Termópilas de 1941, durante la Segunda Guerra Mundial. Tras la invasión de Grecia por parte de la wehrmacht alemana, tropas del ejército conjunto de australianos y neozelandeses logran retener en la zona al ejército alemán el tiempo suficiente para que la fuerza expedicionaria británica pueda replegarse y ser evacuada a Creta en cualquier embarcación con la que logran hacerse.

¡Hala!, ya tenemos un buen dato para participar en las conversaciones de cuñados.

Aquellos interesados en el estudio de la brujería española y la Santa Inquisición están de enhorabuena, sobre todo si viven en Galicia, ya que a mediados de este mes de octubre se va a estrenar por esas tierras A Paixón de María Soliña, un largometraje documental que cuenta la historia de la más famosa de las meigas gallegas, María Soliña.

La película narra la detención y el proceso inquisitorial de esta pobre anciana acusada de brujería, siempre desde una perspectiva histórica. Sus autores, Emilio J. Fernández y Alonso Castaño, que presentan la obra como un ensayo cinematográfico o una ficción documental, quieren alejarse del mito para llegar a la figura histórica, a la persona real que subyace bajo el personaje de leyenda. Por eso han investigado y buscado en todas las fuentes posibles para ahondar en la auténtica biografía de María y en las motivaciones económicas y sociales ocultas tras las acusaciones que se vertieron sobre ella.

A principios del siglo XVII, María Soliña era una viuda rica de Cangas de Morrazo. En 1617, una escuadra de corsarios turcos remontó la ría de Vigo y saqueó la comarca. La pequeña villa no se libró de la marea de muerte y destrucción, y entre los numerosos vecinos que perdieron la vida se encontraban Pedro Barba, el marido de María, y su hermano, Antonio Soliña. Así que, a sus setenta años, la mujer quedó a merced de la ambición y de los abusos de los poderosos. Porque, debido al empobrecimiento de la comarca como consecuencia del gran saqueo, la pequeña nobleza había visto disminuir sus rentas y, para incrementar sus ingresos y mantener su nivel de vida, comenzó a promover juicios por brujería para quedarse con
las tierras y privilegios de muchas mujeres indefensas como María. Las acusaciones mezclaban mujeres ricas con pobres de solemnidad para tratar de disimular las verdaderas intenciones.

Así que María Soliña terminó siendo acusada formalmente de brujería ante al Tribunal de la Inquisición de Santiago. Las acusaciones se basaban en los viajes que hacía casi todas las noches a la playa donde habían muerto su marido y su hermano. El mar se había llevado los cuerpos sin vida y María rezaba para que volvieran. La pérdida la había sumido en una profunda depresión o, quizá como le sucedió a otras mujeres, simplemente tenía el juicio transtornado.

En 1621, la anciana fue conducida a las cárceles secretas y allí fue interrogada y torturada hasta que confesó que era bruja desde hacía casi veinte años y que había llegado a tener trato carnal con el demonio. Después de lo sucedido en Zugarramurdi, la Inquisición tenía mucho cuidado con el resultado de este tipo de juicios y, finalmente, María Soliña fue condenada a llevar un sambenito durante seis meses y se le requisaron todos sus bienes y derechos de presentación, que era lo que de verdad perseguían sus acusadores.

Se presume que la mujer murió, pobre y sola, poco después pero, de alguna manera, su imagen se hizo fuerte en el imaginario colectivo como bruja loca. A ello contribuyó el que nunca se encontrase su partida de defunción ni se conociese el lugar donde pudo ser enterrada. Todo esto alimentó el mito de que el personaje nunca ha muerto.

A Paixón de María Soliña dura poco más de una hora y está protagonizado por la actriz Luma Gómez, mientras toda la historia es narrada a través de una voz en off del historiador Jaime Aguiar. Según parece, el filme destaca por su vestuario y su ambientación. Fue rodado  en diversos lugares de la ría de Vigo, las islas Cíes y la comarca del
Deza, en el monasterio de Carboeiro, Cangas y el pazo de Negreira.

Aunque todavía faltan unos días para que se estrene ante el gran público, la película ya ha tenido un preestreno en Lalín, localidad gallega de la que es oriundo Emilio J. Fernández. Luego intentará hacerse un hueco en las carteleras de la capital. Mientras tanto,
ya está inmersa en una ruta que la lleva por diversos certámenes de cine documental de Europa y Estados Unidos y que culminará con su participación en el prestigioso festival de cine independiente de Sundance de Salt Lake City.

Para ir abriendo boca, aquí tenemos el trailer.

Y aquí se puede encontrar una entrevista con los autores.

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«Dios ha cerrado sus oídos a cuantas plegarias se le dirigen en su presencia. En el invierno, los lobos se reúnen en manadas junto al enebro que la protege para lanzarse sobre las reses; los bandidos esperan a su sombra a los caminantes, que entierran a su pie después que los asesinan, y cuando la tempestad se desata, los rayos tuercen su camino para liarse, silbando, al asta de esa cruz y romper los sillares de su pedestal».

Gustavo A. Bécquer: La cruz del diablo

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