Calavera

 Bebé con cascosiamesesbebé ojos grapadosMáscarasArtista de los siniestro y decadente

Estas aterradoras esculturas de pesadilla son obra de Axel Torvenius, un artista sueco multidisciplinar que se dedica a la pintura digital, a la ilustración, el cómic, la escultura, la fotografía, la animación y el diseño gráfico. Es el propio Torvenius al que le gusta denominar a su trabajo como arte decadente o darkart; en sus obras se mezcla el fetichismo, el horror, el erotismo, lo macabro y lo grotesco. En sus esculturas trambién pueden encontrarse otros temas como el abandono, el anticlericalismo o una sutil crítica soterrada sobre algunos cánones establecidos de nuestra sociedad. De ahí sus personajes deformes y sus “huérfanos”. También destaca su colección de máscaras, a cual más siniestra. Sigue leyendo

Halsman – In Voluptas Mors  

Philippe Halsman, el genial fotógrafo, trabajó en numerosas ocasiones con el no menos genial Salvador Dalí en una serie de fotografías de corte surrealista. Una de ellas fue este inquietante retrato del pintor con una calavera de fondo, emulada con siete desnudos femeninos. Esta es la misma calavera que se puede ver en el póster de la película El silencio de los corderos, sobre la polilla. La idea es buenísima. A mí me gustan, sobre todo, esos “dientes”.

Aquí el making off
El triunfo de la Muerte, de Brueghel el viejo

El triunfo de la Muerte, de Pieter Brueghel, el Viejo

El triunfo de la Muerte, de Brueghel, el Viejo, es uno de mis cuadros favoritos del Museo del Prado. Se encuentra en la planta baja, donde los pintores flamencos del XVI, en la misma sala de El Bosco; precisamente justo enfrente de El jardín de las Delicias. Ya me llamaba la atención de niño desde que lo descubrí en la vieja colección de libros de arte de mi padre; descubrirlo en el Prado y tener la posibilidad de quedarme un rato admirándolo cada vez que paso por allí es uno de esos placeres que te tiene reservados la vida.

En realidad toda la obra de Brueghel el Viejo me encanta. Esos cuadros repletos de personajes, de escenas costumbristas, que casi recuerdan un libro de Dónde está Wally. Te puedes pasar las horas muertas mirándolos y encontrando nuevos detalles: El combate entre don Carnaval y doña Cuaresma, La Torre de Babel, Juegos de niños (este no lo conocía hasta hace poco, pero demuestra cuán poco han cambiado los juegos infantiles a lo largo de los siglos).

La muerte siempre se impone

Con respecto a este cuadro se podría hablar de muchas cosas: del hondo pesimismo que emana de él; de su simbolismo y carga moral -la muerte se impone al final, inevitablemente, sobre todas las cosas mundanas-; del humor y sátira que encierra; del cuadro como alegoría de la guerra, como premonición del largo y cruento conflicto que se cierne sobre los Países Bajos; de la multitud de aspectos cotidianos del Flandes del Renacimiento que se pueden apreciar en la obra… Sin olvidarnos, por supuesto, de su semejanza con las danzas de la muerte medievales, pues tanto el rey como el caballero, el juglar, el clérigo o los amantes del  rincon derecho están destinados al mismo trágico final, sin posibilidad de escape.

Mejor dejo el enlace a su página en la web del Museo del Prado, donde se puede apreciar la obra en altísima resolución y aprender mucho más sobre ella con los textos y explicaciones.

 

El que acecha en el umbral, de Humberto Oramas

«Cadavérico» equivale a pálido y enjuto; «calavérico», a solo huesos unidos entre sí.
«Está calavérico» y «está cadavérico» son frases que se emplean de manera indistinta en el lenguaje hablado, para referirse a una persona que está flaca y pálida. Pero hay que puntualizar que esos adjetivos no pueden funcionar como sinónimos en todos los contextos. Analicémoslos:

«Cadavérico» se relaciona con cadáver, no con calavera. Y aunque los sustantivos «cadáver» y «calavera» aluden a una materia muerta, entre ellos hay algunos matices que los diferencian.

«Cadáver» es un cuerpo muerto que aún tiene volumen y, dependiendo del caso, órganos, miembros, piel, huesos, etcétera. En cambio, «calavera» es el conjunto de huesos (unidos) que componen la cabeza, pero que no tienen carne ni piel. Si estos huesos se separan se clasifican en el grupo de osamenta.

De todo esto se deduce que el adjetivo «calavérico» (no está en los diccionarios) puede interpretarse con los significados de ‘perteneciente a la calavera’, ‘relativo a los huesos de la cabeza (unidos)’.

El DRAE en «cadavérico» pone las acepciones de ‘perteneciente o relativo al cadáver’ y ‘de rostro pálido y macilento como el de un cadáver’. De ahí que una persona que tiene el rostro descolorido no está «calavérica» sino «cadavérica».

Cáptese que en «cadavérico» está resumido todo: los matices de pálido, delgado, huesudo, enfermo, desnutrido, escuálido, flaco, macilento, esquelético, etcétera. Y si esto es así, ¿por qué no evitamos el uso del otro adjetivo, en contextos similares a los de este análisis?

Artículo de Piedad Villavicencio Bellolio publicado en El Universo, 22/08/2010. Tomado de la FUNDEU

In ictu oculi – En un abrir y cerrar de ojos

Juan de Valdés Leal es un pintor barroco sevillano de la segunda mitad del XVII. Interesado por temáticas macabras, tétricas y grotescas y composiciones de fuerte dramatismo, su estilo se caracteriza por el uso de una iluminación tenebrista y un colorido brillante y por la búsqueda de expresividad por encima de la corrección formal.
In ictu oculi y Finis gloriae mundi son dos obras que conforman lo que se denomina Jeroglíficos de las postrimerías, obras que tratan sobre la fugacidad de la vida terrenal y la inevitable de la muerte. Sólo los que practican obras de caridad consiguen la salvación eterna. Los cuadros los pintó entre 1671 y 1672 para la iglesia del Hospital de la Caridad de Sevilla.

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Gustavo A. Bécquer: La cruz del diablo