Edad Media

Con el castillo de Loket reanudo esta serie de entradas que tenía algo olvidadilla; una fortaleza que lo mismo nos sirve para ambientar cuentos de hadas como historias de terror.

el castillo de loket

Crédito: wikipedia

Loket es una localidad muy pintoresca de la Bohemia checa, cerca de la frontera con Alemania. Su casco antiguo se encuentra situado sobre una loma que un pronunciado meandro del río Ohre rodea casi por completo. Desde lo alto, sobre una pared rocosa, el castillo domina el pueblo y los bosques circundantes.

Lo que se ve en la actualidad es un buen ejemplo de castillo gótico centroeuropeo, pero el castillo original, construido en la segunda mitad del siglo XII, se levantó siguiendo el estilo románico.  Este castillo primitivo comprendía dos torres, una iglesia y un edificio grande.  En ese tiempo ya adquirió renombre como bastión fronterizo del recién nacido reino de Bohemia.

Loket castle

La casa del Margrave – Crédito: wikipedia

A partir de 1250, el castillo se amplió gradualmente y fue remodelado hasta convertirse en una fortaleza gótica. En esa época fue frecuentado a menudo por la familia real. Era el castillo favorito del emperador Carlos IV, del Sacro Imperio, al que le gustaba pasar en él largas temporadas para descansar y cazar. Y eso a pesar de que, de niño, estuvo confinado en su interior por su propio padre, el rey Juan de Luxemburgo. El pequeño príncipe pasó dos meses encerrado en las bodegas.

Liebscher Karel – Castillo sobre río

En el siglo XV, en el curso de las guerras las guerras husitas, el castillo fue atacado varias veces por los revolucionarios, pero nunca pudieron tomarlo. Sin embargo, la misma dinastía Luxemburgo lo terminó hipotecando cuando se vio falta de dinero. De este modo, el castillo pasó por varias manos a lo largo de más de 100 años, hasta que la propiedad volvió al concejo a principios del XVII.

La fortaleza se tuvo que reconstruir varias veces debido a los incendios y a las marcas de la guerra, y se siguió ampliando durante el Renacimiento. También sufrió los embates de la guerra de los Treinta Años en el siglo siguiente. A principios del siglo XIX, el castillo fue reconvertida prisión, función que mantuvo hasta la Segunda Guerra Mundial, durante la cual se habilitó allí un campo de prisioneros.

castillo de Loket desde el río

El castillo desde la otra orilla del Ohre – Crédito: wikipedia

En otro de los edificios, los hermanos Haidinger fundaron una fábrica de porcelana en 1805. Más tarde se ubicó un museo en la Casa del Margrave, en 1907. La exposición de porcelana fina está abierta al público y ha sido bastante famosa.

En las décadas finales del XX, se llevó a cabo un importante trabajo de reconstrucción y mantenimiento, y desde 1993 el castillo de Loket ha sido accesible al público durante todo el año. Además de la exposición de porcelana, en las mazmorras hay ubicado un museo de la tortura bastante impresionante.

                            Imagen del museo de la tortura de Loket Museo de la tortura. Cepo
Fotografías del museo de la tortura. Crédito: Jim Linwood

 

Página oficial del Castillo de Loket

Después de pensarlo un poco, he creado en Redbubble una línea de productos con motivos o temática de carácter histórico. He decidido comenzar por camisetas con motivos entresacados de iluminaciones medievales de diversos códices, pero ya tengo en la cabeza varias y jugosas ideas. A ver si puedo llevarlas a cabo. Por el momento dejo aquí algunos ejemplos.

Camiseta medieval, t-shirt

 

Camiseta de temática medieval

 

Camisetas inspiradas en miniaturas de la Edad MediaPero estos motivos de temática medieval no solo se pueden aplicar a camisetas y otras prendas de vestir, sino una amplia variedad de productos del hogar. Estos diseños quedan muy bien, por ejemplo, sobre cojines y tazas, por ejemplo. En cuanto pueda también quiero crear patrones para adaptarlos a cortinas y colchas.

