Brujas y hechiceras

Pasarse por el Museo Lázaro Galdiano para contemplar este par de estupendos cuadros de Goya sobre brujería:

Las brujas, encargo de los duques de Osuna en 1798
El aquelarre, de la misma serie que el anterior, también encargado
por los duques de Osuna para su palacio de El capricho.

Sin duda, sería aún más atractivo acudir durante la Noche de los Museos. Y no hay que olvidarse, por supuesto, de admirar otras grandes piezas del museo, como el San Juan Bautista en meditación, de El Bosco, y otros cuadros de Murillo, Zurbarán, El Greco, o Constable.

Aquí, la página web del Museo.

Se me había pasado mencionar que en el número de noviembre de la revista National Geografic habían dedicado uno de los reportajes a la brujomanía y la caza de brujas durante el fin de la del medioevo y la Edad Moderna. Es bastante breve y somero, pero sirve para hacerse una idea general de la cuestión y desmitificar algunos aspectos. Está muy basado en la magnífica obra de Brian P. Levak La caza de brujas en la Europa moderna. También lo podéis encontrar íntegro en su página web.

Fotografía tomada del blog Tablas de daimiel

Este sábado, en el marco del segundo fin de semana «Daimiel, pueblo de brujas», tuve la oportunidad de conocer a uno de los mayores especialistas de la España mágica, Jesús Callejo. Investigador y escritor, colaborador habitual del programa de radio La rosa de los vientos y director, ahora, de La escóbula de la brújula, Jesús fue invitado por los organizadores del evento para dar una conferencia en el Museo Comarcal de Daimiel.

Su ponencia, «El caldero de las brujas», se centró en los componentes e ingredientes que echaban las brujas y las hechiceras en sus calderos para elaborar sus pócimas, filtros o ungüentos. El investigador comenzó diferenciando entre calderos gastronómicos y mágicos, y demostró sus amplios conocimientos etnobotánicos. Asombra la cantidad de anécdotas y datos que tiene en la cabeza, y su capacidad para contar la historia de una manera amena y entretenida. La escusa de los calderos le sirvió para explicar la diferencia entre brujería y hechicería, tocar levemente el tema de la brujomanía europea durante la Edad Moderna, o contarnos el origen de la «leyenda negra» española, entre otras cosas.

Para mí, lo mejor vino al final, después de la conferencia, cuando nos presentaron. Además de llevarme firmado a casa mi ejemplar de Duendes, tuve la oportunidad de ir de cañas con él y charlar tranquilamente un rato sobre brujería manchega.

Hace un par de días se presentó oficialmente el II Fin de Semana “Daimiel, pueblo de brujas”, que tendrá lugar los días 16 y 17 de noviembre, con propuestas muy interesantes.

Por un lado, se contará con la presencia del investigador, escritor y colaborador de radio leones Jesús Callejo (me encantan sus Guías de los seres mágicos de España). Callejo participará con la ponencia “El caldero de las brujas” con la que, según leemos en daimielturismo.com “nos trasladará a la época de las brujas para conocer como se preparaban en la clandestinidad y alimentados por el fuego, los conjuros, las fórmulas secretas y los más diversos y asquerosos ingredientes. Se hablará de lo que hay de verdad y mentira en esas ollas (con ejemplos españoles).”

Otro de los grandes alicientes de estas jornadas va a ser una salida práctica de etnobotánica al Parque Nacional de las Tablas de la mano de Alonso Verde, el director del Jardín Botánico de Castilla-La Mancha. Alonso ya participó en las jornadas del año pasado con una muy interesante ponencia sobre los usos tradicionales de las plantas medicinales en la región. En esta ocasión toca la parte práctica, así que acompañará a los asistentes en un recorrido por los itinerarios del humedal en busca de aquellas plantas útiles para las curanderas. Todo finalizará con un pequeño taller de emolientes.

Como en el año anterior, habrá una visita nocturna teatralizada a las Tablas de Daimiel, la representación de una queimada, y una cuentacuentos para niños; algunos bares y locales de la localidad elaborarán tapas y pinchos tematizados de carácter “brujeril” (el año pasado me encantó la bolsita de ingredientes de servían en el Lepanto).

