Bestiarios

la bernacha, título

Entre las aves prodigiosas, la bernacha (del lat. bernace) no tiene igual. Es una especie de ganso marítimo, un poco más pequeño que una oca, de plumaje gris en el dorso y blanco en la cabeza. Habita los fríos mares que hay al norte de Irlanda, los que rodean Escocia, la isla de Pomonia y las islas Orcadas.

miniatura de la bernacha

Miniatura de las bernachas colgando de las ramas del árbol, en el Harley Bestiary. Ms 4751 f. 36, en la British Library.

Lo maravilloso es que estas aves no nacen de un huevo, ni son incubadas sino que se generan en un árbol, como si fuesen peras o manzanas. Es un tipo de árbol que crece en las costas, a la orilla del mar. El Fisiólogo cuenta1 que las aves brotan en las ramas, unidas a ellas por el pico. Así se nutren del árbol hasta crecer lo suficiente. Cuando se han desarrollado totalmente y alcanzan un tamaño adulto, las bernachas se desprenden y caen como frutas maduras. Aquellas que caen en tierra mueren al instante, pero las que caen en el agua siguen su vida con normalidad, igual que otras aves costeras.

Esta es, al menos, la creencia más común, recogida por autores como Pierre de Beauvais, Gautier de Metz o John Mandeville. Pero hay autores que siguen otra tradición a la hora de describir la naturaleza de esta ave, como Giraldus Cambrensis y Jean-Paul Clévert. Según estos, la bernacha no nace de la madera viva de los árboles, sino de la madera muerta. Las aves se generarían a partir de la corrupción y podredumbre de la madera de abeto rojo, que se da, sobre todo, en las viejas naves, en las quillas podridas o en los trozos de madera que se desprenden de ellas. Esta madera corrupta produce una especie de cieno viscoso y pegadizo, y de ahí se generan unos pequeños gansos que cuelgan de sus picos, como si fuesen algas adheridas a la madera. Luego se encierran en conchas, como si fueran percebes, para crecer con mayor libertad. Estos embriones se nutren de la humedad de la madera durante dos meses, y luego se desprenden.

bernachas o bernacle goose

Grabado del libro Curious Creatures in Zoology. Imagen tomada del pdf de la obra, de dominio público

En cualquier caso, tanto Mandeville como Clévert coinciden en apuntar lo apreciada que es su carne, blanca y tierna, tan sabrosa como la de un pato salvaje.

Por lo que respecta al simbolismo, los bestiarios medievales encuentran analogía con el sacramento del bautismo, ya que las aves que caen en el agua viven, como las personas bautizadas viven en la fe.

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1. Manuscrito en griego de autor desconocido que contiene un conjunto de descripciones de animales, criaturas fantásticas, plantas y rocas, siempre con sentencias moralizantes.

Fuentes

ASHTON, John: Curious Creatures in Zoology, Londres, 1890

BESTIARIO MEDIEVAL, Ed. de Ignacio Malaxecheverría, Ediciones Siruela, Madrid, 1999

«Barnacle Goose», en The Medieval Bestiary.

una criatura de los bestiarios medievales: el caradio

Las compilaciones y bestiarios medievales, basados, sobre todo, en el Physologus1, describían al misterioso caradrio (también «calandre» o «caladrio», del latín caladrius, y este del griego χαραδριός) como un ave acuática del tamaño de una gaviota, con el cuello largo como las garzas, y de un color blanco inmaculado. Hay una pequeña variación en el Bestiario de Pierre de Beauvais, pues lo pinta, además, con un par de cuernecillos rectos en la cabeza, como de cabra. El caradrio vivía en humedales y se alimentaba de lo que picoteaba entre la tierra o en el fondo de las charcas. De ahí que apareciese en los listados de aves inmundas de la Biblia, entre los animales que no se podían consumir. A pesar de ello, en la Edad Media tenía la consideración de ave real, y se capturaban en lagunas y pantanos para llevarlas a los palacios de reyes y grandes señores.

