Decadentismo

Yo fui un niño enfermizo, pálido y enlutado,

que demasiado pronto conoció la tristeza

del trágico y grotesco dolor de la pobreza.

Yo he dormido en los bancos de un parque abandonado.

Y con la flor de toda la andante picardía

aprendí que la vida es demasiado dura,

cuando hay que conquistarla en constante aventura,

venciendo a la miseria un día y otro día.

Yo fui un niño enfermizo, pálido y mendicante,

sin otro camarada que algún can trashumante

del arroyo, en la eterna, negra desolación.

El dolor fue el maestro que me enseñó a ser bueno,

¡pobre niño poeta!, y ¡floreció en el cieno

mi verso, como un lirio divino de emoción!


Emilio Carrere, de La canción de las horas.

el mal poema de Manuel Machado

Ya me ha dado la experiencia
esa clásica ignorancia
que no tiene la fragancia
del primero no saber.
¡Oh la ciencia de inocencia!
¡Oh la vida empedernida!…
Desde que empezó mi vida
no he hecho yo más que perder.

Ya mis ojos se han manchado
con la vista de lo feo.
No creía… Y ahora creo
en todo y en algo más.
He querido serlo todo
y ya ni sé si soy algo…
De lo que dicen que valgo
no me he creído jamás.

Escritor irremediable,
tengo la obsesión maldita
de la vil palabra escrita
en el odioso papel.
Y mi ingenio -¡el admirable!-
en mi martirio se ingenia…
Con él y mi neurastenia
llevo el alma a flor de piel.

Apenado, sin dolores.
Amoroso, sin mujeres.
Libertino, sin placeres,
y rendido, sin reñir.
Ando, amante sin amores,
con mi juventud podrida,
por la feria de la vida,
sin llorar y sin reír.

La gloria… ¡para mañana!
¿El dinero? Yo no quiero
placeres por mi dinero…
La voluntad… ¡Es verdad!
Con ella todo se gana;
borra montes, seca pontos…
Yo no he visto más que tontos
que tuvieran voluntad.

Y ahora, en mitad del camino,
también me cansa el acaso.
… Perdí el ritmo de mi paso
y me harté de caminar.
La voluntad y el destino
diera por una bicoca…
– Y yo…
– Tú, calla. ¡Tu boca
es sólo para besar!

Manuel Machado, de El mal poema

Más feísmo modernista en este nocturno madrileño de Manuel Machado:

fauna del nocturno madrileño

De un cantar canalla
tengo el alma llena,
de un cantar con notas monótonas, tristes
de horror y vergüenza.
De un cantar que habla
de vicio y de anemia,
de sangre y de engaño, de miedo y de infamia,
¡y siempre de penas!

De un cantar que dice
mentiras perversas…
De pálidas caras, de labios pintados
y enormes ojeras.
De un cantar gitano,
que dice las rejas
de los calabozos y las puñaladas,
y los ayes lúgubres de las malagueñas.

De un cantar veneno,
como flor de adelfa.

De un cantar de crimen,
de vino y miseria,
oscuro y malsano…
cuyo son recuerda
esa horrible cosa que cruza de noche
las calles desiertas.

Manuel Machado: El mal poema

poeta decadente

Poeta decadente, de Picasso

Yo, poeta decadente,
español del siglo veinte,
que los toros he elogiado,
y cantado
las golfas y el aguardiente…,
y la noche de Madrid,
y los rincones impuros,
y los vicios más oscuros
de estos bisnietos del Cid:
de tanta canallería
harto estar un poco debo;
ya estoy malo, y ya no bebo
lo que han dicho que bebía.

Porque ya
una cosa es la poesía
y otra cosa lo que está
grabado en el alma mía…

Grabado, lugar común.
Alma, palabra gastada.
Mía… No sabemos nada.
Todo es conforme y según.

Manuel Machado, de El mal poema

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«Dios ha cerrado sus oídos a cuantas plegarias se le dirigen en su presencia. En el invierno, los lobos se reúnen en manadas junto al enebro que la protege para lanzarse sobre las reses; los bandidos esperan a su sombra a los caminantes, que entierran a su pie después que los asesinan, y cuando la tempestad se desata, los rayos tuercen su camino para liarse, silbando, al asta de esa cruz y romper los sillares de su pedestal».

Gustavo A. Bécquer: La cruz del diablo

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