Cementerio

Pintor académico francés de corte tradicionalista, Bouguereau se interesó especialmente por pintar escenas de mujeres y realizar interpretaciones modernas de temas mitológicos clásicos,  dando siempre gran énfasis al cuerpo femenino. Creó un mundo idealizado que pintaba con un estilo muy realista. Fue famoso en su tiempo, aunque poco apreciado por la crítica, que por entonces andaba entusiasmada con los impresionistas.
Para saber más:
Biografía en la Wikipedia
Galería de obras

Noviembre, mes de difuntos, de visitas al cementerio, de otoñales paseos melancólicos entre nichos y lápidas que empiezan a cubrirse de hojas caídas, amarillas y muertas. ¿Qué mejor momento para conocer unas cuantas tumbas de artistas y escritores? Comienzo esta nueva serie de entradas con algunos autores españoles:

Aquí enterraron de balde
por no hallarle una peseta…
-No sigas, era poeta.

Epitafio por Martínez de la Rosa

Tumba de espronceda

Espronceda, paradigma de poeta romántico. Enterrado primeramente en el cementerio de San Nicolás, en 1902 fue trasladado al Panteón de Hombres Ilustres de la Sacramental de San Justo.

Lápida de Larra
En el mismo Panteón de Hombres Ilustres encontramos la tumba del otro escritor romántico español por excelencia: Mariano José de Larra. Comparte sepultura, además, con otro grande de la literatura española, Ramón Gómez de la Serna, ese mago del lenguaje de las vanguardias.

 

Miguel Hernández, el poeta del pueblo, republicano de corazón, fue encarcelado por el régimen franquista y murió en un penal alicantino. Lo enterraron en el nicho número mil nueve del cementerio de Nuestra Señora del Remedio de Alicante. Con posterioridad, sus restos fueron trasladados, junto a los de su mujer y su hijo, al sepulcro actual del mismo cementerio.

 

Juan Ramón Jiménez, el poeta que buscaba la poesía pura, desnuda, verdadera, el padre de Platero, nuestro nobel tan querido, está enterrado en el cementerio de su pueblo natal onuvense, Moguer, junto a su mujer Zenobia.

 

Tumbas de escritores: hermanos Bécquer

No podía olvidarme, en esta primera entrega, del escritor que da nombre a este blog. Bécquer está enterrado junto a su hermano, el pintor Valeriano Domínguez Bécquer, en el Panteón de Sevillanos Ilustres, aunque en un inicio se encontraban en la antigua capilla de la Universidad de Sevilla.

 

Por último, la tumba de ese hombre bueno «en el buen sentido de la palabra». Antonio Machado está enterrado junto a su madre en el cementerio de Collioure, donde habían llegado huyendo de la guerra, y donde, a los pocos días, el 22 de febrero de 1939, la muerte le encontró «ligero de equipaje», como él mismo presagiaba en estos famosos versos de Campos de Castilla:

Y cuando llegue el día del último vïaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.


Si te ha gustado este artículo, quizá quieras conocer también la tumba de otro gran escritor, el hacedor de mundos Tolkien, en este enlace.

Solo la muerte, de Rubén Darío

 

 

Hay cementerios solos,
tumbas llenas de huesos sin sonido,
el corazón pasando un túnel
oscuro, oscuro, oscuro,
como un naufragio hacia adentro nos morimos,
como ahogarnos en el corazón,
como irnos cayendo desde la piel al alma.

Hay cadáveres,
hay pies de pegajosa losa fría,
hay la muerte en los huesos,
como un sonido puro,
como un ladrido sin perro,
saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas,
creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia.

Yo veo, solo, a veces,
ataúdes a vela
zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas,
con panaderos blancos como ángeles,
con niñas pensativas casadas con notarios,
ataúdes subiendo el río vertical de los muertos,
el río morado,
hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte,
hinchadas por el sonido silencioso de la muerte.

