Cuadro

A mi padre le ha dado en estos últimos meses por dejar a un lado tanto paisaje manchego y dedicarse a lo que hacía cuando yo estaba en mi más tierna infancia: pintar fantasías y paisajes imposibles o de ciencia ficción. Creo que, en realidad, es con lo que más difruta. Y es lo que más me gusta de él. En parte, porque creo que estos cuadros y las historias que me contaba sobre ellos me ha ayudado a forjarme tal y como soy. Así que hoy dejo aquí un par de sus últimas obras para el disfrute de todos:

El hacedor de lluvias
(que por fin este año se decidió a actuar aquí, en la Mancha más seca)
Paisaje 004

Por cierto, para quien no lo sepa: mi padre es Juan Gallego, acuarelista; y por si no se ha notado todavía, me siento muy orgulloso de él. : )

Duelo a garrotazos – Francisco de Goya

En España no nos han gustado mucho esas cursilerías del estoque y la pistola: dos hombres enterrados hasta las rodillas, dos bastontes de buena madera, y con suerte alguno saldrá vivo. Patética y desgarradora escena que roza el expresionismo. Las Dos Españas, siempre enfrentadas… ¿Acabará algún día?
Una de las Pinturas negras de la Quinta del Sordo. Se puede visitar, como las demás, en el Museo del Prado.

El triunfo de la Muerte, de Brueghel el viejo

El triunfo de la Muerte, de Pieter Brueghel, el Viejo

El triunfo de la Muerte, de Brueghel, el Viejo, es uno de mis cuadros favoritos del Museo del Prado. Se encuentra en la planta baja, donde los pintores flamencos del XVI, en la misma sala de El Bosco; precisamente justo enfrente de El jardín de las Delicias. Ya me llamaba la atención de niño desde que lo descubrí en la vieja colección de libros de arte de mi padre; descubrirlo en el Prado y tener la posibilidad de quedarme un rato admirándolo cada vez que paso por allí es uno de esos placeres que te tiene reservados la vida.

En realidad toda la obra de Brueghel el Viejo me encanta. Esos cuadros repletos de personajes, de escenas costumbristas, que casi recuerdan un libro de Dónde está Wally. Te puedes pasar las horas muertas mirándolos y encontrando nuevos detalles: El combate entre don Carnaval y doña Cuaresma, La Torre de Babel, Juegos de niños (este no lo conocía hasta hace poco, pero demuestra cuán poco han cambiado los juegos infantiles a lo largo de los siglos).

La muerte siempre se impone

Con respecto a este cuadro se podría hablar de muchas cosas: del hondo pesimismo que emana de él; de su simbolismo y carga moral -la muerte se impone al final, inevitablemente, sobre todas las cosas mundanas-; del humor y sátira que encierra; del cuadro como alegoría de la guerra, como premonición del largo y cruento conflicto que se cierne sobre los Países Bajos; de la multitud de aspectos cotidianos del Flandes del Renacimiento que se pueden apreciar en la obra… Sin olvidarnos, por supuesto, de su semejanza con las danzas de la muerte medievales, pues tanto el rey como el caballero, el juglar, el clérigo o los amantes del  rincon derecho están destinados al mismo trágico final, sin posibilidad de escape.

Mejor dejo el enlace a su página en la web del Museo del Prado, donde se puede apreciar la obra en altísima resolución y aprender mucho más sobre ella con los textos y explicaciones.

 

Suscríbete al blog

Y recibirás los artículos de Senderos Ocultos directamente en tu correo electrónico.

Archivos

Eres un erudito de historias secretas, una investigadora de libros polvorientos, o un saqueador de relatos...

Eres una cazadora de brujas, un arquólogo de lo grotesco o una tejedora de mitos y leyendas...

¡Bienvenidos! Habéis llegado al lugar indicado: un rincón donde se unen los senderos ocultos del arte, la música, la literatura y la historia.

«Dios ha cerrado sus oídos a cuantas plegarias se le dirigen en su presencia. En el invierno, los lobos se reúnen en manadas junto al enebro que la protege para lanzarse sobre las reses; los bandidos esperan a su sombra a los caminantes, que entierran a su pie después que los asesinan, y cuando la tempestad se desata, los rayos tuercen su camino para liarse, silbando, al asta de esa cruz y romper los sillares de su pedestal».

Gustavo A. Bécquer: La cruz del diablo

187023
visitas desde 2007

Follow me on Blogarama