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Egeria, las aventuras de una peregrina del siglo IV

La historia de Egeria es la de una mujer extraordinaria: una peregrina, auténtica aventurera del siglo IV, capaz de emprender un periplo que la llevó del extremo más occidental del Imperio romano hasta el más oriental. Y que, además, documentó sus experiencias, lo que la convierte en la autora del primer libro de viajes de la península Ibérica; de hecho, es la primera escritora hispánica de nombre conocido.

La figura del viajero no era ajena al mundo antiguo; nos han quedado bastantes relatos de viajes escritos por historiadores y geógrafos. Pero los grandes desplazamientos por motivos religiosos fue un fenómeno ligado a la tradición judeocristiana. Sí, es cierto: en el ámbito del Mediterráneo hacía mucho tiempo que se hacían viajes piadosos a distintos santuarios. Pero ocurría a una escala muy local y en el contexto de algunas fiestas o jubileos. Nunca se había dado algo semejante a la «fiebre viajera» que se desató entre los cristianos a principios del siglo IV. Habían cesado las grandes persecuciones y el Edicto de Milán (313) permitía la libertad de religión en el Imperio, así que empezaron a aparecer cada vez más peregrinos que viajaban miles de kilómetros en busca de tumbas, reliquias o personas con fama de santidad. El término latino peregrinatio significa, precisamente, «viaje al extranjero». La gran impulsora de estas peregrinaciones fue santa Elena, la madre del emperador Constantino, con su empeño de recuperar los Santos Lugares y encontrar la reliquia de la Vera Cruz.

La peregrinación rompía con el estereotipo tradicional de viajero de la Antigüedad, eminentemente varón. Algunas mujeres, animadas por un profundo espíritu religioso, abandonaban ahora su hogar en Occidente para dirigirse a Tierra Santa y a otros lugares que aparecían en la Biblia. Era algo bastante extendido, pues algunos Padres de la Iglesia, como san Jerónimo y Gregorio de Nisa, criticaban esta peregrinación de mujeres. Opinaban que estos viajes eran demasiado duros para ellas, y las exponía a todo tipo de vicios y tentaciones por el camino. Además, algunas hacían una ostentación desmesurada de lujo en sus comitiva.

Retrato de una matrona romana

Retrato de una mujer romana de la zona de Tebas (finales del siglo II d.C.). Museo del Louvre. Fotografía de Hervé Lewandowsk.

Bueno, pues entre estas mujeres estaba Egeria, que realizó su largo viaje entre los años 381 y 384. Cinco mil kilómetros, que se dice pronto; casi todo a lomos de un burro. Desde la provincia romana de la Gallaecia, en la parte noroccidental de la península Ibérica, hasta Egipto, Palestina, Siria y Asia Menor. Ya hemos visto que no era pionera; ni siquiera fue la primera hispana en peregrinar a Oriente, otras dos mujeres, Melania y Pomenia, lo hicieron antes. Pero ella fue la primera en dejarlo todo por escrito.

El Itinerarium egeriae

La obra de Egeria estuvo perdida y olvidada durante siglos, hasta finales del siglo XIX. En 1884, Gian Francesco Gamurrini localizó, en la ciudad italiana de Arezzo, una copia realizada en el monasterio de Montecasino en el siglo XI. Formaba parte de un códice en el que también se habían compilado unos textos de san Hilario de Poitiers. Con anterioridad, solo se había hecho eco de ella san Valerio, un eremita y abad del Bierzo que vivió en el siglo VII.

Aquel texto sobre el viaje de una mujer llamaba mucho la atención, pero la obra estaba incompleta, le faltaban hojas al inicio y al final (hoy se sabe que se conservan 22 de los 37 folios que la componían), así que se desconocía el título y el nombre de la autora. Durante un tiempo, el texto se adjudicó a distintas mujeres, entre ellas a Silvia de Aquitania. Fue en 1903 cuando el benedictino Mario Ferotin atribuyó el texto a la virgen hispana Etheria o Egeria, aquella monja de la Gallaecia sobre la que había escrito san Valerio.

Como hemos dicho, no se conoce el verdadero título de la obra de Egeria. Itinerarium o Peregrinatio son títulos convencionales para referirse a ella. De todos modos, se trata de un texto de carácter epistolar que una mujer escribe en primera persona, a modo de diario, y se dirige a unas sorores, (o «hermanas carnales»), así que es posible que no le pusiera título.

