Luperca, la loba capitolina

Este domingo me he puesto a diseñar un poco con el Corel, para no quedarme oxidado, y me ha dado por vectorizar la imagen de la famosa loba capitolina, la escultura romana. Según la mitología, la loba se llamaba Luperca. Cuando Amulio, usurpador del trono de Alba Longa, trató de deshacerse de todos los herederos legítimos, su sobrina, Rea Silvia, que había tenido a Rómulo y Remo de Marte, el dios de la guerra, los metió en una cesta y los lanzó al Tíber. El destino quiso que la cesta quedase varada en la ribera, cerca del monte Palatino. Allí encontró la loba a los gemelos, a los que los amamantó y crió hasta que el pastor Fáustulo dio con ellos.

Aunque se pensó, durante mucho tiempo, que se trataba de una escultura etrusca, según las últimas investigaciones se trataría de una copia realizada durante la Edad Media, hacia el siglo XI. Los niños que aparecen debajo son un añadido del Renacimiento.

Ahora tengo que pensar qué hacer con ella. Lo más seguro es que lo adapte para camisetas, con algún motivo interesante.

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«Dios ha cerrado sus oídos a cuantas plegarias se le dirigen en su presencia. En el invierno, los lobos se reúnen en manadas junto al enebro que la protege para lanzarse sobre las reses; los bandidos esperan a su sombra a los caminantes, que entierran a su pie después que los asesinan, y cuando la tempestad se desata, los rayos tuercen su camino para liarse, silbando, al asta de esa cruz y romper los sillares de su pedestal».

Gustavo A. Bécquer: La cruz del diablo

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