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José Luis Sampedro

Desde aquí quiero hacer también mi pequeño homenaje a José Luis Sampedro, ese hombre bueno, en el buen sentido de la palabra, que nos ha dejado a principios de esta semana. De espíritu siempre joven e independiente, coherente hasta el final con sus ideas, en los últimos tiempos había destacado su faceta más crítica y humanista, la del economista que atacaba los excesos del capitalismo salvaje y propugnaba una sociedad más humana y solidaria como alternativa al neoliberalismo bestial que domina el mundo. Había prologado la edición española de ¡Indignaos!, el panfleto del también nonagenario Stéphane Hessel, y se había convertido en un referente para movimiento sociales y ciudadanos como ¡Democracia Real Ya! o el 15M, en cuyas asambleas de barrio participaba a veces como uno más.

Pero Sampedro fue también un gran escritor, como demuestran El río que nos lleva, La sonrisa etrusca o El amante lesbiano. Había recibido la Orden de las Artes y las Letras en 2010 y el Premio Nacional de las Letras en 2011, y pertenecía a la Real Academia desde 1991, donde ocupaba el sillón F. Por eso quiero reproducir aquí un pequeño artículo que José Luis escribió para Babelia en 2001, en el que el autor cuenta cómo nació su vocación literaria.

Cómo me hice escritor

Yo nací en Barcelona pero, con poco más de un año, mi familia se trasladó a Tánger, ciudad que en los años veinte era realmente cosmopolita, con una convivencia de culturas y religiones y una libertad de vivir que se perdió tras la guerra mundial. En mi colegio y en la calle yo convivía con amigos musulmanes e israelíes y conocía costumbres y creencias muy diferentes de las mías. De pronto, con ocho años, mis padres juzgaron conveniente enviarme a vivir a casa de un tío mío, médico en un pueblecito soriano, en tierras altas y frías.
Caí así en un mundo radicalmente opuesto al de mis primeros años. En 1925 se vivía allí casi como en la Edad Media en una casa con enorme cocina de chimenea y hogar de leña, cuadra y corral y tierras de labor. Yo vivía entre personas mayores, cariñosas pero de un mundo tradicional y estricto. Las mujeres rezaban el rosario y encendían velas especialmente benditas el día de santa Bárbara para cuando estallaban tormentas. No encontraba amigos con quien jugar; ni siquiera comprendía yo la mitad de su vocabulario rural. Me sentía profundamente solo; casi abandonado aun comprendiendo los motivos que habían inspirado la decisión de mis padres. Lo que me salvó fue el armario de un cuarto trastero donde, amontonados, encontré viejos libros y, sobre todo, muchas novelas publicadas en folletón por un periódico de principios de siglo: creo recordar que formaban una colección bajo el título La Novela de Ahora. Me sumergí prácticamente en aquellas inacabables páginas y dejé de estar solo. Los tres mosqueteros, Veinte años después y El vizconde de Bragelonne fueron seguidos por varias novelas de Paul Feval, sobre todo de la serie sobre Rocambole y El juramento de Lagardére. Recuerdo también obras de Dickens, de Wilkie Collins y otros autores, ¡hasta Los miserables, de Victor Hugo, fueron pasto de mi avidez! Supongo que muchas veces me enteraba solo a medias y que no distinguía de calidades, pero aquellas páginas me protegieron, me salvaron: fueron el castillo donde, con tan varia profusión de personajes, me encontré en rica y fascinante compañía. En suma, durante el año largo que permanecí en aquel pueblo nació en mí el lector empedernido, el comienzo de la pasión por la literatura.

El paso decisivo hacia la escritura lo di cinco años después cuando, desde Tánger -adonde yo había regresado- mi familia vivió otro traslado, esa vez a Aranjuez, el espléndido Real Sitio de los monarcas borbónicos en la ribera del Tajo. Otro gran cambio de ambiente, desde la cosmopolita Tánger hasta una villa de urbanización dieciochesca y, sobre todo, el mundo de los palacios y los jardines, de los dioses y diosas mitológicos perpetuados en mármol entre las frondas y presidiendo las fuentes. Y yo con amigos en pandilla, empezando a fijarme en las chicas y para más suerte, haciendo a Madrid, debido a los estudios, unos viajes semanales que ampliaban mis horizontes, en el estimulante ambiente cultural de los años de la República. En Madrid debatía con mis condiscípulos, exploraba los libros de lance en la Cuesta de Moyano, acudía a actos culturales y empezaba a apreciar calidades. En la capital, por decirlo así, me acribillaban estímulos que luego, paseando por los jardines del Real Sitio, se asentaban y transformaban en mi mente. Al fin un día me ilusionó la posibilidad de crear un cuento y así fue cómo, si en la alta meseta soriana nació el lector, en Aranjuez nació definitivamente el escritor.