Un viaje prodigioso

El texto conservado comienza contando la ascensión al monte Sinaí, en el año 383. Pero se puede aventurar la ruta de Egeria gracias a algunos datos y detalles de la propia obra, y a la configuración vial del imperio. Egeria seguramente se dirigió por el norte de Hispania hacia la Galia Narbonense, ya fuese por la Vía Domitia o a través de Aquitania. Se sabe que cruzó el Ródano porque compara el Eúfrates con este río en una parte del texto. Luego debió de seguir su camino por el norte de Italia hasta algún puerto del Adriático. Y allí embarcaría con rumbo a Constantinopla, ya que llegó a la ciudad imperial en el mismo 381, y lo más rápido era el barco. Desde allí, tuvo que seguir la vía militar que atravesaba Bitinia, Galacia y Capadócia, atravesar la cordillera del Tauro por la garganta de las Puertas Cilicias, y llegar a Antioquía. Y de Antioquía a Jerusalén solo había que continuar por la costa hacia el sur.

Mapa antiguo de Jerusalén en Madaba, un par de siglos posterior a Egeria

Mosaico de Madaba, del siglo VI, es la representación cartográfica más antigua de Palestina y Jerusalén. Iglesia de san Jorge en Madaba (Jordania). Imagen de dominio público.

En la Ciudad Santa, Egeria fue bien acogida por su obispo, seguramente san Cirilo. Allí, en Jerusalén, pudo visitar, emocionada, las iglesias levantadas en los escenarios de la vida de Jesús: el cenáculo de Sión, el Gólgota y el Santo Sepulcro, el Monte de los Olivos… También tuvo la oportunidad de contemplar algunas reliquias como la Vera Cruz o la columna del palacio de Caifás, donde fuera azotado Cristo. Durante todo ese tiempo pudo observar y registrar cómo se hacía el culto y qué ritos se seguían en aquella parte del mundo.

Jerusalén sirvió a Egeria de campamento base para el resto de sus viajes. A lo largo de los años siguientes, la peregrina alternó sus estancias en la ciudad con largas excursiones en las que recorrió gran parte de Palestina: visitó templos, santuarios y lugares bíblicos como Jericó, Nazaret, Galilea o Cafarnaúm. En Belén, tuvo ocasión de compartir la vigilia que hacían los cristianos en la cueva de los Pastores del 5 al 6 de enero.

Egeria hizo, además, un par de viajes más largos a Egipto. En el primero, se dirigió a la ciudad de Alejandría y al sur del país, a la región de la Tebaida. Allí se interesó mucho por el monaquismo, los eremitas y los anacoretas del desierto. Falta esa parte del texto, pero alude a ese viaje cuando cuenta su recorrido por la península del Sinaí. En esta segunda expedición, Egeria quería conocer de primera mano los lugares relacionados con Moisés y el Éxodo. Ella misma subió el monte Sinaí hasta el lugar en el que Dios entregó los Mandamientos a Moisés. También contempló la cueva en la que se escondió el profeta Elías, o la piedra en la que Moisés rompió las primeras Tablas de la Ley. Atravesó el valle en el que los israelitas impíos fundieron el becerro de oro, y comprobó que la zarza ardiente donde Dios se manifestó a Moisés por primera vez seguía echando brotes. Finalmente, regresó por la costa mediterránea después de recorrer la rica tierra de Jesé, en la parte oriental del delta del Nilo.

Tras otra breve estancia en Jerusalén, Egeria cruzó el Jordán para subir al monte Nebó, al lugar donde se permitió a Moisés ver la tierra de Canaán antes de morir. Antes de llegar, tuvo la oportunidad de probar el agua de las fuentes que el profeta había hecho brotar para dar de beber a Israel. Poco después, Egeria volvió a salir hacia el Este para visitar la tumba del santo Job en Carneas. Por el camino, tuvo la oportunidad de ver el palacio del rey Melquisedec o el enclave de Enón, donde bautizaba san Juan después de su encuentro con Cristo.

