Hoy, noche mágica y de brujas, vuelvo a dejar otro sortilegio extraído de los legajos de la Inquisición, esta vez del proceso de Antonia Mejía de Acosta, celebérrima hechicera de Madrid, quizá de las mejores que jamás hubo en la Villa, y que fue procesada en 1630 por el Tribunal de Toledo. Se trata de un hechizo de tipo amatorio; asomándose a la ventana, se dice:

Furias infernales,
a vosotras vengo,
a vosotras llamo,
a vosotras invoco
y provoco.

Por aquellos ardores y temblores que tuvisteis
cuando vuestro Criador bajó
por las almas de los santos padres
y al cielo las llevó,
para que os aherrojasen y atormentasen
con el fuego del Volcán:
ansí en el corazón de
fulano os pongáis,
y a mi voluntad le traigáis.

Diablo garroso,
diablo chirigoso,
trahézmele a mi mandar,
que me venga a buscar,
y a rogar
y hacer cuanto quisiere.

                          AHN Inq. T. Leg. 91 nº 176

Una respuesta a Conjuro de las furias y diablos

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«Dios ha cerrado sus oídos a cuantas plegarias se le dirigen en su presencia. En el invierno, los lobos se reúnen en manadas junto al enebro que la protege para lanzarse sobre las reses; los bandidos esperan a su sombra a los caminantes, que entierran a su pie después que los asesinan, y cuando la tempestad se desata, los rayos tuercen su camino para liarse, silbando, al asta de esa cruz y romper los sillares de su pedestal».

Gustavo A. Bécquer: La cruz del diablo

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