Estaba esta tarde revisando los archivos del blog para seguir actualizando algunas de las entradas, y me he dado cuenta de que tengo bastante abandonado el tema de la brujería. De la brujería histórica. Fue uno de los pilares en los que se apoyó los inicios del blog, cuando se llamaba La cruz del diablo; para algo había trabajado yo en el tema. Pero veo que no he vuelto a tratar el tema en serio desde el artículo sobre las hierbas de las brujas. Y como me parece muy mal, y me apetece volver a empaparme de este tema, he decidido empezar una serie sobre la brujería y las cazas de brujas.

las cazas de brujas

Todavía persiste la idea de que la persecución de las brujas era algo típico de la Edad Media. Sin embargo, aunque tuviesen lugar durante este periodo ataques puntuales contra practicantes de magia negra, no hubo un pánico generalizado ni una caza sistemática como la que se dio durante la época de la denominada “brujomanía”. El fenómeno de la brujería es un fenómeno moderno. Cuando me refiero a “brujería moderna”, me refiero a la brujería y las persecuciones de brujas durante la Edad Moderna (S. XVI-XVIII). Aunque sus precedentes sí que se pueden buscar en la Baja Edad Media, sobre todo la configuración de los fundamentos intelectuales que respaldarían, unos siglos más tardes, las grandes persecuciones y matanzas.

Para tratar de facilitar el acceso a los contenidos y dejar todo de una manera ordenada y muy bonita, esta entrada servirá como índice de enlaces a todos los artículos. Aunque intentaré ponerme las pilas, no sé cuánto tardaré (iré alternando con otras temáticas en el blog), y es posible que también deje enlaces a algún post anterior.

Pero bueno, el programa será más o menos el siguiente:

  • Introducción. Características de la brujería
  • Brujería, hechicería y curanderismo
  • Hacia un concepto acumulativo de la brujería
  • Las actividades de las brujas. Los maleficia
  • El pacto con el diablo y el aquelarre
  • El vuelo y la metamorfosis
  • ¿Quiénes eran, en realidad, las brujas?
  • Cambios legales que propiciaron las persecuciones
  • Renacimiento y Reforma
  • Guerra, hambre, peste y brujas
  • El fin de las grandes persecuciones
  • Las fases de una caza de brujas
  • Geografía de la caza de brujas
  • Inquisición y brujería
  • La persecución de las brujas en España
  • Bibliografía básica para el estudio de la brujería

Pues sí, Máelbrigte, noble escocés del siglo IX, no ganó batallas después de muerto como el Cid, pero al menos acabó con su asesino. ¡Y usando solo su cabeza!

Máelbrigte, el picto

Poco se sabe de este tal Máelbrigte: que quizá era de origen picto, que actuaba como caudillo en las tierras de Moray, un señorío en la costa del norte de Escocia (quizá fuese un mórmaer, una especie de gobernador provincial), y que se enfrentó a Sigurd, el Poderoso, jarl o señor de las islas Orcadas. Bueno, sí; se sabe también que, debido a su dentadura prominente, le habían puesto el apodo de “el Dentudo”. Todo esto se cuenta en la Saga de los Orcadenses, un relato, mezcla de historia y leyenda, sobre el dominio de los vikingos noruegos sobre estas islas y sus posteriores conquistas.

Como decimos, Sigurd Eysteinsson era jarl de las islas Orcadas, territorio dependiente de un reino de Noruega recientemente unificado por el rey Harald I. Sigurd había heredado las posesiones de su hermano, y muy pronto quiso aumentar sus dominios. Puso sus ojos en las costas escocesas, que le pillaban cerquita y, a partir del año 872 comenzó con las incursiones.

Hacia el 890, en el curso de su campaña sobre Moray, seguramente para acabar rápido y evitar muertes excesivas, el caudillo noruego desafió al escocés a una especie de duelo múltiple concertado, un enfrentamiento, en una fecha y lugar señalados, al que cada uno podía ir acompañado de sus cuarenta mejores guerreros. Allí lucharían hasta la muerte, y el vencedor se quedaría con los dominios de su adversario.

