Las tentaciones de san Antonio

Las tentaciones de san Antonio, cuadro de Dalí

Las tentaciones de san Antonio es un óleo pintado por Salvador Dalí en 1946, expuesto en el Musée Royaux des Beaux-Arts de Bruselas. Se trata del único cuadro que pintó para presentarlo en un concurso. Con él se inicia la transición hacia la época misticista del autor, en la que comienza a abordar temas religiosos. Dalí hace casi una década que ha abandonado el surrealismo más auténtico y ortodoxo (en realidad ha sido expulsado del movimiento por Breton), pero conserva aún sus características externas y formales. Todavía encontramos ese mundo onírico, distorsionado, de figuras deformadas. Pero no se trata ya de pulsiones del inconsciente; lo que prima ahora es el simbolismo de los elementos, los mensajes encriptados.

La escena representa a san Antonio enfrentado a las distintas tentaciones que asedian al ser humano. Las tentaciones enfilan hacia el santo a lomos de unos animales aberrantes, un caballo y unos elefantes de patas imposibles, largas y finas, como de insecto. La ambición de gloria y triunfo (el caballo), el sexo, el oro, el poder (los elefantes); san Antonio afronta las tentaciones desnudo, desarrapado, con la única protección de una cruz. No es la primera ni la última vez que Dalí utiliza en sus cuadros esos elefantes con patas de antena, basados en la escultura del obelisco y el elefante de Bernini. Contrasta la calma del fondo, de las figuras que vagan por ese desierto infinito, con la violencia del primer plano, en el que la expresión del caballo encabritado sobre el santo provoca en el espectador una honda inquietud.

Ilustración Señor de los Anillos Lukhimov

Trancos guía a los hobbits

Hasta ahora no había descubierto estas ilustraciones para El Señor de los Anillos del artista ucraniano Sergei Lukhimov. Pertenecen a una edición en ruso de 1993, y me ha sorprendido ese estilo medieval que les imprime su autor. Las acuarelas muestran una interpretación muy personal de la obra de Tolkien, a medio camino entre los iconos bizantinos, las miniaturas de los códices y los murales del primer gótico italiano.

La composiciones están cargadas de iconografía cristiana. En algunas, Lukhimov representa figuras rígidas y angulosas, con fondos coloridos y rodeadas de grecas y orlas, características típicas de la pintura bizantina; otras muestran figuras, paisajes y ciudades pintados con las proporciones y la incipiente perspectiva del trecento italiano, que nos remite a las pinturas de Giottro, Duccio o Tadeo Gaddi. Aunque a todas las rodea un halo bastante más siniestro, una atmósfera tenebrosa.

Aragorn, legolas y Gimli frente a Gandalf
Coronación de Elessar
La marcha de los ents
Gandalf vs Balrog

Por otro lado, si se observan bien, se puede encontrar en algunas de ellas, quizá las menos “bizantinas”, reminiscencias de las ilustraciones originales del propio Tolkien (se puede ver una muestra aquí), en las montañas, campiñas o las colinas que recreaba el profesor.

Una mayor muestra de estas ilustraciones de Sergei Lukhimov la podéis encontrar aquí, aunque he de avisar que la página está en ruso.

 

cartel Daimiel pueblo de brujas

Como ya es habitual en noviembre, dentro de unos días, del 11 al 13 de noviembre, tendrá lugar en Daimiel el fin de semana dedicado a las brujas. Este año alcanza su quinta edición, y sigue ampliando su oferta de actividades turísticas y culturales.

A la tradicional visita teatralizada a las Tablas de Daimiel, y a la visita guiada, añadida en las últimas ediciones, a la motilla del Azuer, se suma ahora una visita guiada a la laguna de Navaseca con un enfoque etnobotánico, en la que se explicará los usos y la importancia de las distintas plantas de la zona.