Pasados un par de años, quemados en la absorbente tarea utilitaria de ganar unas oposiciones y ocupar una situación estable propia, ya empecé a abrir en Santander una carpetilla con mis primeros intentos literarios. En la portada escribí “palotes” porque aquellas cuartillas equivalían para mí a los primeros trazos de pluma de los escolares, en los tiempos en que se aprendía la caligrafía.

El terremoto de la sublevación militar y la guerra sacudió mi vida, como la de todos los españoles, me añadió penalidades y experiencias nunca sospechadas, forzó mi crecimiento y muy poco después, por la temprana muerte de mi padre, me convirtió en cabeza de familia, afrontando aquella vida de penuria y represiones que fue nuestra posguerra. Pero escribir era ya para mí un imperativo ineludible y en 1940 terminé mi primera novela: La estatua de Adolfo Espejo. Cinco años después le siguió otra, La sombra de los días, pero ninguna de las dos fue publicada en su tiempo, ya que el contrato que llegué a tener a favor de la segunda no se llevó a efecto y, para entonces, ya trabajaba yo en otro proyecto que me parecía de alguna mejor calidad. Lo ultimé en 1952 y se publicó inmediatamente, por la estimulante acogida del famoso editor don Manuel Aguilar. Así nació mi Congreso en Estocolmo y, con esa obra, el ininterrumpido esfuerzo de invención que me ha traído hasta hoy y que ya se sale del tema de mis comienzos.

Fuente: http://cultura.elpais.com/cultura/2011/11/29/actualidad/1322521216_850215.html

Fotografía tomada de la Wikipedia.

DAIMIEL NOTICIAS

Con el aula del Centro del Agua abarrotada en las dos ponencias del
sábado, y sin plazas desde hace días para asistir a la visita
teatralizada a las Tablas, ni a la cena tematizada en el restaurante Las
Brujas, esta novedosa iniciativa “no podía empezar mejor”. Así lo
aseguraba Jesús Pozuelo, presidente de la asociación turística Tablas de
Daimiel, que organizaba el evento.

Sobre la cita estrella, la visita teatralizada nocturna al Parque
Nacional a cargo de producciones 0’99, Pozuelo aseguraba que se
desarrolló “con toda normalidad y con un respeto absoluto a la
naturaleza”. Además, avanzaba que ante las peticiones que rebasaron el
cupo marcado de 80 plazas, desde la organización se plantean lanzarla de
nuevo en un futuro.

En cuanto al perfil de los participantes en
las actividades, el presidente de la asociación informaba que
“alrededor de un 70%” eran de fuera de la localidad, y que durante esta
semana se les remitirá unos formularios vía mail, donde podrán plasmar
sus impresiones. En cualquier caso, según comentaba Pozuelo la mayoría
ya le expresó personalmente su satisfacción durante la visita guiada del
domingo a Las Tablas”.

Valoración positiva que también
compartía el público de las ponencias del sábado por la mañana, una
sobre el uso medicinal de la vegetación de la ribera del Guadiana a
cargo del etnobotánico Alonso Verde y otra, la que más expectación creó,
sobre la tradición de las brujas en Daimiel, a cargo del periodista e
investigador Javier Pérez Campos, redactor de los programas Milenio 3 y
de Cuarto Milenio.

A todas estas actividades hay que unir la
degustación durante el fin de semana de las tapas especiales elaboradas
por la Pinchoteca Cano’s, el bar Lepanto, la pizzería Don Castello, y
los restaurantes Casa Julián y Las Brujas, cuya demanda durante el
sábado, hizo complicado probarlos el domingo.