El guerrero escocés traicionado

El caso es que Sigurd sería muy poderoso, pero también muy traicionero, y acudió al combate con el doble de hombres de lo convenido. Se cuenta que Máelbrigte vio desde lejos que cada uno de los caballos de la tropa de Sigurd mostraba dos piernas en el flanco y se dio cuenta de la traición, así que arengó a sus hombres y, como buen guerrero escocés, les exhortó a matar al menos a un enemigo antes de caer. La lucha que siguió a continuación fue feroz, pero los escoceses no pudieron evitar la derrota y todos fueron abatidos.

guerrero noruego contra guerrero escocés

Ilustración de Halfdan Egedius

Después del combate, Sigurd decapitó a Máelbrigte y ató su cabeza a su silla de montar con una correa. Era un trofeo de conquista pero también una advertencia para cualquier noble desafiante de la zona que reconociese la cabeza por su famosa dentadura. Sin embargo, conforme el noruego regresaba a casa, se fraguaba la venganza de Máelbrigte. Sus dientes, prominentes y afilados, sobresalían de la cabeza y arañaban a Sigurd en la pierna mientras cabalgaba. Con el paso de las jornadas, el roce repetido terminó por abrir herida, y la pestilencia de la cabeza podrida provocó una grave infección que se llevó a Sigurd al otro barrio. Poco pudo disfrutar de su victoria; Máelbrigte había vengado de forma póstuma aquella traición, y Sigurd Eysteinsson, el Poderoso, pasó a la historia por tener una de las muertes más absurdas.

Fuentes:

http://www.medievalists.net/2014/05/top-10-strangest-deaths-middle-ages

WESTWOOD & KINGSHILL: The Lore of Scotland: A guide to Scottish legends, Radom House, 2012

 

Siempre que he ido al Museo del Prado, me he topado con que El jardín de las delicias, del Bosco, es la obra más difícil de admirar con tranquilidad debido a la cantidad de gente que se apelotona delante del tríptico. Supongo que la mejor manera debe de ser llegar de los primeros a la cola, justo a la hora de apertura, e ir directamente a esa sala.

Por eso hoy traigo una alternativa para aquellos que nos hemos sentido algo frustrados al salir del museo: una página web con un documental interactivo sobre una imagen en alta resolución de la obra. Pero altísima; la pintura se puede ampliar hasta niveles asombrosos. Hay que probarlo para hacerse una idea, uno puede recrearse en detalles que no se aprecian a simple vista, y sin una multitud empujando. Se tiene la opción de revisar la tabla libremente o seguir el tour interactivo con audioguía y textos que explican las distintas escenas, y que nos ayudan a comprender lo que era vivir en la Baja Edad Media y la importancia de la religión, la moral y el pecado en la vida cotidiana. Aquí está el enlace a esta maravilla.

Más cerca

Todavía más cerca

El documental se concibió como parte de los homenajes y estudios que se hicieron el año pasado en torno al pintor flamenco con motivo del V centenario de su muerte. Sus autores lo describen como un viaje audiovisual, en el que imagen, música y voz se unen para enriquecer la narración. En realidad, esta aplicación forma parte de un proyecto mayor, un “tríptico” multimedia de tres documentales sobre el autor y sus creaciones llevado a cabo por los holandeses de Pieter van Huystee Film. A esta visita interactiva hay que añadir el documental tradicional Jheronymus Bosch, Touched by the Devil, que revela nuevos descubrimientos sobre toda su obra, y un proyecto de inmersión dentro de El jardín de las delicias mediante realidad virtual, Jheronimus Bosch, the Eyes of the Owl, que parece estar todavía en proceso.

Documental El Bosco, tocado por el diablo

(Pinchad en el póster para acceder al trailer del documental)

La obra más enigmática del Bosco

El jardín de las delicias es, seguramente, la obra más conocida y atrayente de Hieronymus Bosch. Se trata de un tríptico, óleo sobre tabla, que la mayoría data en la última década del siglo XV.

Obra compleja, enigmática y llena de simbolismo, ha sido objeto de multitud de interpretaciones a lo largo de la historia, aunque parece que la teoría moralista es la de mayor peso entre los estudiosos. En el tríptico cerrado (que no se suele ver) está representada una escena de la creación del mundo. El documental interactivo nos permite cerrar “virtualmente” la obra para apreciarlo.