Así pasó casi cuatro años de intensos viajes, hasta que decidió regresar a su hogar. Tomó el camino hacia Constantinopla, pero dio un largo rodeo por Siria y Mesopotamia. Visitó Tarso, de donde era San Pablo, y Edesa, en la actual Turquía, para ver la tumba del apostol Tomás. Allí se encontró con el obispo san Eulogio, y juntos visitaron a unos anacoretas que vivían en el extremo oriental del mundo romano. También pasó por Seleucia para conocer el sepulcro o martyrium, de santa Tecla. Se llevó una gran alegría, pues en aquel lugar se encontró por azar con una antigua amiga, la diaconisa Marthana.

Mapa del itinerario de Egeria

Mapa del itinerario de Egeria. Elaboración propia (@iaberius). Pulsar para verlo en tamaño completo.

Una vez en Constantinopla, todavía hizo planes antes de regresar a la Gallaecia. En las últimas líneas conservadas de su relato explica sus planes para visitar en Efeso el martyrium del apóstol Juan. Por sus palabras finales, se piensa que, seguramente, no llegó a regresar a Hispania, que quizá estaba enferma y presentía cercana la muerte:

«Si, después de todo esto, sigo viva, si logro conocer personalmente algunos lugares más y si Dios se digna concedérmelo, procuraré contarlo a vuestra caridad, y os relataré tanto lo que conserve en la memoria, como lo que llevo escrito. Entretanto, vosotras, señoras, luz mía, procurad acordaros de mí, tanto si estoy viva, como si estoy muerta».

Casas de postas y monasterios

El Itinerarium es una gran fuente de información para conocer cómo eran los viajes en el Bajo Imperio. Egeria es una magnífica reportera que anota cualquier dato que considera de interés. Describe la geografía de las regiones que atraviesa, nos cuenta cómo son las montañas y los ríos, la vegetación… Lo mismo hace con las ciudades, aldeas y monasterios por los que va pasando. Refiere el estilo de vida y las costumbres de los habitantes del país, nos dice qué cultivan y qué alimentos le ofrecen. Alaba especialmente las langostas del mar Rojo y sus pescados, y también las jugosas manzanas que le ofrecen en el Sinaí. Y se maravilla de la riqueza de los campos, las viñas y jardines de las riberas del Nilo.

Egeria se sirvió de la extensa y cuidada red de calzadas romanas. En sus cartas da cuenta de las distancias (en pasos), de los días que se tarda de ir de un lugar a otro, y de la situación de cada mansio. Estas mansiones o stationes eran edificios mantenidos por el Estado que servían de hospedería. Se encontraban a lo largo de las vías, y solían estar separadas entre sí por la distancia que se podía recorrer en una jornada. Allí se podía disponer de comida y alojamiento. Y, en ocasiones, de algunas comodidades como baños calientes. También había graneros y establos. Egeria hizo uso de ellas, pero en ocasiones se acogió a la hospitalidad de obispos, presbíteros o monjes, que luego la acompañaban como guías.

La peregrina también advierte de los peligros que se podían encontrar en algunas rutas secundarias, e informa de la dureza de algunos tramos. Y, como buena viajera, nos cuenta dónde adquiere reliquias o recuerdos de los lugares visitados, como agua o aceites consagrados.

Egeria, ¿la monja viajera?

En realidad, todo lo que se presupone de la figura de Egeria se infiere de su obra. Lo más cercano a una biografía sobre ella es la Epistola de beatae Eitheriae laude, una carta de san Valerio que le dedica unas palabras muy elogiosas. Pero los investigadores opinan que es un texto exagerado, que está manipulado con el fin de mostrarnos una vida ejemplar, la de una virgen cristiana llena de las virtudes.

El Itinerarium nos presenta a una mujer de cierta edad. No es ya una jovencita pero tampoco una anciana, pues es capaz de seguir el ritmo de semejante viaje, de enfrentarse a los rigores del camino, y de subir a pie montañas como el Sinaí. Su origen hispánico no está exento de polémica, ya que únicamente se basa en la información que da Valerio, y ya hemos visto que puede estar muy manipulada.

