Como cada año, con la llegada de estas fechas me sumerjo un poco más en los entresijos de la fiesta mexicana del Día de Muertos. Ya he hablado en otras ocasiones del significado general de la fiesta, y de algunos elementos de la misma, como las calaveras de azúcar o las calaveritas rimadas. Ahora le toca el turno a otra de las tradiciones principales de la celebración: la ofrenda o altar de muertos.
altar de muertos

El altar de muertos se coloca para recibir a los que han fallecido, que cada año visitan a sus familiares por estas fechas. Los difuntos llegan a beber, comer, descansar y convivir con sus deudos. El altar se instala para honrarlos, y está lleno de flores, adornos simbólicos, estampas y ofrendas en forma de comida, bebida y diversos objetos que les gustaban a los muertos en vida.

Desde tiempos prehispánicos, la ofrenda a los muertos ha tenido mucha importancia. Entonces se creía que, para llegar a su destino en la tierra de los muertos, las almas debían superar diversos obstáculos a lo largo de un viaje que duraba mucho tiempo. Por eso se enterraba a los muertos con diversos utensilios que les ayudasen a vencer las dificultades. Por otro lado, existía la creencia de que, una vez al año, las almas podían detenerse a descansar en sus moradas terrenas; para ayudarlas a reponer fuerzas , la gente realizaba un festín con la comida y bebida que les gustaba tomar a los difuntos en vida. Este sería el origen de la costumbre de colocar los altares, costumbre que se cristianizó más adelante con la llegada de los españoles: las celebraciones que honraban a los muertos se fusionaron con las fiestas católicas de Todos los Santos y del Día de Difuntos, y los altares se llenaron de crucifijos, y de estampas de los santos y de la Virgen.

El altar de muertos se puede montar en cualquier lugar lugar de la casa, dependiendo del tamaño que va a tener: sobre una repisa, una mesa, o sobre el suelo, si va a ocupar una parte importante de la habitación. Su forma y los elementos que se utilizan en su elaboración varían de una región del país a otra. Pero siempre hay una serie de componentes comunes.

En primer lugar, el altar está dividido en niveles. Debajo de un mantel o petate, que sirve de base, se disponen cajones, ladrillos o cualquier otra cosa que sirva para crear el esqueleto del altar con sus diferentes alturas. Por lo general, los niveles suelen ser tres, y representan el Cielo, el Purgatorio y la Tierra. También hay altares más sencillos, de dos niveles, y más complejos, de siete.

ofrenda y altar de muertos

Arriba se suelen colocar el crucifijo, las imágenes religiosas y los retratos de los difuntos. Estos últimos deben quedar escondidos, de manera que solo pueda verse con un espejo: se da a entender que al ser querido se le puede ver pero ya no existe. También se suele poner en la parte alta un arco adornado que simboliza la entrada al mundo de los muertos. Enfrente del altar se coloca un camino de pétalos amarillos de la flor de cempazúchitl, la flor de muerto, que con su llamativo color y su penetrante olor sirve para guiar a los espíritus.

En la parte baja se disponen artísticamente los demás elementos. Todos tienen una fuerte carga simbólica:

