Hoy me desperté con una reflexión. Es más normal que me levante con un sueño a medio masticar, atontado. O que mi pensamiento no se active hasta sentir el tazón tibio en mis manos. Pero hoy abrí los ojos y una idea golpeaba por dentro las paredes de mi cráneo, resonando, murmurando, gritando al final: ¡Aún me queda medio año!
La luz de esta idea me deslumbró mucho más que la que ya se colaba abundantemente por la ventana. Era una revelación; y para mí podía ser la Revelación. Porque me devolvía a los raíles después de descarrilar. Me queda medio año, me queda medio año, medio año… Medio año es un semestre estudiando, una temporada de televisión, un trabajo temporal, pero también puede ser una lucha a contra reloj contra la muerte, o un consumirse descuidado y fatigado. Para algunos es muy poco, para otros es un mundo. Y yo tengo medio año para reivindicarme y llenar ese mundo.
Javier Gallego “Alcaraván”

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«Dios ha cerrado sus oídos a cuantas plegarias se le dirigen en su presencia. En el invierno, los lobos se reúnen en manadas junto al enebro que la protege para lanzarse sobre las reses; los bandidos esperan a su sombra a los caminantes, que entierran a su pie después que los asesinan, y cuando la tempestad se desata, los rayos tuercen su camino para liarse, silbando, al asta de esa cruz y romper los sillares de su pedestal».

Gustavo A. Bécquer: La cruz del diablo

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