Como la autora se dirige en sus misivas a unas dominae et sorores, unas venerables «señoras y hermanas», se la identificó inicialmente con una monja, una abadesa que relata el viaje a las monjas de su congregación. Durante mucho tiempo, se la denominó la «monja viajera». Carlos Pascual, traductor de una nueva edición de 2017, opina que es un error, que se trata de una visión interesada que ha llegado a nosotros a través de religiosos como Valerio o el monje copista de Montecasino. Esta versión fue seguida por sus redescubridores de finales del XIX y principios del XX, también eclesiásticos. Pero no tenía por qué ser monja. Egeria pasó mucho tiempo lejos de su hogar, lo que nos muestra a una mujer que no estaba atada por votos religiosos. Tampoco hay ningún indicio de que viajase con el deseo de fundar nuevos monasterios en Oriente. Sorores significa «hermanas», pero con un significado afectivo de amistad entre mujeres que era anterior a la aparición del monacato femenino. Sí, Egeria era una mujer piadosa que tenía fuertes convicciones religiosas. Le daba mucha importancia a la oración y, cuando llega a cualquier lugar, lo primero que hace es rezar. Pero no parece que llevase una vida ascética.

Hay mayor conformidad a la hora de considerar que nuestra peregrina era una mujer de alcurnia, de buena posición social y con dinero suficiente como para permitirse semejante viaje. Es posible que perteneciese a la aristocracia por las atenciones que recibió por parte de obispos y funcionarios locales. Queda bastante claro que llevaba algún tipo de salvoconducto, algo que no estaba al alcance de cualquiera. Según Eduardo López Pereira, catedrático de Filología Latina, debía de tener algún parentesco con la familia del emperador Teodosio. Es una hipótesis que no convence a todo el mundo. Sin embargo, no se puede negar que Egeria gozaba de contactos y privilegios propios de personas poderosas. En algunos momentos, llega a tener escolta militar para moverse por territorios peligrosos. Cuando deambula de la península del Sinaí a la ciudad de Arabia, escribe lo siguiente: «A partir de este punto despachamos a los soldados que nos habían brindado protección en nombre de la autoridad romana mientras nos estuvimos moviendo por parajes peligrosos. Pero ahora se trataba de la vía pública de Egipto, que atravesaba la ciudad de Arabia, y que va desde la Tebaida hasta Pelusio, por lo que no era necesario ya incomodar a los soldados».

Posible retrato de Galla Placidia, coetánea de Egeria

Retrato de una mujer aristocrática romana del siglo IV, posiblemente alejandrina (también se identificó con Galla Placidia). Detalle del Medallón de Brescia. Museo de santa Giulia, Brescia. Imagen de dominio público.

El carácter de Egeria también lo podemos deducir de sus escritos. En ellos se nos muestra a una mujer con una personalidad fuerte, enérgica. Es una persona osada capaz de asumir roles que no se consideraban propios de su sexo, una mujer que no dedica su vida exclusivamente al cuidado de la casa y la familia. Egeria se atreve a aventurarse por los caminos en unos tiempos que no eran ya seguros: el imperio se desgajaba, hacía mucho tiempo que la pax romana había tocado a su fin, y algunos pueblos bárbaros, como los godos, habían atravesado las fronteras. Es una mujer arrojada, con mucha fuerza de voluntad. Soporta la dureza del viaje, es capaz de escalar montañas y de dormir a la intemperie si es necesario. Sus acompañantes varones no pueden, a veces, seguirle el ritmo.

Egeria es un espíritu inquieto y ávido de conocimiento. Lo comenta ella misma: «Como soy bastante curiosa, quiero verlo todo». Por eso pregunta a guías, monjes y eclesiásticos sobre todos los detalles de cada lugar. También es muy observadora. Lo comprueba todo, como cuando se cerciora de que el agua del mar Rojo ni es turbia ni roja. Es una persona culta que viaja con libros y conoce muy bien las Escrituras. Su peregrinación persigue, precisamente, corroborar la existencia de los lugares que aparecen en la Biblia. Y difundirlo luego a otros cristianos, claro, como testimonio para fortalecer la fe. Pero, aunque es una mujer muy devota, tiene un talante crítico, no le ciega el fervor religioso. Cuando le muestran la supuesta estatua de sal en la que se había convertido la mujer de Lot, comenta a sus hermanas: «Creedme, venerables señoras: por más que miré sólo vi el lugar donde estaba la estatua; de la estatua misma ni el menor vestigio. En este punto no puedo engañaros».