Por supuesto, no faltarán ni la cena tematizada ni la gran queimada. Y se podrá volver a disfrutar de las tapas de las brujas en un buen número de bares y locales. Pero este año aumenta la cantidad de actividades que tendrán lugar en el centro de la localidad: habrá diversas representaciones teatrales y tendrá lugar el pasacalles denominado El tambor de los rotos. Y, para los más pequeños, talleres, cuentacuentos y yincanas.

Ponencias

El sábado por la mañana tendrán lugar, en el salón de plenos del ayuntamiento, dos ponencias sobre brujería. Este año vienen a cargo de dos prestigiosas investigadoras y profesoras universitarias. La historiadora y escritora castellanomanchega María Lara, ganadora del premio Algaba de Biografía, Autobiografía, Memorias e Investigaciones Históricas, abrirá la sesión con su ponencia Los encantadores de la Mancha. Brujas y duendes de la generación de Don Quijote.

Después tomará el relevo Ana María Vázquez, reputada especialista en historia antigua, que, con su ponencia Brujas y magas de ayer y hoy. Indudables poderes mágicos desde una óptica científica, hará un recorrido por el mundo de la magia desde sus orígenes, en el antiguo Egipto, hasta la actualidad, pasando por los tiempos de las persecuciones de la Edad Moderna, la época de las hechiceras daimieleñas.

Dejo aquí el enlace al programa de actividades de este V Fin de Semana Daimiel, Pueblo de Brujas.

Estamos a las puertas de noviembre y se acercan las celebraciones del Día de Muertos, aunque desde mediados de este mes la gente ya llenaba los mercados, adornados para la ocasión, para adquir los productos que se colocarán como ofrendas en el altar. Otros años ya había hablado del significado general de la fiesta y de algunos elementos de la misma, como el propio altar de muertos, las calaveras de azúcar o las calaveras rimadas. Hoy dejo un vídeo muy ilustrativo sobre la celebración del Hanal pixan en la península de Yucatán.

Hanal pixan

Hanal pixán es una expresión maya que se podría traducir como “comida de las ánimas”, y es la manera como se define en el Yucatán esta tradición con la que se recuerda a los amigos y parientes que nos dejaron, y que tienen “permiso” para visitarnos entre el 31 de octubre y el 2 de noviembre. El día dedicado a los niños difuntos se denomina u hanal palal; el dedicado a los adultos, u panal nucuch uinicoob; y el tercer día, u hanal pixanoob. Este último, los familiares meriendan las viandas del altar, que han pasado ofrecidas a los difuntos la noche del 1 al 2. Se toma el atole y el balché (bebida hecha con la corteza del árbol del mismo nombre), y comen las frutas, el xec (mezcla hecha con chile molido, mandarina, jícama, naranja y otras frutas), los dulces de pepita y papaya, los tamales y vaporcitos (pequeños tamales cocinados al vapor), el pan dulce, los pibinales (mazorcas de maíz tierno) o los pibil-x’pelon (unas tortas de masa y frijoles). Pero es especialmente esperado el pib (mucbipollo, o mucbil pollo), un tamal grande de masa de harina maíz y manteca, relleno de pollo y cerdo, tomate y chile. El pib se guisa en un horno envuelta en hojas de plátano, aunque la manera tradicional es cocinarlo metido en un agujero en la tierra en el que se ha calentado con leña una base de piedras, cubierto por hojas y tierra.

pib para hanal pixan

Fuentes

Página del Gobierno de Yucatán

INFOGráfica, colectivo de artistas yucatecos autores del vídeo

 

Los dueños del viento

Hacía mucho tiempo que no había dejado ningún trailer book por aquí y me ha llamado mucho la atención este de Los dueños del viento, la última novela de Patxi Irurzun . Quizá es porque cualquier cosa que contenga Zugarramurdi o el proceso inquisitorial de 1610 me atrae como la llama a una polilla. Además, una novela histórica y de aventuras sobre piratas vascos en el Caribe me llama poderosamente la atención. Habrá que hacerse con ella.