Un fin de semana
cargado de turismo y gastronomía al que no faltaba el alcalde Leopoldo
Sierra, quién, al término de la charla sobre las brujas en Daimiel,
expresaba su apoyo a la iniciativa incidiendo en el trabajo de la
organización y en la repercusión positiva en que proporciona al sector
turístico y hostelero de la localidad. “Es muy importante que vean Las
Tablas, el municipio y que, además, coman y pernocten aquí, entre todos
tenemos que conseguir que el turismo sea un motor económico”, concluía. 

Y seguimos con más brujas.

Ya se ha presentado oficialmente el I Fin de semana “Daimiel, pueblo de brujas”, que organiza la Asociación Turística Tablas de Daimiel (en el que he participado como asesor). Va a haber conferencias, una visita teatralizada a las Tablas al anochecer (en medio de una de las islas pantanosas), cena tematizada, queimada… Solo ha faltado que el Ayuntamiento reeditara el libro homónimo; otra vez será.

Mejor os dejo el programa. Va a ser algo muy interesante, y espero que sea una experiencia que se repita los próximos años.

 

Por fin vuelvo a tener una bolsa bandolera, cortesía de los Reyes Magos: una chulísima de cuero para llevar mis libros, mis cuadernos, las revistas de historia, los libros de rol -y ahora también mi netbook-. La anterior había pasado a mejor vida hace mucho tiempo, y, si digo la verdad, siempre notaba que me faltaba algo; cuando iba de un lado a otro no me sentía completo.

Se han portado Sus Majestades, porque, al lado de la bolsa, me han dejado dos joyitas para añadir a mi biblioteca: una edición de tamaño álbum de El último héroe, de Terry Pratchett, ilustrada por Paul Kibdy (me encanta este ilustrador, es buenísimo, una vez me hice un disfraz de Rincewind basado en sus diseños del personaje), y el volumen La guarida del horror, en el que el dibujante Richard Corben lleva al cómic algunos relatos breves del maestro Lovecraft, y que incluye los cuentos originales.

Hoy me voy a permitir un poco de autopropaganda, que todavía no he presentado oficialmente Senderos Ocultos, una tienda online de camisetas que he abierto hace poco (en realidad, los que pasen habitualmente por este lugar ya se habrán dado cuenta del banner que nos acompaña desde hace un mes).

Aunque ya tenía un perfil en Redbubble, una comunidad virtual de artistas, quería crear una tienda específica de camisetas. Me he decantado por abrirla en Spreadshirt, una empresa alemana de impresión y estampación de camisetas bajo demanda que pone herramientas a disposición de los usuarios para que cualquiera pueda crear y gestionar su propia tienda. Tú únicamente te dedicas a subir diseños y ellos se ocupan de todo lo demás.

El tema general de la tienda es la fantasía, lo fantástico, y he querido abordarlo (al menos por el momento) a través de tres ámbitos: seres y personajes de fantasía épica y cuentos de hadas; el mundo romántico, oscuro y gótico; y el retrofuturismo steampunk. También he introducido una sección de camisetas para niños basada, en principio, en una colección de monstruitos bastante divertida.

Camisetas oscuras, románticas y góticas
Camisetas de fantasía
Camisetas steampunk

Camisetas para niños

Como provengo de una especie de clan familiar de artistas, los autores de casi todas las ilustraciones son mi padre, mi hermano, mi hermana y yo mismo. Como veis, todo queda en familia. Por el momento ya hay una buena base de ilustraciones y diseños con los que comenzar; espero poder ir ampliándola poco a poco con el tiempo. Ahora mismo tengo varios diseños de temática steampunk a medio hacer, y mi padre también me ha entregado varias ilustraciones que podrían adecuarse fácilmente.

Retrato de Pyotr Sokolov , pintor del Romanticismo ruso

Retrato de Pyotr Sokolov

El otoño, una época ideal para acercarse por el Museo del Romanticismo de Madrid y empaparse con el arte de Kiprenski, Alexandr Briullov o Piotr Sokolov. Óleos, acuarelas, dibujos y estampas se mezclan en esta exposición de maestros del Romanticismo ruso, enmarcada dentro del Año de Rusia en España.