Se decía que la naturaleza y carácter del caradrio le permitía pronosticar el destino de los enfermos de gravedad. Cuando el ave entraba en la estancia donde yacía la persona convaleciente, se posaba en la ventana o a los pies de la cama y lo miraba. Si volvía la cabeza, se entendía que la enfermedad era mortal y no había nada que hacer; pero, si el ave no apartaba la mirada, es que había visto posibilidad de salvación y se disponía a sanarlo. Porque, además de la gracia profética, el caradio poseía el don de la curación.

Un caradrio o caladrio mira hacia un rey enfermo

Miniatura de un caradio a los pies de un rey postrado; está miando hacia él, lo que significa que vivirá. The Aberdeen Bestiary, Universidad de Aberdeen. Recuperado de la web de la A. U.

En cómo lo hacía, discrepan las fuentes. Unas versiones dicen que curaba a través de los ojos, que creaba una especie de «corriente» que atraía y absorbía la enfermedad. Funcionaba, más o menos, por los mismos principios que el mal de ojo. Otros bestiarios indican que el ave acercaba el pico a la boca del enfermo y extraía el mal con su respiración. En ambos casos, una vez tenía la enfermedad dentro de sí, el caradrio volaba alto para exudarla con el calor del sol.

En este caso, el caradio vuelve la mirada, así que no hay esperanzas para el pobre enfermo.            Bestiary Harley, British Library (MS 3244). Recuperado de Wikimedia.

 

Las autores de la antigüedad ya habían hablado de las cualidades de esta ave. Plinio, el Viejo, la menciona en su Historia natural como ave que curaba la ictericia, al igual que hacen Plutarco y Claudio Eliano. Plutarco habla sobre ella en su Simposíaca (o Charlas de sobremesa), precisamente en la cuestión que trata sobre los misterios de la fascinación y del mal de ojo. Se daba tanto crédito a esta historia que se decía que los vendedores de caradrios escondían los ejemplares que tenían para que no curasen al cliente antes de que hubiera pagado.

Este poder curativo se extendía también a sus excrementos, pues se contaba que, si se extendía sobre los ojos, era capaz de curar la ceguera. Aunque Philippe de Thaünsu escribió en su bestiario que ese poder residía, en realidad, en el hueso del muslo. Si se ungía a un ciego con el tuétano de ese hueso, recuperaba la vista.

Otra fuente algo distinta, el Cyranides, una compilación medico-mágica de la Antigüedad tardía, agregó que su corazón y su cabeza servían como amuletos, y preservaban al portador de toda enfermedad.

texto de la Historia de Alejandro Magno tomado del Roman d'Alexander

Como en todas las criaturas de los bestiarios, había también una interpretación simbólica. En el color blanco del caradrio se veía una analogía con Cristo, porque el blanco es puro y está libre de mácula, igual que Cristo estaba libre de pecado. En cuanto a su poder de curación, se veía como una interpretación del sacramento de la confesión, mediante el cual Cristo curaba las almas.

Más tarde, hacia el siglo XIV, se empezó a secularizar este simbolismo, y se usó al ave para representar el amor correspondido o no correspondido, y el poder de atracción de la mirada en los amantes.

Por último, se también se relacionó al caradrio con el basilisco (sobre el que ya hablamos aquí). El basilisco-caradrio representaba el binomio muerte-vida.

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1. Manuscrito en griego de autor desconocido que contiene un conjunto de descripciones de animales, criaturas fantásticas, plantas y rocas, siempre con sentencias moralizantes.

Fuentes

  • BESTIARIO MEDIEVAL, Ed. de Ignacio Malaxecheverría, Ediciones Siruela, Madrid, 1999
  • DRUCE, G.: «The Caladrius and its Legend, Sculptured Upon the Twelfth-Century Doorway of Alne Church, Yorkshire», artículo publicado en Archaelogical Journal, Royal Archaelogical Institute of London, Vol. 69, 1912
  • PLINIO EL VIEJO: Historia natural. Libros VII-XI, Ed. Gredos, Madrid, 1998
  • PLUTARCO: Obras morales y de costumbres, Vol. 4, Ed. Gredos, Madrid, 1987
  • «Caladrius», en The Medieval Bestiary.
  • «La leyenda del caradrio en san Andrés de Montearados (Burgos)» en Blog Románico Digital.

 

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