Sinopsis

La famosa caza de brujas en Zugarramurdi, el auto de fe de Logroño de 1610, las cárceles secretas de la Inquisición, los bucaneros de La Española, los Hermanos de la Costa y la república libertaria que intentaron crear en la isla Tortuga, los corsarios vascos del mar Caribe…

Joanes de Sagarmin, protagonista y narrador de esta novela vivirá todas estas peripecias tras huir de la pequeña aldea navarra de Zugarramurdi. Perseguido por la Inquisición, encontrará refugio junto a otros huérfanos y huidos de la justicia, primero en el sur de Francia, junto a los terribles corsarios vascos, y después en el Nuevo Mundo, donde se convertirá en músico de una tripulación pirata.

A lo largo de su agitada vida, el destino de Joanes permanecerá siempre unido al de un encantador y cruel filibustero, Kuthun, y al de la misteriosa Morguy, la joven vidente y ayudante del inquisidor Lancre. Entre los tres se establece un triángulo de amor y odio, en cuyo centro permanece la búsqueda de una libertad que el destino y la cuna parecen haber negado a quienes tienen como única posesión el viento y esperan que alguna vez sople a su favor.

Web del  autor

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La Semana Gótica de Madrid lleva ya varias ediciones trascendiendo tiempo y espacio. En cada ocasión se va superando, con mucho, los siete día de actividades; y museos, salas, auditorios, librerías e, incluso, aulas universitaria, se van sumando como lugares para realizar los distintos eventos.

logo semana gótica de madrid¿Qué nos encontramos este año?

Quien tenga la oportunidad de acercarse, no debería dejarla pasar.

Merlín en un códice

Ilustración de Merlín en las Crónicas de Núremberg (1493)

Merlín, el Encantador, es el mago más famoso de la historia europea, el mago por antonomasia que ha inspirado toda la tradición de hechiceros posteriores. Aunque se ha querido buscar algún referente real en la Britania posrromana, lo cierto es que no hay indicios de que hubiese un Merlín histórico. Hechicero, druida, profeta o consejero, el Merlín de la materia de Bretaña es, en realidad, una creación literaria compleja que surge en el siglo XII a partir de un conglomerado de mitos célticos del sur de Escocia y Gales. Fue el escritor Geoffrey de Monmouth el que le da la forma definitiva al personaje y lo relaciona con el ciclo del rey Arturo. Hasta entonces ni siquiera existía la voz Merlín (o Merlinus), que aparece por primera vez en 1138 en la Historia regum Britanniae (Historia de los reyes de Bretaña) de Monmouth, sino que se había usado el nombre galés Myrddin.

Geoffrey de Momnouth, el padre del Merlín artúrico, fue un docto clérigo galés que estudió en la escuela catedralicia de Oxford y fue luego obispo de Saint Asaph. Escribió sus obras en latín y usó las fuentes de la tradición oral y escrita galesas. Construyó su personaje combinando dos figuras legendarias de tradiciones distintas que compartían el mismo nombre, Myrddin, a los que añadió luego elementos de su propia invención.

Por un lado recuperó la historia de la profecía del rey Vortigern. Vortigern, un rey britano del siglo V, quería construir una fortaleza en una imponente colina, pero todas las noches los muros se desmoronaban. Sus sabios y astrólogos le dijeron que, para evitarlo, debía sacrificara allí a un niño sin padre. Sus hombres buscaron por todo el reino hasta que encontraron, en Carmarthen, a un niño sin padre conocido; incluso se había extendido el rumor de que había sido engendrado por un demonio. Cuando lo llevaron a la corte del rey, el niño demostró unas asombrosas dotes como profeta y contó la verdadera razón por la que no podían construir allí la fortaleza: bajo la colina había dos dragones, uno rojo y otro blanco, que peleaban entre sí. El rey mandó cavar a sus obreros y, efectivamente, salieron a la superficie los dos dragones, que continuaron luchando hasta que el blanco mató al rojo y desapareció en la lejanía. De este modo, aquel niño llamado Myrddin profetizó acerca del futuro del reino y del desastroso final del rey Vortigern, ya que la victoria del dragón blanco sobre el rojo representaba la victoria de los invasores sajones sobre los britanos.