Dejo a continuación un enlace al programa detallado en pdf: Programa II Fin de Semana “Daimiel, pueblo de brujas”

Esbozo a lapicero de brujas del bosco

Esbozo de brujas y otros monstruos

 Una finalidad piadosa

Frente a lo que nos pueda parecer hoy día, las escenas grotescas de los cuadros del Bosco tenían una finalidad piadosa. Pintaba para censurar. Esto lo entendió Felipe II, que mandó comprar por eso sus cuadros. Pero ya cien años después de su muerte había gente que no tenía esto muy claro y que en sus cuadros lo único que veía era la obra de un pintor bastante impío. Caro Baroja era de la opinión de que el pintor, en realidad, estaba movido por un espíritu religioso moralizador. Atacaba con sus sátiras, sobre todo, la sensualidad. Y especialmente los pecados producidos por la música y el baile. Todo lo que eran movimientos raros y desenfrenados era diabólico, brujerías, como podemos ver en este dibujo de brujas del Bosco conservado en el Louvre.

 Fuente: Caro Baroja: Las brujas y su mundo

Ya mencioné en este blog, hace casi un año, a la hechicera de Daimiel Polonia Martín de la Leona, muy famosa en la comarca en el siglo XVIII, y su curioso ritual para conseguir fortuna con la cabeza de un gato negro. Hoy aprovecho para dejaros el enlace directo al expediente completo de su proceso en el Tribunal de Toledo (Exp. 137 del legajo 3722 de la sección Inquisición del AHN). El expediente está totalmente escaneado y es de libre consulta a través del PARES (Portal de Archivos Españoles), para deleite de los aficionados a la historia de la Inquisición y de la brujería y hechicería. No tiene una caligrafía muy complicada, así que se pueden leer tranquilamente sus hechicerías con cuervos y sortijas, y sus curaciones a base de baños en cocimientos de carnero, untos de miel y grasa y sahumerios de hierbas.

AHN Inq. Leg. 3722/ 137

Ayer por la tarde me estuvieron entrevistando para un nuevo programa de Castilla-La Mancha Televisión que va a tratar sobre secretos y misterios de la región. Grabamos en el Museo Comarcal, y me estuvieron preguntando algunas cosas sobre las brujas de Daimiel. Para mí todo fue un poco raro; el formato del programa se parecía a las entrevistas informales del tipo de Callejeros y resultaba un tanto caótico. Había que andar grabando, cortando, repitiendo tomas… Y en algunos momentos yo debía actuar, guiarlos por el museo sin dejar de hablar, improvisando sin parar mientras trataba de no perderme. A esto hay que añadirle que ya venían con un guion lleno de ideas preconcebidas muy literarias y cinematográficas sobre las brujas y la Inquisición (lo de siempre, vamos), y me tocó ir encauzando todo hacia la realidad histórica. Al final pude hablar un poquito de Juana Ruiz, de María de Lao, Ana López “la Larga” o de Isabel Maeso, pero no sé cómo quedará el montaje final y cuánto cortarán. Tocará esperar hasta mayo, que es cuando me dijeron que emitirán el programa.

Muchas de las mujeres consideradas brujas durante la Edad Media y la Edad Moderna eran en realidad buenas botánicas: curanderas y hechiceras que sabían usar plantas peligrosas y potentes para curar, dañar, alterar la conciencia o forzar la voluntad. Sabían dónde, cuándo, y cómo recogerlas, y también la manera de combinarlas entre sí para lograr distintos efectos. La gente creía que se trataba de un saber secreto que se transmitían unas a otras desde muy antiguo y atribuía sus resultados a la naturaleza mágica de las plantas. Si a todo esto unimos la escenografía que acompañaba la recogida (al atardecer y en la noche, en lugares misteriosos como cementerios, bosques y cuevas, empleando oraciones y conjuros), no es extraño que pronto se relacionase con la brujería.

Si lo miramos desde una perspectiva actual, estas «brujas» realizaban una magia que podríamos considerar real y otra claramente imaginaria. Los vuelos y metamorfosis o la invocación de demonios, por ejemplo, estaban solo en la cabeza de las brujas, sus perseguidores, y de una parte de la población de la época.