Algunos aspectos formales

El estilo de Egeria es bastante sencillo. Escribe en latín vulgar y huye de toda retórica y erudición. Su lenguaje es llano y directo, el propio del discurso cotidiano. Porque Egeria no tenía una intención literaria sino una finalidad práctica; lo que de verdad le interesa es que se la entienda bien. Y ahí está el encanto y la frescura de su texto. La literatura de viajes era un género conocido, pero nadie antes había usado la forma epistolar para contar sus experiencias. En realidad, Egeria se acercaría más a lo que es una guía de viajes actual.

El Itinerarium está dividido en dos partes. La primera trata sobre el viaje propiamente dicho. Está escrita en primera persona, lo que le da un carácter más personal y emotivo. La segunda parte, sin embargo, está escrita en tercera persona y, en ella, Egeria deja constancia de los elementos litúrgicos y eclesiásticos de los que es testigo en Tierra Santa. Esta parte tiene, sobre todo, valor histórico y etnográfico, pues expone los ritos y ceremonias de la Iglesia primitiva.

Por lo que expresa en algunos momento, se deduce que Egeria también llegó a realizar dibujos; es una pena que no se haya conservado ninguno. Quizá estaban agregados al final, en el fragmento faltante.

Egeria fue una mujer aventurera, tanto en su papel de viajera como a la hora de traspasar los límites de acción impuestos a su sexo. Espero que hayáis disfrutado aprendiendo sobre ella tanto como yo. Y que esta entrada sea otro pequeño grano de arena que sirva para difundir, aún más, su figura.

Fuentes

  • BATOLOTTA, S. & Tormo-Ortiz, M.: Un hallazgo excepcional, el manuscrito de Egeria (15/12/2014)[Audio en podcast]. Recuperado de https://canal.uned.es/video/5a6f1ff5b1111f28298b4917
  • CAMERON, Averil: El Bajo Imperio romano (284-430 d. de C.), Ediciones Encuentro, Madrid, 2001
  • CAMPBELL, Brianl: Historia de Roma: Desde los orígenes hasta la caída del Imperio, Crítica, Barcelona, 2013
  • CID LÓPEZ, Rosa Mª: «Egeria, peregrina y aventurera. Relato de un viaje a Tierra Santa en el siglo IV» en la revista Arenal, Vol. 17, Universidad de Granada, enero-junio de 2010
  • ESLAVA GALÁN: El catolicismo explicado a las ovejas, Planeta, Barcelona, 2009
  • MacCULLOCH, Diarmaid: Historia de la cristiandad, Debate, Madrid, 2011
  • PASCUAL, Carlos: «Egeria, la dama peregrina» en la revista Arbor, CLXXX, CSIC, Madrid, Marzo-Abril 2005

Trial by combat, por Hans Taloffer

Trial by combat! o, en castellano, «¡Juicio por combate!». Con este, añado otro diseño más a la categoría Medieval.

Cuando buscaba imágenes libres de derechos para el artículo didicado a la daga «misericordia», me topé con los manuscritos del siglo XV de Hans Taloffer, un famoso maestro de esgrima del Sacro Imperio Romano Germánico. Al verlos, supe que sería una fuente de buenos motivos. En estos Fechtbuch (manuales de combate), llenos de ilustraciones, se mostraban diversas técnicas para afrontar todo tipo de combates singulares, ya fuesen con o sin armadura, montados o desmontados, con espadas, mazas, alabardas (como en este caso), y demás armas blancas. Incluso entre hombres y mujeres. Eran técnicas que se podían aplicar en los juicios por combate, y así surgió la idea.

EL jucio por combate era una fórmula del derecho germánico medieval que se usaba para resolver procesos cuando no había testigos ni se conseguía una confesión del acusado. Las dos partes en litigio luchaban, entonces, en combate singular. Era una herencia de las antiguas tribus germánicas, por eso se dio menos en el ámbito mediterráneo.

Para encontrar la ilustración, me decanté por el manuscrito MS Thott 290.2º, de la Biblioteca Real de Dinamarca. Como es normal en estos códices medievales, las digitalizaciones están bien hechas y tienen buena resolución. Una vez seleccionado el motivo que me interesaba, con Photoshop eliminé el fondo y trabajé el color, los ajustes de niveles y los bordes, a los que aplicé un estilo de capa. El texto lo elaboré a mano, con la tableta digital, fijándome en viejos manuales caligráficos que poseo. Me decidí por una tipografía gótica redonda, que me parecía más legible que otros tipos de góticas más angulosas. Después de suavizar los bordes aplicando el filtro «mediana», le di una apariencia semejante a la de la ilustración con el uso de filtros de texturas y con los estilos de capa. Quise dejar unas marcas de renglones como las que se ven en los códices reales.

