1 de noviembre

Primero de noviembre. Es el día de la visita al cementerio. A mí me gusta la idea de cementerios solitarios, melancólicos, silenciosos. Hoy, sin embargo, se llenan de colorido, de fragancias florales y de bullicio. Hay vivos por todas partes. Sabemos que el resto del año la mayoría de las tumbas se quedan solas y abandonadas. Hoy las familias competirán por colocar el ramo de flores más impresionante sobre la lápida; mañana, nos volveremos a encontrar con un lugar tranquilo y desolado. Y entonces vendrán muy a cuento aquellos versos de Bécquer que dicen: “¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!”.

Linternas de Halloween

Fotografía de Daniel Schweinert

Leo en una noticia que varios grupos católicos han organizado en Italia una “Noche de los Santos y los Misterios”. Su intención es competir con Halloween, y pretenden hacerlo mediante la organización de cantos y espectáculos callejeros. Quieren evitar que los niños y jóvenes salgan disfrazados de monstruos, brujas y fantasmas y que tan sólo invoquen al “único espíritu que no da miedo”, en referencia a Jesús.

Más que el hecho de que una fiesta de origen pagano esté teniendo tanto éxito a nivel mundial, lo que la Iglesia no soporta es que le haga competencia directa a una de sus festividades propia, la de Todos los Santos. De ahí ese empeño en sepultar una fiesta ancestral muy anterior al cristianismo.

Yo creo que ya no puede considerarse Halloween como una fiesta pagana, se ha convertido en una festividad comercial más. La fuerza expansiva de la cultura de Estados Unidos ha hecho que esta noche se haya popularizado en todo el mundo. Tal y como la conocemos hoy en día está muy lejos de la celebración que le dio origen, la fiesta celta del Samhain.

El Samhain era una festividad pagana del sol que marcaba el fin del verano y de las cosechas y la llegada de los días de frío y de oscuridad. Para los antiguos en aquella noche el dios de la muerte permitía a los muertos volver a la tierra, creando un ambiente de muerte y terror. La separación entre los vivos y los muertos se disolvía y se hacía posible la comunicación entre unos y otros. Alguna reminiscencia puede quedar todavía hoy de estas creencias en la tradición de disfrazarse de seres de la oscuridad.

Por mucho que la Iglesia trató de luchar contra esta festividad, no logró erradicarla. La creación de la fiesta de Todos los Santos entra dentro de los métodos que empleó la Iglesia a la hora de luchar contra el paganismo. Se trataba de suplantar los ídolos y festivales paganos por imágenes y festividades cristianas. Y eso es precisamente lo que me parece que pretenden con la iniciativa de este año. Intentar algo así a estas alturas me parece realmente patético.

cementerio

 

Me gusta ver el cielo
con negros nubarrones
y oír los aquilones
horrísonos bramar,
me gusta ver la noche
sin luna y sin estrellas,
y sólo las centellas
la tierra iluminar.

Me agrada un cementerio
de muertos bien relleno,
manando sangre y cieno
que impida el respirar,
y allí un sepulturero
de tétrica mirada
con mano despiadada
los cráneos machacar.

Me alegra ver la bomba
caer mansa del cielo,
e inmóvil en el suelo,
sin mecha al parecer,
y luego embravecida
que estalla y que se agita
y rayos mil vomita
y muertos por doquier.

Que el trueno me despierte
con su ronco estampido,
y al mundo adormecido
le haga estremecer,
que rayos cada instante
caigan sobre él sin cuento,
que se hunda el firmamento
me agrada mucho ver.

La llama de un incendio
que corra devorando
y muertos apilando
quisiera yo encender;
tostarse allí un anciano,
volverse todo tea,
y oír como chirrea
¡qué gusto!, ¡qué placer!

Me gusta una campiña
de nieve tapizada,
de flores despojada,
sin fruto, sin verdor,
ni pájaros que canten,
ni sol haya que alumbre
y sólo se vislumbre
la muerte en derredor.

Allá, en sombrío monte,
solar desmantelado,
me place en sumo grado
la luna al reflejar,
moverse las veletas
con áspero chirrido
igual al alarido
que anuncia el expirar.

Me gusta que al Averno
lleven a los mortales
y allí todos los males
les hagan padecer;
les abran las entrañas,
les rasguen los tendones,
rompan los corazones
sin de ayes caso hacer.

Insólita avenida
que inunda fértil vega,
de cumbre en cumbre llega,
y arrasa por doquier;
se lleva los ganados
y las vides sin pausa,
y estragos miles causa,
¡qué gusto!, ¡qué placer!

Las voces y las risas,
el juego, las botellas,
en torno de las bellas
alegres apurar;
y en sus lascivas bocas,
con voluptuoso halago,
un beso a cada trago
alegres estampar.

Romper después las copas,
los platos, las barajas,
y abiertas las navajas,
buscando el corazón;
oír luego los brindis
mezclados con quejidos
que lanzan los heridos
en llanto y confusión.

Me alegra oír al uno
pedir a voces vino,
mientras que su vecino
se cae en un rincón;
y que otros ya borrachos,
en trino desusado,
cantan al dios vendado
impúdica canción.

Me agradan las queridas
tendidas en los lechos,
sin chales en los pechos
y flojo el cinturón,
mostrando sus encantos,
sin orden el cabello,
al aire el muslo bello…
¡Qué gozo!, ¡qué ilusión!

Juan Rico y Amat

Me encanta este poema y no he podido evitar comenzar con él. Sé que no es un dechado de calidad y por eso me decanto más por la autoría de Rico y Amat que por la de Espronceda, cuya poesía la considero muy superior. No obstante, me sigue fascinando.

Bienvenidos a mi rincón, almas románticas y sombrías. Si me queréis acompañar, iniciaremos juntos un viaje por el borde del abismo. Seréis testigos de mis inquietudes y secretos. Compartiré con vosotros pensamientos turbadores, versos sacrílegos e imágenes sugerentes. La literatura, la música y el arte nos acompañarán a lo largo del camino. Ya veremos hacia donde nos lleva.

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Gustavo A. Bécquer: La cruz del diablo

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