Fotografía tomada del blog Tablas de daimiel

Este sábado, en el marco del segundo fin de semana «Daimiel, pueblo de brujas», tuve la oportunidad de conocer a uno de los mayores especialistas de la España mágica, Jesús Callejo. Investigador y escritor, colaborador habitual del programa de radio La rosa de los vientos y director, ahora, de La escóbula de la brújula, Jesús fue invitado por los organizadores del evento para dar una conferencia en el Museo Comarcal de Daimiel.

Su ponencia, «El caldero de las brujas», se centró en los componentes e ingredientes que echaban las brujas y las hechiceras en sus calderos para elaborar sus pócimas, filtros o ungüentos. El investigador comenzó diferenciando entre calderos gastronómicos y mágicos, y demostró sus amplios conocimientos etnobotánicos. Asombra la cantidad de anécdotas y datos que tiene en la cabeza, y su capacidad para contar la historia de una manera amena y entretenida. La escusa de los calderos le sirvió para explicar la diferencia entre brujería y hechicería, tocar levemente el tema de la brujomanía europea durante la Edad Moderna, o contarnos el origen de la «leyenda negra» española, entre otras cosas.

Para mí, lo mejor vino al final, después de la conferencia, cuando nos presentaron. Además de llevarme firmado a casa mi ejemplar de Duendes, tuve la oportunidad de ir de cañas con él y charlar tranquilamente un rato sobre brujería manchega.

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«Dios ha cerrado sus oídos a cuantas plegarias se le dirigen en su presencia. En el invierno, los lobos se reúnen en manadas junto al enebro que la protege para lanzarse sobre las reses; los bandidos esperan a su sombra a los caminantes, que entierran a su pie después que los asesinan, y cuando la tempestad se desata, los rayos tuercen su camino para liarse, silbando, al asta de esa cruz y romper los sillares de su pedestal».

Gustavo A. Bécquer: La cruz del diablo

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