El fúnebre cortejo que acompañaba a la reina viuda en las frías noches de la estepa castellana. Nunca llegaría a su destino. A ella la encerrarían por loca en Tordesillas hasta su muerte, casi cincuenta años después; Felipe I tendría que esperar todavía muchos años para ser enterrado en la catedral de Granada, como deseaba.

2 respuestas a Doña Juana la Loca, de Francisco Pradilla y Ortiz

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«Dios ha cerrado sus oídos a cuantas plegarias se le dirigen en su presencia. En el invierno, los lobos se reúnen en manadas junto al enebro que la protege para lanzarse sobre las reses; los bandidos esperan a su sombra a los caminantes, que entierran a su pie después que los asesinan, y cuando la tempestad se desata, los rayos tuercen su camino para liarse, silbando, al asta de esa cruz y romper los sillares de su pedestal».

Gustavo A. Bécquer: La cruz del diablo