La Muerte

máscara de la muerte roja

Ilustración del maestro del terror Berni Wrightson

La “Muerte Roja” había devastado el país durante largo tiempo. Jamás una peste había sido tan fatal y tan espantosa. La sangre era encarnación y su sello: el rojo y el horror de la sangre. Comenzaba con agudos dolores, un vértigo repentino, y luego los poros sangraban y sobrevenía la muerte. Las manchas escarlata en el cuerpo y la cara de la víctima eran el bando de la peste, que la aislaba de toda ayuda y de toda simpatía, y la invasión, progreso y fin de la enfermedad se cumplían en media hora.
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Fotografía de Terry Pratchett

Sir Terry Pratchett, © Luigi Novi / Wikimedia

“El último grano de arena rodó trazando un pequeño arco, y cayó por el agujerito.

-ES LA HORA, SIR.

El sabio de la barba blanca se ajustó el sombreo puntiagudo, se dio la vuelta y saludó con la mano. Habían acudido todos a despedirle.

El capitán Vimes hizo un gesto al resto de la guardia, que levantó sus armas para presentar honores (el cabo Nobs había empeñado su espada, así que disimuló como pudo con el atizador).

-Ook, ok ooook… ¡Ooook!

Todos se emocionaron con el panegírico del bibliotecario. Hasta Yaya, que sacó un pañuelito de encaje de su larga manga. Sus hermanas la arroparon.

-Ciempre ce van loz mejodez-. Hacía mucho tiempo desde la última vez que una lágrima surcara el rostro del héroe octogenario.

Dos Flores limpiaba, compungido, sus dos ojos extras; se le habían empañado. El mago escuchimizado, que estaba a su lado, le pasó el brazo por el hombro. Se había arreglado para la ocasión. Al menos había intentado enderezar un poco su sombrero.

El sabio de barba blanca les sonrió; después miró al frente. La delgada figura de la túnica negra se iba alejando, así que hincó espuelas en los flancos del enorme baúl. La mitad de sus patitas se encabritaron y el Equipaje salió raudo detrás del Segador.

En ese momento, Rincewind se dio cuenta de que el cordón de su túnica se había enganchado con la tapa del baúl…”

Nos ha dejado; el maestro nos ha dejado… En su cama, rodeado de su familia, con su gato a los pies. Y nos lega, todavía, una novela póstuma, a pesar de ese alzheimer al que se enfrentaba desde el 2007.

Qué cosas: la noticia me pilla leyéndome la saga de El éxodo de los gnomos. Sigue siendo uno de mis autores fetiche. Los argumentos de sus novelas podían ser mejores o peores, pero su humor, su ironía, su orginialidad y su dominio de las fuentes clásicas, y ese estilo que a veces me recordaba al conceptismo quevediano nunca defraudaba. Yo descubrí la obra de Terry Pratchett gracias a mis amigos de Camelot, y casi siempre amenizaba las tertulias de aquellas primeras kedadas que hacíamos en los albores de la era de internet. Nunca podré agradecérselo lo suficiente a Vanion y a Kalen. Fue una época feliz en la que viví auténticas aventuras en mis periplos por la Península (y por las islas). No recuerdo haberme reído tanto con un libro como lo hice con El color de la magia. Nunca me había disfrazado de adulto hasta que conseguí mi traje de Rincewind, con equipaje y todo (¡gracias abuela!). Y sus libros son uno de los regalos recurrentes que pido todos los años a los Reyes Magos.

Hoy en mundobola nos hemos quedado muy tristes. Siempre nos quedará Mundodisco para recuperar la sonrisa.

NO LO VEAS COMO ‘MORIRSE’, PIÉNSALO COMO UN IRSE TEMPRANO PARA EVITAR EL TRÁFICO

Terry Pratchett y Neil Gaiman: Buenos Presagios, 1990

 

La Catrina, el famoso esqueleto con atuendo de mujer, es un personaje caricaturesco que fue creado hace ya cien años por el artista mexicano José Guadalupe Posada, y que ha trascendido los límites de la obra artística para convertirse en un icono de la cultura popular mexicana. En efecto, el personaje nació como representación satírica de un sector de la sociedad en una época determinada, pero, con el tiempo, el pueblo lo ha identificado de tal manera con su propio folclore que se ha terminado convirtiendo en una especie de representación «oficial» de la Muerte en muchas partes de México. Así, no es extraño ver hoy en día numerosas representaciones suyas cuando llegan las festividades del Día de Muertos, por ejemplo.

la catrina original de Posada
Grabado original de Posada

José Guadalupe Posada fue un importante artista del Porfiriato (la época de la dictadura de Porfirio Díaz, entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX). Destacó por su maestría con los grabados y fue un apasionado de la caricatura política que trabajó para numerosos periódicos. Siguiendo el ejemplo de otro caricaturista, Manuel Manilla, Posada comenzó a representar sus calaveras en los grabados: esqueletos actuando como gente corriente en escenas de la vida cotidiana. Con ellos, el artista pretendía hacer una sátira del mundo político y cultural de su tiempo, trataba de reflejar lo que sucedía en la sociedad y criticar mordazmente la actuación de personajes distinguidos. Estos grabados iban generalmente acompañados de unos versos, unas cuartetas rimadas conocidas también como «calaveras», con críticas llenas de humor negro, que eran las que anunciaban los periodiqueros a voz en grito. Este sentido dramático e irónico, al mismo tiempo, a la hora de representar la muerte ha sido siempre característico de la cultura mexicana.