Imagen del tríptico cerrado

Imagen del tríptico cerrado

La obra abierta, la que se aprecia en el Prado, nos muestra tres escenas muy coloridas y repletas de construcciones y criaturas extrañas, que van aumentando su presencia de izquierda a derecha. Las tres partes tienen como denominador común el pecado. En el panel de la izquierda se representa el jardín del Edén y la presentación de Eva a Adán, antes del pecado original. Aunque predomina una sensación de placidez y sosiego, hay algunos elementos que anuncian que algo no va del todo bien. En el plano que hay más atrás, podemos vislumbrar ya a la serpiente, enrollada al árbol del bien y del mal. Y la violencia comienza a desatarse entre algunos animales.

El jardín de las delicias, tríptico abierto

Tríptico abierto

En el panel central, de una gran carga erótica, se representa ese “jardín de las delicias”, el paraíso engañoso de los vicios. Se nos muestra a través de numerosas escenas de muchachos y muchachas desnudos, manteniendo relaciones, o practicando diversos juegos eróticos, mientras se mezclan con criaturas salvajes o fantásticas. El ser humano ha perdido la gracia y ha sucumbido al pecado. Aparecen extrañas construcciones y grandes frutas que representan el carácter efímero de la felicidad o el goce de esos placeres pecaminosos. Las aves gigantes también tienen simbología sexual.

El panel derecho representa el infierno. Un infierno en el que los instrumentos musicales parecen tener una importancia especial a la hora de torturar a los pecadores. Aparece ese mundo dantesco y demoníaco en el que se castigan los distintos vicios y pecados capitales: la gula, la avaricia, la envidia, el juego, la lascivia… Si el primer panel significaba el principio, aquí tenemos el fin.

Para saber más

1212 Las navas de tolosa

1212. Las Navas de Tolosa

  • Autor: Jesús Cano de la Iglesia
  • Editorial: Ponent Mon
  • Páginas: 76
  • Encuadernación: Tapa dura
  • Tamaño: 212 x 292 mm
  • Precio 18 €

 

El 16 de julio de 1212 un ejército cruzado dirigido por Alfonso VIII de Castilla, con la colaboración de Pedro II de Aragón y Sancho VII de Navarra, se enfrentaba en Sierra Morena a un ejército musulmán comandado por el califa almohade al-Nasir. Fue un choque campal que pronto sería conocido como la batalla de Las Navas de Tolosa, y considerado decisivo a la hora de marcar el inicio del fin de al-Andalus y facilitar a la postre el triunfo definitivo de la Cristiandad en la Península Ibérica.

Este enfrentamiento, posiblemente el más espectacular de la llamada Reconquista, merecía una obra gráfica como la que ahora tiene el lector en sus manos, que permite conocer y visualizar todos los pormenores de la campaña que llevó a la batalla. El autor, profesor de Historia también, nos propone una narración que conjuga el valor de la historieta clásica con el rigor historicista producto de una larga labor de documentación, a través de una puesta en escena que presenta una suma de personajes ficticios e históricos para amenizar el relato.

En cuanto tuve noticia de este cómic supe que debía poseerlo. Desde hace un tiempo me ando documentando sobre la época almohade, entre los siglos XII y XIII, y las viñetas que se mostraban de esta obra me daban una muy buena impresión. Así que fue el regalo que le pedí a los reyes, y los reyes cumplieron. Desde luego, no me equivocaba.

1212 Las navas de Tolosa es un cómic de carácter histórico escrito y dibujado por Jesús Cano de la Iglesia, un profesor extremeño de Historia cuyo objetivo es la divulgación de la historia de una manera amena para que llegue a un público lo más amplio posible. No es la primera incursión en el mundo del cómic de Jesús; en 2009 ya publicó la ficción histórica Alfonso Guzmán. Entre moros, judíos y conversos. También ha realizado ilustraciones de carácter bélico medieval sobre la batalla de Alarcos o la toma de Sevilla por Fernando III.

El cómic viene precedida por una breve introducción, un texto de un par de páginas escrito por Martín Alvira Cabrer, de la Universidad Complutense de Madrid, acompañadas con fotos de armas y un par de miniaturas de códices medievales (creo que del códice florentino de las Cantigas de Alfonso X).

