Fantasía

 Ana María Matute, la “abuelita del pelo plateado”, la contadora incansable de cuentos, nos deleitó ayer, durante la ceremonia del premio Cervantes, con la lectura de El que no inventa no vive, otro discurso a la altura de aquel memorable En el bosque, aquella «defensa de la fantasía» que pronunciara al ingresar en la Real Academia Española.

En este enlace de El País podéis encontrar el discurso íntegro. Me gusta, especialmente, el momento en el que denuncia la mojigatería de aquellos que mutilan los grandes cuentos tradicionales en aras de lo «políticamente correcto» porque consideran que a los niños tan solo hay que darles aburridas historias endulcoradas, todas cortadas por el mismo patrón, con los mismos finales felices, como si estos fueran imbéciles. Ya lo dije en otra ocasión: ¡me encanta esta mujer!

Hablábamos, no hace mucho, del afán de Within Temptation por ir más allá de lo meramente musical en su último trabajo, The Unforgiving. Bueno, pues la banda finlandesa Nighwish no le va a la zaga: su nuevo proyecto, Imaginarium, va a constar de un disco ¡y de una película! No está muy claro si es esta última la que se va a basar en el álbum, o es al contrario; en todo caso, Tuomas Holopainen ha dicho que la idea la tenía en la cabeza desde 2009. El director de esta «fantasía musical», como ellos mismos la denominan, va a ser Stobe Harju, que ya trabajó con el grupo en el vídeo de The Islander. Teniendo en cuenta aquel resultado, no dudo de que tienen capacidad suficiente para conseguir una auténtica delicia audiovisual.

Más información: http://www.nightwish.com/en/imaginarium/news

¡Qué curioso! Me acabo de topar con más ejemplos lingüísticos con temática de fantasía épica en otro manual de de corrección y ortografía, esta vez en el Curso práctico de corrección de estilo de Susana Rodríguez-Vida:

Ejemplos 2.4
13. Entre los esclavos había también miembros de otras razas: humanos, goblins, ogros, e incluso unos cuantos elfos.
14. Pero los más valorados eran los enanos. Expertos en abrir túneles, escalar, excavar, y dar forma a la piedra, los enanos eran mineros natos.

Se trata, por supuesto, de oraciones con errores (en este caso, mala utilización de la coma) que hay que corregir.

A mi padre le ha dado en estos últimos meses por dejar a un lado tanto paisaje manchego y dedicarse a lo que hacía cuando yo estaba en mi más tierna infancia: pintar fantasías y paisajes imposibles o de ciencia ficción. Creo que, en realidad, es con lo que más difruta. Y es lo que más me gusta de él. En parte, porque creo que estos cuadros y las historias que me contaba sobre ellos me ha ayudado a forjarme tal y como soy. Así que hoy dejo aquí un par de sus últimas obras para el disfrute de todos:

El hacedor de lluvias
(que por fin este año se decidió a actuar aquí, en la Mancha más seca)
Paisaje 004

Por cierto, para quien no lo sepa: mi padre es Juan Gallego, acuarelista; y por si no se ha notado todavía, me siento muy orgulloso de él. : )

Notas sobre el arte de escribir cuentos fantásticos
Howard Phillips Lovecraft

La razón por la cual escribo cuentos fantásticos es porque me producen una satisfacción personal y me acercan a la vaga, escurridiza, fragmentaria sensación de lo maravilloso, de lo bello y de las visiones que me llenan con ciertas perspectivas (escenas, arquitecturas, paisajes, atmósfera, etc.), ideas, ocurrencias e imágenes. Mi predilección por los relatos sobrenaturales se debe a que encajan perfectamente con mis inclinaciones personales; uno de mis anhelos más fuertes es el de lograr la suspensión o violación momentánea de las irritantes limitaciones del tiempo, del espacio y de las leyes naturales que nos rigen y frustran nuestros deseos de indagar en las infinitas regiones del cosmos, que por ahora se hallan más allá de nuestro alcance, más allá de nuestro punto de vista. Estos cuentos tratan de incrementar la sensación de miedo, ya que el miedo es nuestra más fuerte y profunda emoción y una de las que mejor se presta a desafiar los cánones de las leyes naturales. El terror y lo desconocido están siempre relacionados, tan íntimamente unidos que es difícil crear una imagen convincente de la destrucción de las leyes naturales, de la alienación cósmica y de las presencias exteriores sin hacer énfasis en el sentimiento de miedo y horror. La razón por la cual el factor tiempo juega un papel tan importante en muchos de mis cuentos es debida a que es un elemento que vive en mi cerebro y al que considero como la cosa más profunda, dramática y terrible del universo. El conflicto con el tiempo es el tema más poderoso y prolífico de toda expresión humana.