Pero había también una magia «real», un arte u oficio que diversas mujeres ejercían cuando alguien requería de sus servicios. Los rituales, conjuros y brebajes se realizaban de verdad, indistintamente del resultado que se obtuviese. Las formas de medicina tradicional, rural y campesina practicada por las curanderas solía funcionar; las formas de hechicería basadas en la imagen y la sugestión a veces funcionaban y a veces no. La forma más corriente de esta magia efectiva comportaba el uso de hierbas, drogas y de otras sustancias con propiedades curativas o dañinas, o con la facultad de influir sobre el deseo, la voluntad y la capacidad sexual.

Mandrágora y beleño

No obstante, hay estudiosos que consideran que incluso en la magia que antes hemos denominado «imaginaria» había un poso de verdad. La tradición había extendido la idea de que las brujas mezclaban en sus calderos todo tipo de plantas e ingredientes asquerosos y macabros y que, con las instrucciones del demonio, fabricaban un ungüento que les servía para volar y acudir al aquelarre. Lo que se cree en la actualidad es que todo esto que decían o creían experimentar las brujas eran producto de su imaginación, sí, pero debido al empleo de plantas alucinógenas que se aplicaban sobre la piel, en diversas partes del cuerpo, después de haber sido mezcladas con grasa en un unto. Algunos estudiosos del Renacimiento llegaron a plantear la «teoría alucinatoria» del vuelo de las brujas, que atribuían al efecto psicotrópico de las plantas que utilizaban. El ungüento o la ingestión de las plantas creaban la ilusión de volar. El médico y humanista español Andrés Laguna, decía, allá por el siglo XVI, que estas mujeres untaban su cuerpo con cicuta, hierba mora, beleño y mandrágora. Etnólogos del siglo XX llegaron a recrear estos ungüentos y se los aplicaron en la piel, y dijeron experimentar realmente alucinaciones perturbadoras. Los experimentos más famosos fueron los de Wilhelm Mrsich y Will-Erich Peuckert. Este último se untó el cuerpo con una mezcla de beleño, estramonio, napelo, belladona y amapola, de acuerdo a antigua receta, y luego registró sus experiencias.

Así pues, las plantas más usadas por las brujas como ingredientes para sus ungüentos y pociones eran aquellas con poderes narcotizantes, que provocaban letargo, alucinaciones, alteración de la conducta y, en dosis mayores, resultaban mortales. La mayoría de las plantas venenosas deben sus poderes a los alcaloides, sustancias que neutralizan ácidos y forman sales. Están compuestas parcialmente por nitrógeno y afectan fuertemente al organismo humano; en función de las dosis deben considerarse venenos o medicinas. Las plantas «mágicas» de mayor renombre, citadas con frecuencia en los libros de hechicería, son las pertenecientes a la familia de las solanáceas, entre las que se encuentran el estramonio (Datura stramonium), la belladona (Atropa belladonna), la mandrágora (Mandragora autumnalis), el beleño (Hyoscyamus niger), el tabaco (Nicotiana tabacum), la adormidera (Papaver somniferum) y la amapola común (Papaver rhoeas).

Por lo general, estas plantas son bastante comunes y abundantes. Suelen crecer en suelos nitrogenados, ricos en nitratos y sales amoniacales, lo que explica las visitas de estas mujeres a cementerios, basureros y a las riberas de los ríos, lugares donde se concentran grandes cantidades de materia orgánica. Las brujas, que eran personas del campo, sabían todo esto. Solían salir a recogerlas a última hora de la tarde. Por un lado, por su propia seguridad, para no ser vistas por sus vecinos mientras buscaban hierbas venenosas, y por otro, porque sabían que estas plantas, al estar compuestas de alcaloides, acumulan la mayor cantidad de principios activos mientras les da el sol, por lo que alcanzan el punto álgido en el crepúsculo. Podemos recordar aquí el caso de la daimieleña Juana Ruiz, de la que se decía que por las noches frecuentaba el cementerio que había por aquel entonces junto a la iglesia de Santa María.

Si nos seguimos centrando en Castilla-La Mancha, Sebastián Cirac Estopañán, en su obra Los procesos de hechicerías en la Inquisición de Castilla la Nueva, habla de los usos que las hechiceras castellano-manchegas hacían de las diversas hierbas. Afirma que en todo tiempo usaron las hechiceras plantas recogidas la mañana de San Juan para remedio de males y de amores y que empleaban mucho las hierbas aromáticas con las que llevaban a cabo sahumerios.