Miniatura orden de Calatrava y Orden de Santiago

Caballeros de Calatrava y Santiago preparándose para la batalla

El argumento es sencillo. En realidad, el guion no es nada del otro mundo: se cuenta la campaña que terminó en la batalla de las Navas de Tolosa el 16 de julio de 1212. Comienza con una breve escena en la que los caballeros de Salvatierra son convocados en Toledo para iniciar la cruzada contra los almohades, pero el autor pasa enseguida a situarnos en el contexto histórico. Nos presenta a los personajes reales que participaron en el evento y luego nos narra los acontecimientos de los dos últimos años que han llevado a la situación actual. Se sucede información sobre Alfonso VIII de Castilla, el arzobispo de Toledo Rodrigo Jiménez de Rada, el señor de Vizcaya, don Diego López de Haro, mano derecha del rey, sobre el arzobispo de Narbona, Arnau Amalric, uno de los impulsores de la cruzada albigense, y sobre los reyes de Aragón y Navarra, Pedro II y Sáncho VII, el fuerte, y el califa almohade Muhammad al-Nasir. Se nos da información sobre los almohades, la batalla de Alarcos, las alianzas entre reyes, la pérdida de Salvatierra, la preparación de la cruzada y de la yihad… Un narrador en tercera persona es el que nos lo cuenta todo.

mezquita

Llamando a la guerra santa

En estas primeras páginas, la lectura es más lenta debido a la cantidad de información. Aunque esto no importará a los más aficionados a la historia, es posible que tanta narración resulte algo pesada para alguno. Por eso, Jesús aprovecha también para presentarnos unos personajes ficticios que “acompañan” a los históricos, de uno y otro lado: el caballero de Salvatierra/Calatrava don Nuño, Álvaro, su escudero, y el noble cordobés Abu Ibrahim. Ellos humanizan el conflicto, muestran sus contradicciones; con ellos tenemos la mirada del hombre de a pie. Pero solo se desarrolla un poco más la figura del escudero, que va descubriendo la cantidad de intereses que mueven la guerra por delante de la fe.

Las pequeñas pinceladas de la vida de estos personajes amenizan la historia en estas primeras páginas más densas. Alivian un poco al lector de la absorción de tanta información. No obstante, toda la trama va a girar alrededor de los reyes y su círculo, que serán los que lleven la voz cantante. En este aspecto me llevé una pequeña decepción, pues me esperaba un rey Sancho más enorme y fornido. Sancho el Fuerte era más joven que el rey Alfonso, pero aquí parece mayor que él.

Una vez presentados los personajes y conocidos los antecedentes, el autor nos trae de nuevo al presente, a Toledo. El guion a partir de aquí es ya lineal; la campaña se va desarrollando ante nosotros: el asalto de Malagón, la matanza subsiguiente, la toma de Calatrava, el enfado de los ultramontanos, la marcha a través de Sierra Morena… Y la batalla, claro, que ocupa más de un tercio de las páginas de álbum. Se nota bastante la diferencia de ritmo entre la primera mitad del cómic, de lectura más lenta, con grandes cartelas repletas de texto, y la segunda, donde la lectura se agiliza y comienzan a aparecen enormes viñetas llenas de acción y con poco o ningún texto.

López de Haro

La carga de López de Haro

Jesús Cano se considera un divulgador de la historia, como docente y como autor. Y, desde la infancia, le apasiona en particular, el periodo de la Edad Media. Y se nota en el cómic. Ha intentado ser riguroso y evitar todo aquello que suene a legendario. Exite en esta obra un gran trabajo previo de documentación; se ve en el dibujo de los edificios, vestimentas, utensilios… en el mimo por presentar los detalles a la hora de recrear el ambiente. No quiere caer en errores. Sigue leyendo

Hace poco terminé la novela Baudolino, de Umberto Eco (de la que debo una reseña, por cierto). En ella se trata, entre otros, el tema del tráfico de reliquias durante la Edad Media. Y me ha parecido interesante indagar un poco más en este aspecto de la historia de la Iglesia, que en el medievo llegó a extremos disparatados, y que fue uno de los aspectos criticados más adelante por los movimientos de reforma.