  • El mantel o petate. Simboliza el lecho o cama, y sirve para que las ánimas descansen.
  • Vasos con agua. Se ofrecen a las ánimas para que mitiguen su sed después de su largo recorrido y para que fortalezcan su regreso. El agua refleja la pureza de las almas. A veces también se deja una jarra o una jícara.
  • Sal. Es un elemento purificador. También se coloca por aquellos niños que murieron sin ser bautizados.
  • Copal e incienso. El copal es un elemento prehispánico que limpia y purifica las energías de un lugar y de las personas que lo utilizan Se coloca en un brasero y purifica el ambiente para los espíritus esperados. Lo utilizaban los indígenas porque el incienso no se conoció hasta la llegada de los españoles. El incienso también sirve para purificar y santificar el ambiente. Se pone en el último nivel del altar para guiar al difunto en su regreso a la tierra.
  • Velas, veladoras y cirios. Siempre en número par. Suelen ser de color morado, símbolo de duelo, y de color blanco, símbolo de pureza. Sirven a los espíritus como luz guía hasta este mundo. Cuatro cirios se ponen en cruz, en alusión a los punto cardinales, de manera que el ánima pueda orientarse hasta encontrar su camino y su casa. Las veladoras se colocan a modo de sendero. En algunas comunidades cada vela representa a un difunto.
  • Las flores. Son símbolo de la festividad por sus colores y estelas aromáticas. Adornan y aromatizan el lugar durante la estancia del ánima, que al marchar se irá contenta.
  • Pan de muerto. Especialmente elaborado para estas fechas. Generalmente tiene forma redonda, aunque en algunos lugares lo hacen con forma antropomórfica. Puede estar adornado con pequeñas tiras, que simbolizarían los huesos del difunto, y con azúcar roja, como símbolo de la sangre.
  • Golletes y cañas. Los golletes son panes en forma de rueda, y se colocan en las ofrendas sostenidos por trozos de caña. Los panes simbolizan los cráneos de los enemigos vencidos y las cañas las varas donde se ensartaban.
  • Papel picado. Como las flores, son símbolo de la festividad y cubren y decoran el altar. Son una especie de mantelitos que presentan imágenes de la muerte en un sin fin de formas y figuras. Generalmente se usa el color naranja, que representa el luto prehispánico, y el morado, que es el color de penitencia y duelo de la Iglesia Católica.
  • Figuras de la muerte. Representada por graciosos esqueletos en papel, piñatas, títeres y otros juguetes de madera, nos recuerdan que la muerte es parte del ciclo de la vida. Los mexicanos se pueden reír y jugar con ella.
  • Representación de un xolozcuintle. El xolozcuintle es una raza canina autóctona de México. Es el que ayuda a las almas a cruzar el caudaloso río Chiconauhuapan, que es el último paso para llegar al Mictlán, la tierra de los muertos.
  • Calaveritas de dulce. Elaboradas con azúcar, agua hervida y limón. Las hay también de chocolate. Se decoran con filigranas de azúcar coloreada, papel de plata, flores… En la frente llevan el nombre de la persona viva o muerta a quien se van a ofrecer, y es una forma de representarlos. Comerse la calavera es una manera dulce de enfrentarse a la propia muerte, se trata de una especie de broma, de aceptar la muerte con naturalidad.
  • Comida. Se prepara para agasajar a los muertos y ayudarles a recuperar fuerzas para el momento de continuar su viaje. Se elaboran platillos que eran del agrado de los fallecidos. Se preparan, desde días antes, guisos tradicionales como tamales, mole con pollo o guajolote, arroz, calabaza en tacha, etc. Como es natural, los platos varían según la región. Lo que es importante es que alguno de ellos contenga el color rojo, como símbolo del dolor que se tiene, y el color verde como símbolo del consuelo y la esperanza. 
  • Licor. Tequila, aguardiente, rompope… Aquel que más gustaba al difunto, para que recuerde los grandes acontecimientos agradables de su vida y se decida a visitarnos.
  • Chocolate, atole… También bebidas del agrado del difunto. La tradición prehispánica dice que los invitados tomaban chocolate preparado con el agua que usaba el difunto para bañarse, de manera que los visitantes se impregnaban de la esencia del difunto
  • Objetos personales. Son artículos pertenecientes en vida a los difuntos, sus favoritos, aquellas cosas que más le gustaban o estaban relacionadas con sus aficiones. Se colocan en el altar para que el espíritu pueda recordar momentos de su vida. En el caso de que el difunto sea el espíritu de un niño se suelen colocarse juguetes en el altar y una figura de un perro o xolozcuintle.

Según la creencia del pueblo, el día 1 de noviembre se dedica a los muertos chiquitos, es decir, a aquellos que murieron siendo niños, y el día 2 es el dedicado a los fallecidos en edad adulta. Esto es importante porque a cada uno se le ofrendan cosas diferentes. A los niños o angelitos se les pone dulces, chocolate, alimentos sin condimentar y también juguetes para que puedan divertirse. Todo está realizado a una escala reducida. A los difuntos adultos se les pone comida más elaborada, bebidas alcohólicas y tabaco, y los objetos o útiles que más les gustaban.

El día 2, los familiares, generalmente después de visitar el cementerio, se reúnen y realizan la levantada de la ofrenda, el festín en el que comparten con los muertos los alimentos del altar. Una persona de la casa enciende las velas, susurrando los nombres de los difuntos, y se reza pidiendo el favor de Dios para que lleguen con bien. Luego, los familiares se sientan a la mesa y comparten la comida, charlan, escuchan música, recuérdan anécdotas… Es un reencuentro feliz, aunque breve. Al terminar, se apagan las veladoras y se despide a los espíritus, deseándoles buen viaje de regreso al más allá y pidiéndoles que retornen el próximo año.

Fuentes:
Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas
Foro Mexicanos en España
Wikipedia

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