Myrddin y Vortigern ante los dragones

La profecía de Myrddin, ilustración de Allan Lee

Esta leyenda había aparecido escrita en el siglo IX en la Historia Britonum de Nennio, que le da a Myrddin, además, el sobrenombre de Ambrosius (Emrys en galés). Y de ahí la tomó seguramente Geoffrey de Monmouth, que la reprodujo a su manera con los cambios que le parecieron oportunos. Por ejemplo, el niño de la leyenda fue encontrado en realidad en Glamorgan, pero Monmouth veía más coherente que fuese oriundo de Carmarthen, Caer Merddin en galés, que significaba, literalmente, «la fortaleza de Myrddin». La profecía final también parece que fue de su cosecha, una manera de anticipar el advenimiento del rey Arturo. Sigue leyendo

Hay parecidos razonables que te encuentras donde menos te lo esperas. Una de las cosas que me gusta hacer últimamente es buscar miniaturas que ilustran o iluminan los códices medievales. Sobre todo ahora que hay un buen corpus de obras digitalizadas por distintas bibliotecas y universidades y puedes navegar tranquilamente por estos libros centenarios sin moverte de casa. He de decir que son auténticas preciosidades, y que tocan muchos más temas que el resto de pinturas de esta época, románicas o góticas. Bueno, pues en uno de mis paseos descubrí la siguiente miniatura:

parecidos razonables entre esta miniatura y el cuadro de Fuseli

Pertenece a una copia de principios del siglo XIV del Digestum Vetus, una obra jurídica de la época del emperador Justiniano. Aunque se supone que es una representación del demonio sobre un hombre muerto, a mí lo primero que me vino a la cabeza es aquel cuadro de Fuseli, La pesadilla, del que ya hablé aquí. O, más bien, a esta versión que hizo del mismo tema el pintor danés Nicolaj Abildgaard, inspirándose en el cuadro del suizo:

nicolaj-abraham-pesadilla

Porque, además, se considera que los seres que aparecen en estos cuadros son íncubos, demonios masculinos que poseen a las mujeres; en el caso de estos cuadros, mediante sueños eróticos. Así que… ¿se trata de una coincidencia o la miniatura bebe del mismo mito?

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Historia de la columna infame

La Columna Infame de Milán es un ejemplo de los extremos a los que puede llevar la psicosis colectiva, de las atrocidades que llega a cometer una comunidad enloquecida por el miedo.

La peste de Milán de 1630

Todo sucedió durante la peste que azotó la capital lombarda en 1630. El Milanesado formaba parte de la Corona Española y eran los tiempos ominosos de la guerra de los Treinta Años; una época de campos arrasados y ciudades en llamas, de hambre, plagas y enfermedades, de luchas religiosas y persecuciones de brujas.

Milán, que se había librado de la primera gran epidemia, sufrió ese año una manifestación de la peste especialmente virulenta y contagiosa. Frente a un mal tan feroz, la gente necesitaba explicar y dar sentido a tanta muerte. Cuando apareció la enfermedad en 1348, hubo quienes vieron en la peste un castigo divino o una señal milenarista, pero la reacción de la mayoría fue buscar culpables, algo que también permitía la liberación de la tensión colectiva. Extranjeros, marginales y, sobre todo, leprosos y judíos, pasaron a convertirse en sospechosos. La furia de las comunidades se encauzó especialmente hacia estos últimos, a los que se acusaba de envenenar los pozos. Y se multiplicaron los progromos y asaltos a juderías.