Las reliquias de los santos: su porqué

Para entrar un poco en materia, las reliquias cristianas serían todos aquellos vestigios de cuerpos santos o de objetos que estuvieron en contacto con ellos, y que por eso son dignos de veneración. También se aplicó a los restos y todo lo que se hubiera relacionado directamente con los apóstoles, Jesucristo o la Virgen María; y a otro tipo de piezas o entidades santas más peregrinas. Se denominan ex ossibus, ‘de los huesos’, ex carne, ‘de la carne’ y ex pilis, si se trata de cabellos; ex vestibus, si forma parte de las vestiduras, ex capsa, ‘del féretro’ o  a contactu si fue tocada o estuvo en contacto con el cuerpo del venerado.

Desde los primeros tiempos, la religiosidad cristiana, sobre todo la más popular, trató de apoyarse en elementos más o menos tangibles que reforzasen la fe: edificaciones, imágenes, milagros, reliquias… Por lo que respecta a estas últimas, su culto se convirtió en una parte importante de un cristianismo incipiente que estaba constituyendo la identidad de la Iglesia.

Ya en la época de las persecuciones se mostraba un enorme respeto hacia los restos mortales de los mártires, y se recuperaban de patíbulos y anfiteatros, a veces con gran peligro, o se pagaban sumas considerables para poder sepultarlos. Una vez conseguidos, se trataban con ungüentos y perfumes, se envolvían en ricos tejidos y se enterraban en lugares escogidos, como las catacumbas de Roma, que se decoraban y se convertían en santuarios de oración para estos primeros cristianos. Esos mártires  representaban al cristiano perfecto, imitador de Cristo y de los apóstoles. También se empezó a guardar con gran respeto cualquier objeto relacionado con estos mártires.

Cobraron tanta importancia los restos de los santos, que los altares se erigían en sus tumbas y la eucaristía se celebraba en su presencia. Cuando terminaron las persecuciones, muchas iglesias y basílicas se construyeron sobre las criptas donde yacían esos cuerpos, y algunos se trasladaron a aquellos templos que no las tenían. El papa Félix I, a finales del siglo III ya lo había propiciado con sus mandatos, y el quinto concilio de Cartago llegó a decretar que no se consagraría nueva iglesia que no tuviera una reliquia en su altar.

mártires en catacumbas

Mártires en las Catacumbas (1855), de Jules Eugène Lenepveu

Hasta aquí todo es muy normal. Es comprensible que aquellos cristianos que vivían en la clandestinidad honrasen y santificasen a aquellos que habían dado la vida por su fe, y que la presencia de sus restos en los ritos reforzara la comunidad de esa Iglesia primitiva.

En el siglo IV, con el Edicto de Milán, la situación cambió y se permitió practicar el cristianismo como cualquier otra religión del imperio. El respeto a las reliquias de los santos se siguió difundiendo, y además se promovió la búsqueda de objetos relacionados con Jesucristo y los que le rodearon: la Virgen María y los apóstoles. Es muy posible que esta afición la inaugurase santa Elena, la madre del emperador Constantino, que, en su viaje por Tierra Santa, descubrió la Vera Cruz y se llevó consigo los primeros “recuerdos” cristianos.

El problema fue que, con la revelación de unos objetos tan sagrados, también se empezó a difundir la creencia en su carácter milagroso. Y fue entonces cuando se empezó a liar todo. Porque al ser humano enseguida le ciega la ambición de poder y riquezas. Se empezaron a cometer abusos relacionados con las reliquias que hicieron intervenir a algunos Padres de la Iglesia. San Jerónimo, por ejemplo, tuvo que recordar que no se adoraban las reliquias como objetos mágicos, sino que a través de ellas se llegaba a Dios. Y san Agustín denunció el comercio de reliquias. Pero la Iglesia ya no era la misma que en los primeros tiempos. Ahora ostentaba un poder político y económico importante, y muchas veces la movía intereses ajenos a la fe.