Mi forma personal de escribir un cuento es evidentemente una manera particular de expresarme; quizá un poco limitada, pero tan antigua y permanente como la literatura en sí misma. Siempre existirá un número determinado de personas que tenga gran curiosidad por el desconocido espacio exterior, y un deseo ardiente por escapar de la morada-prisión de lo conocido y lo real, para deambular por las regiones encantadas llenas de aventuras y posibilidades infinitas a las que sólo los sueños pueden acercarse: las profundidades de los bosques añosos, la maravilla de fantásticas torres y las llameantes y asombrosas puestas de sol. Entre esta clase de personas apasionadas por los cuentos fantásticos se encuentran los grandes maestros -Poe, Dunsany, Arthur Machen, M. R. James, Algernon Blackwood, Walter de la Mare; verdaderos clásicos- e insignificantes aficionados, como yo mismo.

Sólo hay una forma de escribir un relato tal y como yo lo hago. Cada uno de mis cuentos tiene una trama diferente. Una o dos veces he escrito un sueño literalmente, pero por lo general me inspiro en un paisaje, idea o imagen que deseo expresar, y busco en mi cerebro una vía adecuada de crear una cadena de acontecimientos dramáticos capaces de ser expresados en términos concretos. Intento crear una lista mental de las situaciones mejor adaptadas al paisaje, idea, o imagen, y luego comienzo a conjeturar con las situaciones lógicas que pueden ser motivadas por la forma, imagen o idea elegida.

Mi actual proceso de composición es tan variable como la elección del tema o el desarrollo de la historia; pero si la estructura de mis cuentos fuese analizada, es posible que pudiesen descubrirse ciertas reglas que a continuación enumero:

1) Preparar una sinopsis o escenario de acontecimientos en orden de su aparición; no en el de la narración. Describir con vigor los hechos como para hacer creíbles los incidentes que van a tener lugar. Los detalles, comentarios y descripciones son de gran importancia en este boceto inicial.

2) Preparar una segunda sinopsis o escenario de acontecimientos; esta vez en el orden de su narración, con descripciones detalladas y amplias, y con anotaciones a un posible cambio de perspectiva, o a un incremento del clímax. Cambiar la sinopsis inicial si fuera necesario, siempre y cuando se logre un mayor interés dramático. Interpolar o suprimir incidentes donde se requiera, sin ceñirse a la idea original aunque el resultado sea una historia completamente diferente a la que se pensó en un principio. Permitir adiciones y alteraciones siempre y cuando estén lo suficientemente relacionadas con la formulación de los acontecimientos.

3) Escribir la historia rápidamente y con fluidez, sin ser demasiado crítico, siguiendo el punto (2), es decir, de acuerdo al orden narrativo en la sinopsis. Cambiar los incidentes o el argumento siempre que el desarrollo del proceso tienda a tal cambio, sin dejarse influir por el boceto previo. Si el desarrollo de la historia revela nuevos efectos dramáticos, añadir todo lo que pueda ser positivo, repasando y reconciliando todas y cada una de las adiciones del nuevo plan. Insertar o suprimir todo aquello que sea necesario o aconsejable; probar con diferentes comienzos y diferentes finales, hasta encontrar el que más se adapte al argumento. Asegurarse de que ensamblan todas las partes de la historia desde el comienzo hasta el final del relato. Corregir toda posible superficialidad -palabras, párrafos, incluso episodios completos-, conservando el orden preestablecido.

4) Revisar por completo el texto, poniendo especial atención en el vocabulario, sintaxis, ritmo de la prosa, proporción de las partes, sutilezas del tono, gracia e interés de las composiciones (de escena a escena de una acción lenta a otra rápida, de un acontecimiento que tenga que ver con el tiempo, etc.), la efectividad del comienzo, del final, del clímax, el suspenso y el interés dramático, la captación de la atmósfera y otros elementos diversos.

5) Preparar una copia esmerada a máquina; sin vacilar por ello en acometer una revisión final allí donde sea necesario.