El aspecto final en Redbubble es este:

Hans Taloffer t-shirt Medieval T-SHIRT

 

Hasta ahora no había leído nada del escritor Brandon Sanderson. En realidad, me acerqué a esta novela por curiosidad, la que me provocó Taty en un par de entradas en de su blog (esta y esta), en las que comentaba sus reglas sobre los sistemas mágicos y el sistema de magia del norteamericano. Y, como ando yo inmerso también en la creación de sistemas de magia (ya sea para juegos de rol o para escritos), tenía que hacerme con él.

Mistborn, Brandon Sanderson

El imperio final. Nacidos de la Bruma I

  • Editorial: Ediciones B
  • Páginas: 688
  • Encuadernación: Tapa dura
  • Tamaño: 15 x 23 cm
  • ISBN: 978-84-666-5889-8
  • Precio: 19,50 €

 

Durante mil años han caído las cenizas y nada florece. Durante mil años los skaa han sido esclavizados y viven sumidos en un miedo inevitable. Durante mil años el Lord Legislador reina con un poder absoluto gracias al terror, a sus poderes e inmortalidad. Le ayudan «obligadores» e «inquisidores», junto a la poderosa magia de la «alomancia». Pero los nobles, con frecuencia, han tenido trato sexual con jóvenes skaa y, aunque la ley lo prohíbe, algunos de sus bastardos han sobrevivido y heredado los poderes alománticos: son los «nacidos de la bruma» (mistborns). Ahora, Kelsier, el «superviviente», el único que ha logrado huir de los Pozos de Hathsin, ha encontrado a Vin, una pobre chica skaa con mucha suerte… Tal vez los dos unidos a la rebelión que los skaa intentan desde hace mil años puedan cambiar el mundo y la atroz dominación del Lord Legislador.

Si tuviese que utilizar una palabra para definir esta novela sería “novedad”. Es algo distinto a la fantasía clónica que trata de emular a Tolkien. Aquí nos encontramos con nuevos presupuestos y formas originales de llevarlos a cabo.

Aunque El imperio final forma parte de una trilogía, es una novela que queda prácticamente cerrada, por lo que se puede leer de manera independiente aunque no se quiera seguir con la saga. De todos modos, el escritor ha dejado algunas pistas para incitarnos a continuar con el siguiente libro si queremos encontrar las respuestas a algunas preguntas.

Originalidad

La originalidad la encontramos, principalmente, en dos aspectos de la novela: la alomancia y la creación del mundo.

La alomancia es el sistema de magia creado por Sanderson, y es uno de los grandes aciertos del worlbuilding. Una magia que da la sensación de ser más científica que mística, tan lógica y reglamentada que incluso se somete a la ley newtoniana de acción y reacción. El escritor respeta a rajatabla sus tres reglas para los sistemas mágicos, y junto a las ventajas, deja claros sus limitaciones, costes y puntos débiles.

Para funcionar, la alomancia debe activarse mediante la ingestión de pequeñas dosis de metales o aleaciones de metales. Cuando los alománticos “queman” esos metales en su interior, obtienen sus fabulosos poderes. Porque, en realidad, más que de magia se podría hablar de la adquisición de una especie de “poderes” sobrehumanos: percepción, fuerza y aguante aumentados, poder sobre el magnetismo o el tiempo, control de las mentes o las emociones… Los metales están clasificados por parejas que suelen provocar efectos contrarios: peltre y estaño, cobre y bronce, hierro y acero, oro y plata…

La capacidad de efectuar magia alomántica es hereditaria, no todos pueden acceder a ella. Y hay dos tipos de usuarios: los brumosos, que son la mayoría y solo tienen acceso a uno de los poderes, y los nacidos de la bruma, que poseen la capacidad de quemar todos los metales. No hay término medio. Se supone que es una capacidad particular de los nobles y nadie más debe tener acceso a ella, así que cualquiera que muestra poderes alománticos sin serlo es perseguido y eliminado.

Sanderson también deja caer que hay más sistemas mágicos, aunque solo deja entrever un poco la frenomancia.