La Edad Media: un negocio muy lucrativo

En la Edad Media, el culto a las reliquias no hizo sino intensificarse. En el siglo VI se había generalizado la costumbre de utilizar las reliquias para la consagración de altares y de exhibirlas en relicarios o en procesiones para que los fieles pudieran venerarlas. Era un entusiasmo compartido por reyes, obispos o campesinos. La posesión de una reliquia daba prestigio a la iglesia, ermita, abadía o catedral que la custodiase, y era una gran fuente de riqueza gracias a los donativos, sobre todo si lograban convertirse en lugar de peregrinación. Pensemos en el caso de Santiago de Compostela y de Roma, donde se encontraban los restos más preciados, los de los apóstoles (Santiago por un lado, Pedro y Pablo por el otro), y nos daremos cuenta de la importancia de las reliquias en esta época en lo económico, lo social y lo político. Para los poderosos, laicos o eclesiásticos, fueron instrumento de poder y propaganda.

No es raro que este exacerbado fervor por las reliquias fomentase las disputas entre distintas comunidades, como sucedió con las ciudades Poitiers y Tours, que mantuvieron una larga reyerta por la posesión del cuerpo de san Martín. Incluso fomentó robos, como los del arzobispo gallego Diego Gelmírez, que sustrajo las reliquias de San Fructuoso, San Cucufate, San Silvestre y Santa Susana, y las trasladó furtivamente desde Braga hasta Compostela. O el hurto en Alejandría del cuerpo de san Marcos por parte de los venecianos.

Relicario

Reliquia de una de las espinas de la corona de Cristo. Catedral de Valencia. Por Ripoll531

En un principio, la única manera de atender la creciente demanda de reliquias fue la fragmentación. Aunque hubo cierta resistencia en un primer momento, la fragmentación de los restos era ya una práctica frecuente en Oriente en el siglo IV. Más tarde se propagaría por Occidente. Los restos se repartían en múltiples relicarios y así llegaban a todos los rincones de Europa. Sigue leyendo

Ilustración Señor de los Anillos Lukhimov

Trancos guía a los hobbits

Hasta ahora no había descubierto estas ilustraciones para El Señor de los Anillos del artista ucraniano Sergei Lukhimov. Pertenecen a una edición en ruso de 1993, y me ha sorprendido ese estilo medieval que les imprime su autor. Las acuarelas muestran una interpretación muy personal de la obra de Tolkien, a medio camino entre los iconos bizantinos, las miniaturas de los códices y los murales del primer gótico italiano.

La composiciones están cargadas de iconografía cristiana. En algunas, Lukhimov representa figuras rígidas y angulosas, con fondos coloridos y rodeadas de grecas y orlas, características típicas de la pintura bizantina; otras muestran figuras, paisajes y ciudades pintados con las proporciones y la incipiente perspectiva del trecento italiano, que nos remite a las pinturas de Giottro, Duccio o Tadeo Gaddi. Aunque a todas las rodea un halo bastante más siniestro, una atmósfera tenebrosa.

Aragorn, legolas y Gimli frente a Gandalf
Coronación de Elessar
La marcha de los ents
Gandalf vs Balrog

Por otro lado, si se observan bien, se puede encontrar en algunas de ellas, quizá las menos “bizantinas”, reminiscencias de las ilustraciones originales del propio Tolkien (se puede ver una muestra aquí), en las montañas, campiñas o las colinas que recreaba el profesor.

Una mayor muestra de estas ilustraciones de Sergei Lukhimov la podéis encontrar aquí, aunque he de avisar que la página está en ruso.

 

Merlín en un códice

Ilustración de Merlín en las Crónicas de Núremberg (1493)

Merlín, el Encantador, es el mago más famoso de la historia europea, el mago por antonomasia que ha inspirado toda la tradición de hechiceros posteriores. Aunque se ha querido buscar algún referente real en la Britania posrromana, lo cierto es que no hay indicios de que hubiese un Merlín histórico. Hechicero, druida, profeta o consejero, el Merlín de la materia de Bretaña es, en realidad, una creación literaria compleja que surge en el siglo XII a partir de un conglomerado de mitos célticos del sur de Escocia y Gales. Fue el escritor Geoffrey de Monmouth el que le da la forma definitiva al personaje y lo relaciona con el ciclo del rey Arturo. Hasta entonces ni siquiera existía la voz Merlín (o Merlinus), que aparece por primera vez en 1138 en la Historia regum Britanniae (Historia de los reyes de Bretaña) de Monmouth, sino que se había usado el nombre galés Myrddin.