En el caso de esta epidemia de Milán, no tardó en cundir el pánico, y pronto se extendió por la ciudad el mito de los untadores de pestíferos, una creencia que ya se había dado antes en algunos otros lugares. Los habitantes creyeron que las murallas y las puertas de los edificios estaban impregnadas de una sustancia venenosa compuesta de extractos de sapos, serpientes y de pus y baba de los apestados: una receta que el diablo daba a los que pactaban con él.

Pronto aparecieron los primeros chivos expiatorios. En cuanto se desató la psicosis, cualquier acto, hasta el más trivial, resultaba sospechoso a los ojos de unos vecinos aterrorizados. Varias personas sufrieron las iras de la gente, fueron torturadas o linchadas por los motivos más inocentes, solo porque algún gesto había resultado extraño. Fue lo que le sucedió a un pobre anciano al que vieron en la iglesia limpiando el banco con un paño antes de sentarse.

Una vieja chismosa

Pero el caso más sonado fue el que llevó a la erección de la famosa columna. Un día, una anciana acudió a las autoridades para denunciar que había visto a un hombre haciendo movimientos extraños con un papel y restregando los dedos contra la muralla. Se investigó el asunto y finalmente fueron detenidos el comisario de salud pública, Guglielmo Piazza, y el barbero Giangiacomo Mora. Se les acusó de extender ungüentos mortíferos que acabaron con la vida de muchos ciudadanos; es más, se les juzgaría, incluso, por conspirar contra la ciudad y por sedición.

Los dos infelices, que lo negaban todo, por supuesto, fueron torturados según la práctica de la época. Pero también fueron engañados con falsas promesas de impunidad. Al final cedieron y terminaron confesando ser los autores de un acto tan execrable. A continuación, el senado de la ciudad los proclamó enemigos de la patria y fueron condenados a muerte.

Una muerte cruenta y una columna infame

Pero no iba a ser, tampoco, una muerte normal. Dado el carácter diabólico de su caso, y la cantidad de víctimas que se les imputaban, el método elegido para su ejecución fue especialmente cruel y cruento. La fecha indicada, se les llevó al cadalso y allí, una vez atados, les atenazaron con unos hierros al rojo las tetillas, los brazos, muslos y pantorrillas. A continuación, se les cortó la mano derecha, con la que habrían cometido su crimen. Y, por último, les quebraron todos los huesos a golpes y los dejaron allí durante seis horas de largo suplicio. Finalmente se les dio muerte, quemaron los cadáveres y lanzaron sus cenizas al río.

Pero no bastaba. La gravedad del delito exigía la perpetuación de la infamia de los delincuentes. La barbería de Mora fue arrasada y, en el solar, se levantó una gran columna que denominaron Infame. Con una inscripción en latín que reseñaba los hechos. Porque, además de servir de advertencia, la intención era dejar grabado para siempre los nombres de los dos criminales en memoria de su vileza.

Durante un siglo y medio, la columna se erigió en aquel solar del centro de Milán. Pero, con la llegada del Siglo de las Luces, los avances en los campos de la ciencia y del derecho fueron cambiando la percepción de aquel monumento, que se convirtió en la vergüenza de Milán. No se perpetuaba la infamia de Mora y Piazza, sino la infamia de los milaneses, que fueron los que cometieron el verdadero acto criminal con aquellos dos inocentes. Así que en 1778 las autoridades la mandaron derribar.

Este caso sirvió, en el siglo XIX, al escritor italiano Alessandro Manzoni para denunciar el uso de la tortura y atacar las ejecuciones de su tiempo con su obra Historia de la columna infame, que se publicó por primera vez como apéndice de Los novios, su gran novela.

Fuente
Jean Delumeau: El miedo en Occidente, Taurus

Este artículo también lo puedes encontrar en Steemit.

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Gustavo A. Bécquer: La cruz del diablo

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