Recoge Cirac casos como el de una tal Carranza, que iba por la noche a recoger ortigas o el de «la Monja», que presumía de hacer maravillas con la hierba pimentera y tenía un tiesto de taragontia. Francisca Silva y «la Salas» utilizaban la valeriana para sus hechicerías. Esta última decía que, enterrando en un hoyo una valeriana y un amaro, que eran hierbas macho y hembra, después de haber echado agua bendita, se podía forzar el matrimonio con quien se quisiera. A principios del siglo XVIII, unas mujeres de Talavera utilizaban el romero en sus sortilegios amorosos y, unas décadas antes, en el laboratorio de la hechicera Ana López, «la Larga», de Daimiel, los inquisidores habían encontrado polipodio (helechos) y solimán (posiblemente Daphne laureola, una planta muy venenosa).

Para saber más:
 CALLEJO, Jesús: Breve historia de la brujería, Ediciones Nowtilus, Madrid, 2006.
CARO BAROJA, Julio: Las brujas y su mundo, Alianza Editorial, Madrid, 1997.
CIRAC ESTOPAÑÁN, Sebestián: Los procesos de hechicerías en la Inquisición de Castilla la Nueva (tribunales de Toledo y Cuenca), CSIC, 1942.
OTERO AIRA, Luis: Las plantas alucinógenas, Paidotribo, Barcelona, 2001.

 

DAIMIEL NOTICIAS

Con el aula del Centro del Agua abarrotada en las dos ponencias del
sábado, y sin plazas desde hace días para asistir a la visita
teatralizada a las Tablas, ni a la cena tematizada en el restaurante Las
Brujas, esta novedosa iniciativa “no podía empezar mejor”. Así lo
aseguraba Jesús Pozuelo, presidente de la asociación turística Tablas de
Daimiel, que organizaba el evento.

Sobre la cita estrella, la visita teatralizada nocturna al Parque
Nacional a cargo de producciones 0’99, Pozuelo aseguraba que se
desarrolló “con toda normalidad y con un respeto absoluto a la
naturaleza”. Además, avanzaba que ante las peticiones que rebasaron el
cupo marcado de 80 plazas, desde la organización se plantean lanzarla de
nuevo en un futuro.

En cuanto al perfil de los participantes en
las actividades, el presidente de la asociación informaba que
“alrededor de un 70%” eran de fuera de la localidad, y que durante esta
semana se les remitirá unos formularios vía mail, donde podrán plasmar
sus impresiones. En cualquier caso, según comentaba Pozuelo la mayoría
ya le expresó personalmente su satisfacción durante la visita guiada del
domingo a Las Tablas”.

Valoración positiva que también
compartía el público de las ponencias del sábado por la mañana, una
sobre el uso medicinal de la vegetación de la ribera del Guadiana a
cargo del etnobotánico Alonso Verde y otra, la que más expectación creó,
sobre la tradición de las brujas en Daimiel, a cargo del periodista e
investigador Javier Pérez Campos, redactor de los programas Milenio 3 y
de Cuarto Milenio.

A todas estas actividades hay que unir la
degustación durante el fin de semana de las tapas especiales elaboradas
por la Pinchoteca Cano’s, el bar Lepanto, la pizzería Don Castello, y
los restaurantes Casa Julián y Las Brujas, cuya demanda durante el
sábado, hizo complicado probarlos el domingo.

Un fin de semana
cargado de turismo y gastronomía al que no faltaba el alcalde Leopoldo
Sierra, quién, al término de la charla sobre las brujas en Daimiel,
expresaba su apoyo a la iniciativa incidiendo en el trabajo de la
organización y en la repercusión positiva en que proporciona al sector
turístico y hostelero de la localidad. “Es muy importante que vean Las
Tablas, el municipio y que, además, coman y pernocten aquí, entre todos
tenemos que conseguir que el turismo sea un motor económico”, concluía. 

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«Dios ha cerrado sus oídos a cuantas plegarias se le dirigen en su presencia. En el invierno, los lobos se reúnen en manadas junto al enebro que la protege para lanzarse sobre las reses; los bandidos esperan a su sombra a los caminantes, que entierran a su pie después que los asesinan, y cuando la tempestad se desata, los rayos tuercen su camino para liarse, silbando, al asta de esa cruz y romper los sillares de su pedestal».

Gustavo A. Bécquer: La cruz del diablo

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