Historia

En esta categoría encontrarás algunas anécdotas o historias de la historia, secretos de personajes famosos o descubrirás gente que suele estar olvidada en los grandes manuales.

Hace exactamente cien años, el mayor transatlántico de su tiempo, el “insumergible” Titanic, colisionaba con un iceberg en el Atlántico norte, cerca de Terranova. Casi tres horas después, desaparecía definitivamente bajo las frías aguas del océano.

Foto: Reloj de bolsillo recuperado del cuerpo de Sidney Sedunary.

Construido en el primer tercio del siglo XII, está situado en un islote en medio del Thiou, un canal de la antigua ciudad francesa de Annecy. Pertenecía, en su origen, a los condes de Ginebra y se le conoce como «les Vieilles Prisons» porque a lo largo de la historia fue utilizado, sobre todo, como presidio.
Fotografía de Nicolas Champavert.

Bueno, hoy por fin me he hecho con un ejemplar del libro Semana Santa de Daimiel. Una historia de pasión, obra en cuya elaboración he participado como investigador y redactor, concretamente en los capítulos dedicados a la música y a la gastronomía. En realidad, la investigación se realizó hace ya diez años. Yo no sabía que al final había sido publicada; en principio todos los datos y la redacción formaron parte de un informe de carácter turístico.

Pero se ve que, al final, el Museo Comarcal de Damiel se ha decidido a darle forma de libro y publicarla. Lo hicieron poco antes de la Semana Santa de este año; yo me he enterado hace un mes de forma casual (me perdí la propia presentación, supongo que se debió de extraviar la invitación).

Fue este un proyecto mucho más modesto que el de la brujería, pero tuvo también sus grandes momentos, como poder investigar en el Archivo Diocesano de Toledo, en un lúgubre edificio a la sombra de la catedral, de largos y estrechos pasillos con portezuelas de las que me gustaba imaginar que llevaban a algún olvidado calabozo inquisitorial.

Bruja manchega, ilustración de Juan Gallego

 

A
la hora de elaborar sus filtros, las hechiceras utilizaban numerosos
elementos, la mayoría de ellos del ámbito de la cocina, que era el
que dominaban las mujeres en aquella época.
Algunos eran ingredientes cotidianos, como la sal, el vinagre, el
aceite o el aguardiente, a los que dotaban de carácter mágico
mediante sortilegios o rituales. Servían para fabricar bebedizos o
comidas que ataban la voluntad de los hombres, o ligaban su talante
sexual. El huevo era también muy utilizado para las adivinaciones,
mientras que el agua, combinado con el aceite, servía para descubrir
si alguien tenía mal de ojo. Pero había conjuros que consistían,
simplemente, en quemar algunos de estos componentes.
Las
hierbas aromáticas, utilizadas para llevar a cabo los sahumerios,
eran muy variadas y nunca faltaban en el laboratorio de una
hechicera. Siempre se recogían en la noche de San Juan. Las más
utilizadas eran el culantro, la ruda o los granos de helecho.

Otra
herramienta importante para los conjuros amorosos eran las velas o
candelas de varios colores y tamaños, aunque los más utilizados
eran el verde y amarillo.
Las
hechiceras también conocían y empleaban amuletos que consistían en
diversos elementos (piedras, imanes, etc.) metidos en bolsitas.
Para
que los conjuros amatorios fueran realmente eficaces, la hechicera
recurría con frecuencia componentes escatológicos que procedían,
generalmente, del cuerpo de la persona a la que iba dirigido. El
filtro debía contener los dos elementos vitales fundamentales: el
semen del varón y la sangre menstrual de la mujer. Pero también se
usaba el pelo de las distintas partes del cuerpo, sobre todo de las
vergonzosas”, las uñas e incluso orines. La sangre, las uñas y
los orines se mezclaban con la comida que se ofrecía al hombre que
están intentando hechizar.
En
el ámbito de los ingredientes repulsivos podemos contar el empleo de
los sapos. Este animal siempre se relacionó con la pasión amorosa
(y la brujería) y era el más utilizado para elaborar pociones.
Tampoco
faltaban en estos laboratorios improvisados materiales macabros como
la soga del ahorcado, sus dientes o sus cabellos.

Este es un texto extraído de la obra de Javier Gallego, Alcaraván, y Belén Garzás Daimiel, pueblo de brujas.

Los que me conocen saben cuánto me interesa el fenómeno histórico de la brujería, sobre el que he investigado bastante. Anoche emitieron en Cuarto Milenio un reportaje sobre las endemoniadas de Huesca, un caso de brujas y hechiceros acaecido en Tramacastilla en el primer tercio del siglo XVI, en el que el los envenenamientos con hierbas mágicas estuvo a la orden del día. La narración del caso es muy interesante, pero también lo es el análisis posterior que hace el escritor Jesús Callejo de algunas de las plantas más utilizadas por las brujas de la Edad Moderna. Por cierto, me llevé una sorpresa cuando Iker Jiménez mencionó el Museo Comarcal de Daimiel como lugar donde se ha recuperado esta auténtica cultura popular que fue la hechicería y la brujería.

Dejo aquí abajo un par de vídeos del reportaje. Más datos, en la web de Cuarto Milenio.

Me he quedado con el gusanillo… creo que en breve voy a preparar yo mi propio artículo sobre las plantras de las brujas. Sé que tenía bastante material por ahí.