La Catrina era uno de estos grabados de esqueletos; con él, Posada hacía una burla de la clase privilegiada. Su nombre original fue el de Calavera Garbancera, pues «garbanceros» eran denominados los mexicanos, generalmente de sangre indígena, que renegaban de sus orígenes. Y eso es la Catrina: una burla hacia aquellos que despreciaban su raza, sus costumbres, herencia y cultura, e intentaban imitar las modas, la forma de vestir y las costumbres europeas.

En aquella época, las señoras de la alta sociedad de la capital solían salir por las tardes a dar un paseo por el parque de la Alameda, vestidas siempre muy elegantes, con sombrero y sombrilla. De ahí sacó el artista la iconografía de su personaje. En la plancha original, la Catrina era un esqueleto que tan solo iba vestido con un un sombrero de plumas muy extravagante, al estilo francés. Sus huesos desnudos simbolizaban la pobreza, y su pomposo sombrero era una burla directa hacia aquellos que no tenían apenas para comer pero pretendían aparentar que pertenecían a una clase social más elevada.

varias interpretaciones de la catrina
Distintas representaciones de la Catrina

Desde entonces siempre se la ha representado así: erguida, coqueta, distinguida. Actualmente es mas común representarla con elegantes vestidos. Algunas veces se agrega una sombrilla a su atuendo para hacerla lucir más española. El primero que la pintó con ropa fue Diego Rivera en su mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, donde aparece la calavera acompañando a su creador, Posada. También fue Ribera quien la denominó «Catrina» y ayudó a su divulgación como personaje popular mexicano. «Catrina» proviene de la palabra «catrín», que es sinónimo de elegante, distinguido, fino y sofisticado.

Como hemos dicho, en la actualidad la Catrina se ha ganado un puesto privilegiado dentro del folclore y de los ritos mexicanos. Cuando llega el Día de Muertos, encontramos representaciones suyas por todos lados: en los grabados, en el papel picado, como esculturas o en los versos pícaros y burlones. Aparece con distintos atuendos, dependiendo del lugar o del difunto al que se esté homenajeando, pero siempre se la representa feliz, bailando, cantando y celebrando. Es la forma en que la Catrina dice a los mexicanos que hay que vivir y aprovechar los momentos. Eso sí, no hay que confundir nunca a la Catrina con la Santa Muerte. No tienen nada que ver: la Catrina está mucho más viva.

Para saber más:
La Catrina: fiel representante de una realidad mexicana
PROA: Diego Rivera
La Catrina mexicana
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Altar de muertos para el Día de muertos

Pues sí, hoy, Día de Difuntos, en México es denominado también Día de Muertos. Se trata de una celebración muy importante que conjuga elementos cristianos y prehispánicos. Y como mi novia es mexicana, estos últimos años he vivido de cerca como se realizan algunas de las celebraciones, sobre todo lo referente a la preparación del altar de muertos. La lejanía de tu país siempre hace que te aferres más a sus tradiciones.

En Mexico la muerte es sentida como una etapa más de la existencia. Ha sido siempre así, desde tiempos precolombinos. Por eso en esta fecha de lo que se trata es de compartir un poco de tu vida diaria con los muertos. Se visita el cementerio, como en otros lugares del mundo, pero no sólo se llevan flores o se reza: se lleva comida para disfrutarla en compañía de los difuntos, se charla animosamente con ellos y hasta se llevan músicos. Impresiona ver como algunos viejitos mayas desentierran a sus mujeres o maridos fallecidos y les limpian los huesos y peinan los cabellos de la calavera para que estén guapos.

En fin, que se trata de una celebración de tintes festivos. Los mexicanos en estos días conviven con la Muerte, juegan o incluso se burlan de ella, porque la Muerte teme a los que tienen muchas ganas de vivir. “El muerto al cajón y el vivo al fiestón” como se dice por allá. Un ejemplo de este tomarse en broma la muerte son las famosas calaveritas. Las calaveritas son pequeños estrofas rimadas de tono satírico o burlón en las que se ridiculiza a cualquier personaje vivo, sobre todo de la política o la sociedad. Parecido a lo que aquí se hace en Carnaval. También se cuelgan por las paredes dibujos divertidos sobre la Muerte y se toman calaveritas de dulce, y pan de muerto, platillos especiales para estos días.

Imagen tomada de la página del Gobierno de Yucatán

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Gustavo A. Bécquer: La cruz del diablo

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