Nota en El País
Enlace a la página del museo

Los Reyes Magos se han portado muy bien este año. Entre los distintos regalos que he recibido, se cuenta la “Biblia” de Predicador, la edición encuadernada de la mítica serie de culto de los noventa de Garth Ennis y Steve Dillon. Esta serie es de lo mejorcito que he podido leer en cómic; en su momento, cuando apareció por primera vez en España, no tuve la oportunidad de seguir la colección, aunque sí que pude leer algunos tomos -era un fastidio para un coleccionista de cómics vivir en un pueblo de provincias por aquellas fechas anteriores a internet-; más adelante, hace unos años, Planeta me fastidió al dejar de publicar la nueva edición cuando ya iba por la mitad. Así que ahora, por fin, puedo tener toda la serie en mis manos. Y la verdad es que es una pasada: está encuadernada en cartoné, con repujados y letras dorada, y una cinta de lectura. Simula a las mil maravillas una Biblia. Quien haya leído la serie sabrá el porqué de esto. Y al que no, desde aquí se la recomiendo mucho. Dejo unas fotitos.

Ya está confirmado en la página web de Planeta. Cierra la serie mensual de Sandman. Esta había sido una buena oportunidad de comenzar a seguir las aventuras de Morfeo para todos aquellos que no lo pudieron hacer en su momento, allá por los noventa, o de descubrir a Neil Gaiman, uno de los mejores guionistas de comics de las últimas décadas. El formato y el precio de la edición eran bastante decentes. Sin embargo, esta reedición se va a quedar a medias. A aquellos que seguían la colección de momento sólo les queda intentar conseguir los antiguos tomos de Norma, a unos precios abusivos. Planeta ya anuncia que para el salón del comic de Barcelona esperan sorpresas sobre el personaje. Supongo que se referirá a ediciones en tomo distribuidas en librerías especializadas. Pero ya veremos.

Linternas de Halloween

Fotografía de Daniel Schweinert

Leo en una noticia que varios grupos católicos han organizado en Italia una “Noche de los Santos y los Misterios”. Su intención es competir con Halloween, y pretenden hacerlo mediante la organización de cantos y espectáculos callejeros. Quieren evitar que los niños y jóvenes salgan disfrazados de monstruos, brujas y fantasmas y que tan sólo invoquen al “único espíritu que no da miedo”, en referencia a Jesús.

Más que el hecho de que una fiesta de origen pagano esté teniendo tanto éxito a nivel mundial, lo que la Iglesia no soporta es que le haga competencia directa a una de sus festividades propia, la de Todos los Santos. De ahí ese empeño en sepultar una fiesta ancestral muy anterior al cristianismo.

Yo creo que ya no puede considerarse Halloween como una fiesta pagana, se ha convertido en una festividad comercial más. La fuerza expansiva de la cultura de Estados Unidos ha hecho que esta noche se haya popularizado en todo el mundo. Tal y como la conocemos hoy en día está muy lejos de la celebración que le dio origen, la fiesta celta del Samhain.

El Samhain era una festividad pagana del sol que marcaba el fin del verano y de las cosechas y la llegada de los días de frío y de oscuridad. Para los antiguos en aquella noche el dios de la muerte permitía a los muertos volver a la tierra, creando un ambiente de muerte y terror. La separación entre los vivos y los muertos se disolvía y se hacía posible la comunicación entre unos y otros. Alguna reminiscencia puede quedar todavía hoy de estas creencias en la tradición de disfrazarse de seres de la oscuridad.

Por mucho que la Iglesia trató de luchar contra esta festividad, no logró erradicarla. La creación de la fiesta de Todos los Santos entra dentro de los métodos que empleó la Iglesia a la hora de luchar contra el paganismo. Se trataba de suplantar los ídolos y festivales paganos por imágenes y festividades cristianas. Y eso es precisamente lo que me parece que pretenden con la iniciativa de este año. Intentar algo así a estas alturas me parece realmente patético.

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«Dios ha cerrado sus oídos a cuantas plegarias se le dirigen en su presencia. En el invierno, los lobos se reúnen en manadas junto al enebro que la protege para lanzarse sobre las reses; los bandidos esperan a su sombra a los caminantes, que entierran a su pie después que los asesinan, y cuando la tempestad se desata, los rayos tuercen su camino para liarse, silbando, al asta de esa cruz y romper los sillares de su pedestal».

Gustavo A. Bécquer: La cruz del diablo

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