El calor todavía me atenaza por las noches y resbala por mi frente y mejillas en delgadas gotas. Toda mi ropa está húmeda por el sudor y las ideas no brotan. Cuesta horrores concentrarse. Pero yo sigo bregando, luchando a brazo partido contra ese duende blanco del bloqueo, ese trasgo de la Nada que se introduce en nuestras cabezas, extendiendo un lienzo que nos impide ver en el interior. Lo apuñalo sin cesar, aunque reconozco que falta fuerza a mis estocadas. A veces noto como se rasga esa tela y veo brillar las codiciadas ideas allí dentro. Tan sólo falta estirar un poco más los dedos para agarrar alguna. Pero mis dedos todavía están algo agarrotados; y hace demasiado calor.

2 respuestas a Mundo interior VII

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«Dios ha cerrado sus oídos a cuantas plegarias se le dirigen en su presencia. En el invierno, los lobos se reúnen en manadas junto al enebro que la protege para lanzarse sobre las reses; los bandidos esperan a su sombra a los caminantes, que entierran a su pie después que los asesinan, y cuando la tempestad se desata, los rayos tuercen su camino para liarse, silbando, al asta de esa cruz y romper los sillares de su pedestal».

Gustavo A. Bécquer: La cruz del diablo

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