Geoffrey de Momnouth, el padre del Merlín artúrico, fue un docto clérigo galés que estudió en la escuela catedralicia de Oxford y fue luego obispo de Saint Asaph. Escribió sus obras en latín y usó las fuentes de la tradición oral y escrita galesas. Construyó su personaje combinando dos figuras legendarias de tradiciones distintas que compartían el mismo nombre, Myrddin, a los que añadió luego elementos de su propia invención.

Por un lado recuperó la historia de la profecía del rey Vortigern. Vortigern, un rey britano del siglo V, quería construir una fortaleza en una imponente colina, pero todas las noches los muros se desmoronaban. Sus sabios y astrólogos le dijeron que, para evitarlo, debía sacrificara allí a un niño sin padre. Sus hombres buscaron por todo el reino hasta que encontraron, en Carmarthen, a un niño sin padre conocido; incluso se había extendido el rumor de que había sido engendrado por un demonio. Cuando lo llevaron a la corte del rey, el niño demostró unas asombrosas dotes como profeta y contó la verdadera razón por la que no podían construir allí la fortaleza: bajo la colina había dos dragones, uno rojo y otro blanco, que peleaban entre sí. El rey mandó cavar a sus obreros y, efectivamente, salieron a la superficie los dos dragones, que continuaron luchando hasta que el blanco mató al rojo y desapareció en la lejanía. De este modo, aquel niño llamado Myrddin profetizó acerca del futuro del reino y del desastroso final del rey Vortigern, ya que la victoria del dragón blanco sobre el rojo representaba la victoria de los invasores sajones sobre los britanos.

Myrddin y Vortigern ante los dragones

La profecía de Myrddin, ilustración de Allan Lee

Esta leyenda había aparecido escrita en el siglo IX en la Historia Britonum de Nennio, que le da a Myrddin, además, el sobrenombre de Ambrosius (Emrys en galés). Y de ahí la tomó seguramente Geoffrey de Monmouth, que la reprodujo a su manera con los cambios que le parecieron oportunos. Por ejemplo, el niño de la leyenda fue encontrado en realidad en Glamorgan, pero Monmouth veía más coherente que fuese oriundo de Carmarthen, Caer Merddin en galés, que significaba, literalmente, «la fortaleza de Myrddin». La profecía final también parece que fue de su cosecha, una manera de anticipar el advenimiento del rey Arturo. Sigue leyendo

Hay parecidos razonables que te encuentras donde menos te lo esperas. Una de las cosas que me gusta hacer últimamente es buscar miniaturas que ilustran o iluminan los códices medievales. Sobre todo ahora que hay un buen corpus de obras digitalizadas por distintas bibliotecas y universidades y puedes navegar tranquilamente por estos libros centenarios sin moverte de casa. He de decir que son auténticas preciosidades, y que tocan muchos más temas que el resto de pinturas de esta época, románicas o góticas. Bueno, pues en uno de mis paseos descubrí la siguiente miniatura:

parecidos razonables entre esta miniatura y el cuadro de Fuseli

Pertenece a una copia de principios del siglo XIV del Digestum Vetus, una obra jurídica de la época del emperador Justiniano. Aunque se supone que es una representación del demonio sobre un hombre muerto, a mí lo primero que me vino a la cabeza es aquel cuadro de Fuseli, La pesadilla, del que ya hablé aquí. O, más bien, a esta versión que hizo del mismo tema el pintor danés Nicolaj Abildgaard, inspirándose en el cuadro del suizo:

nicolaj-abraham-pesadilla

Porque, además, se considera que los seres que aparecen en estos cuadros son íncubos, demonios masculinos que poseen a las mujeres; en el caso de estos cuadros, mediante sueños eróticos. Así que… ¿se trata de una coincidencia o la miniatura bebe del mismo mito?

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«Dios ha cerrado sus oídos a cuantas plegarias se le dirigen en su presencia. En el invierno, los lobos se reúnen en manadas junto al enebro que la protege para lanzarse sobre las reses; los bandidos esperan a su sombra a los caminantes, que entierran a su pie después que los asesinan, y cuando la tempestad se desata, los rayos tuercen su camino para liarse, silbando, al asta de esa cruz y romper los sillares de su pedestal».

Gustavo A. Bécquer: La cruz del diablo

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