El primero de estos puntos es por lo general una mera idea mental, una puesta en escena de condiciones y acontecimientos que rondan en nuestra cabeza, jamás puestas sobre papel hasta que preparo una detallada sinopsis de estos acontecimientos en orden a su narración. De forma que a veces comienzo el bosquejo antes de saber cómo voy más tarde a desarrollarlo.

Considero cuatro tipos diferentes de cuentos sobrenaturales: uno expresa una aptitud o sentimiento, otro un concepto plástico, un tercer tipo comunica una situación general, condición, leyenda o concepto intelectual, y un cuarto muestra una imagen definitiva, o una situación específica de índole dramática. Por otra parte, las historias fantásticas pueden estar clasificadas en dos amplias categorías: aquellas en las que lo maravilloso o terrible está relacionado con algún tipo de condición o fenómeno, y aquéllas en las que esto concierne a la acción del personaje con un suceso o fenómeno grotesco.

Cada relato fantástico -hablando en particular de los cuentos de miedo- puede desarrollar cinco elementos críticos: a) lo que sirve de núcleo a un horror o anormalidad (condición, entidad, etc,); b) efectos o desarrollos típicos del horror, c) el modo de la manifestación de ese horror; d) la forma de reaccionar ante ese horror; e) los efectos específicos del horror en relación a lo condiciones dadas.

Al escribir un cuento sobrenatural, siempre pongo especial atención en la forma de crear una atmósfera idónea, aplicando el énfasis necesario en el momento adecuado. Nadie puede, excepto en las revistas populares, presentar un fenómeno imposible, improbable o inconcebible, como si fuera una narración de actos objetivos. Los cuentos sobre eventos extraordinarios tienen ciertas complejidades que deben ser superadas para lograr su credibilidad, y esto sólo puede conseguirse tratando el tema con cuidadoso realismo, excepto a la hora de abordar el hecho sobrenatural. Este elemento fantástico debe causar impresión y hay que poner gran cuidado en la construcción emocional; su aparición apenas debe sentirse, pero tiene que notarse. Si fuese la esencia primordial del cuento, eclipsaría todos los demás caracteres y acontecimientos, los cuales deben ser consistentes y naturales, excepto cuando se refieren al hecho extraordinario. Los acontecimientos espectrales deben ser narrados con la misma emoción con la que se narraría un suceso extraño en la vida real. Nunca debe darse por supuesto este suceso sobrenatural. Incluso cuando los personajes están acostumbrados a ello, hay que crear un ambiente de terror y angustia que se corresponda con el estado de ánimo del lector. Un descuidado estilo arruinaría cualquier intento de escribir fantasía seria.

La atmósfera y no la acción, es el gran desiderátum de la literatura fantástica. En realidad, todo relato fantástico debe ser una nítida pincelada de un cierto tipo de comportamiento humano. Si le damos cualquier otro tipo de prioridad, podría llegar a convertirse en una obra mediocre, pueril y poco convincente. El énfasis debe comunicarse con sutileza; indicaciones, sugerencias vagas que se asocien entre sí, creando una ilusión brumosa de la extraña realidad de lo irreal. Hay que evitar descripciones inútiles de sucesos increíbles que no sean significativos.

Éstas han sido las reglas o moldes que he seguido -consciente o inconscientemente- ya que siempre he considerado con bastante seriedad la creación fantástica. Que mis resultados puedan llegar a tener éxito es algo bastante discutible; pero de lo que sí estoy seguro es que, si hubiese ignorado las normas aquí arriba mencionadas, mis relatos habrían sido mucho peores de lo que son ahora.

El steampunk (punk de vapor) es un subgénero de la fantasía y la ciencia-ficción que surgió como alternativa al cyberpunk, esa corriente que en los años ochenta mezcló la alta tecnología con la vida de los bajos fondos.

El término lo acuñó en 1987 el escritor K. W. Jeter para referirse a aquellas obras que sitúan su acción en mundos con ambientación de corte decimonónico donde el vapor es la fuente de energía predominante y abundan los inventos tecnológicos ficticios. El steampunk se refiere a un tiempo que nunca fue, a aquel futuro lleno de locomotoras, dirigibles y protosubmarinos con el que fantasearon Julio Verne y H. G. Wells a finales del siglo XIX: realidades supuestas en las que la civilización ha tomado un camino científico diferente al actual.