Se está emitiendo en El canal de Historia un documental titulado La princesa Vampiro. Para aquellos que no tengan las posibilidad de verlo en la tele, pueden hacerlo a través de Documaníatv o Documentales online

Sinopsis

Tras los muros del enorme y lúgubre castillo de Český Krumlov viví­a una bella princesa, que tení­a alergia a la luz y sólo podí­a salir de su habitación en secreto por la noche. Como en aquella época en el centro de Europa habí­a un temor enorme a los vampiros, los habitantes del pequeño pueblo se aterrorizaron y cometieron un crimen horrible.
Doscientos cincuenta años más tarde, un equipo de arqueólogos encontró el esqueleto de una mujer enterrada en Český Krumlov según los rituales de los vampiros: la cabeza habí­a sido separada del cuerpo y yací­a entre los huesos de las piernas, el tórax aparecí­a atravesado con un instrumento de madera. En este documental se sigue el rastro de los orí­genes de todos los mitos sobre vampiros al tiempo que se desvela un espantoso asesinato.

la vampira de venecia

Si alguien nos habla de la existencia de una vampiresa veneciana en la época del Renacimiento, es posible que nos imaginemos una dama parecida a las que plasma Victoria Francés en Favole. Lejos de tal romanticismo, la realidad puede resultar mucho más cruda, aunque no menos terrorífica.

A principios del año 2009, un grupo de investigadores italianos sostenía haber encontrado en Venecia los restos de una “vampira”. El descubrimiento se remontaba al año 2006, cuando el equipo del antropólogo forense Matteo Borrini, de la Universidad de Florencia, excavaba una fosa común en la isla de Lazzartto Nuovo. Se trataba de los huesos de una mujer que falleció víctima de una terrible epidemia de peste en el año 1576, y que fue enterrada con una lasca de piedra introducida en la boca: su cadáver fue profanado ante el temor de que regresara de la muerte. Las plagas que diezmaron Europa a finales de la Edad Media y durante toda la Edad Moderna alimentaron la creencia en vampiros, a quienes se consideraban responsables de la transmisión y expansión de enfermedades como la peste (recordemos las ratas y la mortífera epidemia que acompaña al vampiro en la película Nosferatu). Una variedad de éstos vampiros eran los denominados “devoradores de sudarios”, que aparecen en el folclore de diversas zonas de Europa. Se creía que estos cadáveres reanimados comenzaban a alimentarse de sus propias mortajas, luego chupaban la sangre de los demás muertos hasta recuperar las fuerzas suficientes como para salir de la tumba y atacar a los vivos.

Los sepultureros podían observar algunos síntomas que les hicieran sospechar la presencia de uno de estos vampiros: que el cuerpo permaneciera incorrupto, presentara el vientre hinchado y que la mortaja estuviera agujereada en torno a la boca. Hoy en día estos fenómenos tienen su explicación. Durante la peste era normal que los enterradores abrieran las fosas con frecuencia, por lo que no era raro encontrar un cuerpo en relativo buen estado. El vientre hinchado es resultado del proceso de descomposición y el agujero de la mortaja se explica por el efecto corrosivo de bacterias y los gases y líquidos expelidos por la boca del difunto durante la putrefacción.

Para matar un vampiro, lo único que había que hacer era retirarle la mortaja de la boca, que era su sustento, y colocarle algo que no pudiera comer, como piedras o ladrillos.

Fuentes: Cuarto milenio, ideal.es y diario El país.

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Estaba viendo hoy el Canal de Historia cuando me he topado con el primer episodio de una serie de documentales sobre los vampiros y el vampirismo. Secretos de los vampiros es su nombre, y este primer documental tenía buena pinta. Tratan la figura del vampiro como mito universal a lo largo de la historia, desde la antigua China hasta la actual Rumanía, indagando sobre las figuras que dieron origen al mito moderno y tratando de de dar respuestas científicas a distintos puntos oscuros.
Aquí dejo el enlace: http://www.canaldehistoria.es/es/012ficha_programa.php?housenum

Erzsébet Báthory, la condesa sanguinaria, quien seguramente influyó de manera decisiva en la configuración del personaje de Drácula

“Los vampiros, ¿se trata de verdad o de mito? Desde que Bram Stoker publicó por primera vez su novela “Drácula” en 1897, el vampiro más famoso del mundo ha hecho su aparición en 44 idiomas. Cuando se pronuncia la palabra “vampiro”, casi todo el mundo piensa inmediatamente en el mítico Conde Drácula. Sin embargo, nuestros expertos nos recuerdan que el mito del vampiro es mucho más antiguo y que se extendió desde Atenas hasta Beijing casi mil años antes de la leyenda de Transilvania que la mayoría de nosotros conocemos. Este documental especial examinará la historia de la leyenda del vampiro alrededor del mundo y en diferentes culturas.”

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«Dios ha cerrado sus oídos a cuantas plegarias se le dirigen en su presencia. En el invierno, los lobos se reúnen en manadas junto al enebro que la protege para lanzarse sobre las reses; los bandidos esperan a su sombra a los caminantes, que entierran a su pie después que los asesinan, y cuando la tempestad se desata, los rayos tuercen su camino para liarse, silbando, al asta de esa cruz y romper los sillares de su pedestal».

Gustavo A. Bécquer: La cruz del diablo