A lo sonoro llega la muerte
como un zapato sin pie, como un traje sin hombre,
llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo,
llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta.
Sin embargo sus pasos suenan
y su vestido suena, callado, como un árbol.

Yo no sé, yo conozco poco, yo apenas veo,
pero creo que su canto tiene color de violetas húmedas,
de violetas acostumbradas a la tierra
porque la cara de la muerte es verde,
y la mirada de la muerte es verde,
con la aguda humedad de una hoja de violeta
y su grave color de invierno exasperado.

Pero la muerte va también por el mundo vestida de escoba,
lame el suelo buscando difuntos,
la muerte está en la escoba,
es la lengua de la muerte buscando muertos,
es la aguja de la muerte buscando hilo.
La muerte está en los catres:
en los colchones lentos, en las frazadas negras
vive tendida, y de repente sopla:
sopla un sonido oscuro que hincha sábanas,
y hay camas navegando a un puerto
en donde está esperando, vestida de almirante.

Pablo Neruda

Altar de muertos para el Día de muertos

Pues sí, hoy, Día de Difuntos, en México es denominado también Día de Muertos. Se trata de una celebración muy importante que conjuga elementos cristianos y prehispánicos. Y como mi novia es mexicana, estos últimos años he vivido de cerca como se realizan algunas de las celebraciones, sobre todo lo referente a la preparación del altar de muertos. La lejanía de tu país siempre hace que te aferres más a sus tradiciones.

En Mexico la muerte es sentida como una etapa más de la existencia. Ha sido siempre así, desde tiempos precolombinos. Por eso en esta fecha de lo que se trata es de compartir un poco de tu vida diaria con los muertos. Se visita el cementerio, como en otros lugares del mundo, pero no sólo se llevan flores o se reza: se lleva comida para disfrutarla en compañía de los difuntos, se charla animosamente con ellos y hasta se llevan músicos. Impresiona ver como algunos viejitos mayas desentierran a sus mujeres o maridos fallecidos y les limpian los huesos y peinan los cabellos de la calavera para que estén guapos.

En fin, que se trata de una celebración de tintes festivos. Los mexicanos en estos días conviven con la Muerte, juegan o incluso se burlan de ella, porque la Muerte teme a los que tienen muchas ganas de vivir. “El muerto al cajón y el vivo al fiestón” como se dice por allá. Un ejemplo de este tomarse en broma la muerte son las famosas calaveritas. Las calaveritas son pequeños estrofas rimadas de tono satírico o burlón en las que se ridiculiza a cualquier personaje vivo, sobre todo de la política o la sociedad. Parecido a lo que aquí se hace en Carnaval. También se cuelgan por las paredes dibujos divertidos sobre la Muerte y se toman calaveritas de dulce, y pan de muerto, platillos especiales para estos días.

Imagen tomada de la página del Gobierno de Yucatán

1 de noviembre

Primero de noviembre. Es el día de la visita al cementerio. A mí me gusta la idea de cementerios solitarios, melancólicos, silenciosos. Hoy, sin embargo, se llenan de colorido, de fragancias florales y de bullicio. Hay vivos por todas partes. Sabemos que el resto del año la mayoría de las tumbas se quedan solas y abandonadas. Hoy las familias competirán por colocar el ramo de flores más impresionante sobre la lápida; mañana, nos volveremos a encontrar con un lugar tranquilo y desolado. Y entonces vendrán muy a cuento aquellos versos de Bécquer que dicen: “¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!”.

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«Dios ha cerrado sus oídos a cuantas plegarias se le dirigen en su presencia. En el invierno, los lobos se reúnen en manadas junto al enebro que la protege para lanzarse sobre las reses; los bandidos esperan a su sombra a los caminantes, que entierran a su pie después que los asesinan, y cuando la tempestad se desata, los rayos tuercen su camino para liarse, silbando, al asta de esa cruz y romper los sillares de su pedestal».

Gustavo A. Bécquer: La cruz del diablo

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