Los primeros relatos de este género fueron novelas negras ambientadas en la «era del carbón y vapor», la era victoriana propia de los cuentos de Charles Dickens, libros situados en un siglo XIX fantástico caracterizado por la creencia a ultranza de la ciencia y el método científico.

Con posterioridad, a esta era victoriana de ciencia-ficción se le introdujeron nuevos elementos, como excéntricas máquinas de vapor, complicados trabajos de artesanía mecánica, autómatas propulsados de las más exóticas formas y dotados de inteligencia… lo que convirtieron a este subgénero en un mundo donde lo barroco, alocado y grotesco convive con las fábricas, las mansiones de los burgueses, los puertos comerciales o los movimientos obreros.

Más tarde también apareció el steampunk fantasía, donde la magia cobraba tanta importancia como la ciencia. Un mundo de hadas con aires steampunk mezclaría los elementos típicos de la fantasía medieval, la espada y brujería, con máquinas de vapor y armas de fuego.

Algunas de las novelas más representativas del steampunk son Las puertas de Anubis, de Tim Powers, La Materia Oscura, de Philip Pullman, The Warlord of the Air de Michael Moorcock, Lord Kelvin’s Machine de James P. Blaylock y The difference engine de William Gibson y Bruce Sterling.

Pero lejos de ser sólo un subgénero literario de ciencia-ficción, el steampunk se ha trasladado al mundo del cine y la animación, con películas como Wild Wild West, La ciudad de los niños perdidos, Rocketeer, La brújula dorada, El castillo ambulante, Número 9… al mundo del cómic, como en Hellboy o en La liga de los Hombres extraordinarios; al mundo del videojuego, como vemos en las sagas Final Fantasy o Mist; y a ambientaciones de juegos de rol como Reinos de Hierro y Victoriana. Incluso han surgido, en los últimos tiempos, asociaciones steampunk, con gente que se reúne para mostrar los atuendos que ellos mismos se han fabricado, o sus últimos inventos. También han aparecido grupos musicales que guardan esta estética tanto en el fondo de sus composiciones como en la forma de presentarlas.

Ana María Matute – JOAN SÁNCHEZ para El País

Ayer fue galardonada con el premio Cervantes Ana María Matute, una escritora especial para mí. Me alegré muchísimo al enterarme de la noticia. No sólo me parece una gran persona y una escritora genial –Olvidado Rey Gudú se cuenta entre mis libros favoritos-; comparto, además, un vínculo muy particular con ella: yo la he leído, pero ella también me ha leído a mí. Sé que no fue el libro entero, que quizá lo hojeó por encima, que pudo detenerse únicamente en algún fragmento… pero lo utilizó como punto de partida para su charla, y eso me marcó en su momento. «Yo también soy un poco bruja»; así comenzó, y habló después sobre la importancia de la fantasía, sobre el «bosque», sobre esa faceta infantil que nunca debemos abandonar del todo… ideas que son, y han sido siempre, muy importantes en mi vida.

Tampoco olvidaré nunca la expresión de sus ojos cuando le dije, una vez hubo finalizado y pude acercar unos instantes a ella, que yo también tenía un bosque -ese bosque virtual en el que todas las noches un puñado de adultos nos disfrazábamos de elfos, magos, enanos, orcos y caballeros para sentirnos otra vez niños y vivir mil y una aventuras-. Su mirada se perdió durante unos segundos, y su mente voló lejos de allí, a la casa de su infancia. «Yo tenía un bosque, cuando era niña» murmuró.

¡Enhorabuena, Ana María, te lo mereces! Sigue haciendo historia, y nunca dejes de narrar historias; yo te leeré siempre que tenga la oportunidad.

Hoy dejo una ilustración de Juan Gallego. Está realizada con una mezcla de acrílico y aerógrafo sobre lienzo y tengo el privilegio de realizar su primera subida a internet. Espero en un futuro poder seguir exponiendo muestras de su arte.
Quien quiera ver más ejemplos de sus ilustraciones, puede echar un vistazo aquí

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«Dios ha cerrado sus oídos a cuantas plegarias se le dirigen en su presencia. En el invierno, los lobos se reúnen en manadas junto al enebro que la protege para lanzarse sobre las reses; los bandidos esperan a su sombra a los caminantes, que entierran a su pie después que los asesinan, y cuando la tempestad se desata, los rayos tuercen su camino para liarse, silbando, al asta de esa cruz y romper los sillares de su pedestal».

Gustavo A. Bécquer: La cruz del diablo

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