En cuanto al mundo, se nos presenta una tierra herida que sufrió algún tipo de cataclismo hace mil años. Desde entonces, cae constantemente sobre su superficie una lluvia de cenizas, el sol se muestra rojo, la hierba dejó de ser verde… Y la noche se convirtió en el tiempo de las brumas, una niebla espesa que todo lo envuelve y que es temida, sobre todo por los skaa.

El Imperio final es una sociedad teocrática dirigida por el omnipresente Lord Legislador, un dios viviente al que todos le deben la existencia, pues salvó el mundo durante aquella crisis de hace un milenio. Fue así como ascendió a la categoría de dios. Inmortal, ha gobernado durante siglos con mano de hierro y ha basado toda la sociedad en la explotación sistemática de los skaa, trabajadores esclavos que le pertenecen y trabajan para los nobles. Para dominar tanto a unos como a otros ha creado una eficiente administración que funciona como una gran organización religiosa a través de los Ministerios. Sus funcionarios son los obligadores, una casta especial. Y los inquisidores, unos seres horrendos y tenebrosas que tienen las cuencas oculares atravesadas por unos enormes clavos. Los inquisidores poseen unos formidables poderes alománticos y trabajan como cazadores y ejecutores de brumosos y nacidos de la bruma híbridos, y son también los verdugos y guardia especial del Lord Legislador.

Obviando a inquisidores y obligadores, la sociedad se divide prácticamente en nobles y skaa. Se trata de una división extrema. Unos lo tienen todo y los otros no tienen nada, salvo su fuerza de trabajo. Y son tratados como animales. La vida de un skaa no vale nada, y su supervivencia depende de su grado de utilidad para los nobles y el Lord Legislador. La vida en el campo recuerda a la de las plantaciones de esclavistas americanas, y la de la ciudad a la del proletariado del siglo XIX, que vivía para trabajar.

Los nobles viven en sus grandes palacios, al menos los de las ciudades, envueltos siempre en intrigas y luchas entre familias; guardan las apariencias en público mientras tratan de destruirse en secreto. Me llegó a recordaban un poco a la sociedad de los drow de Menzoberrazan, de la saga de Drizzt, el elfo oscuro.

Los detalles de la civilización del Imperio están muy bien cuidados. Un ejemplo: debido a la alomancia, las armas y armaduras de metal tienen una efectividad limitada, por lo que el uso de bastones por parte de guardias y soldados adquiere mayor importancia.

¿De qué trata la novela?

La trama no es muy compleja: se cuenta la rebelión de los skaa orquestada por Kelsier y su grupo de ladrones alománticos a los que se une, casi desde el principio Vin, una ladrona adolescente con un don especial. Sanderson nos lleva de la mano para que descubramos el funcionamiento del mundo al mismo tiempo que Vin. Se entrecala su preparación como alomántica con el resto de preparativos de la rebelión.

Que el argumento sea sencillo no quiere decir que nos encontremos ante una novela manida y predecible. El autor juega con nosotros, nos pone ante situaciones tópicas, pero las rompe, las retuerce y las soluciona de manera sorprendente pero lógica. Hay giros argumentales inesperados; y cuando ya nos esperábamos uno de esos giros, nos da un bofetón. Así que, en realidad, nunca sabemos por donde nos conducirá Sanderson.

La novela trata los temas del poder y la corrupción. Se pone en juego la máxima de lord Acton: “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Pero también se habla de la esperanza, indispensable para ser capaz siquiera de aspirar a la libertad.

Los personajes

Los protagonistas están muy bien desarrollados. Sobre todo el personaje de Vin, que es el que más evoluciona. Huérfana y abandonada, es una chica independiente que ha aprendido a sobrevivir desde pequeña en un mundo muy duro con la ayuda de su “suerte”. Comienza siendo el paradigma de la desconfianza, y deberá aprender en qué consiste la camaradería y la amistad.

Vin, nacida de la bruma Sigue leyendo

Portada de Hardboiled

Genial vídeo de presentación del juego de rol Hardboiled creado por la gente de La marca del este y publicado mediante mecenazgo. El juego, como indica su propio nombre, está basado en las novelas hard-boiled, un género que bebe de la novela policiaca, la novela negra, y el pulp, y se ha creado un sistema específico para él: The Maltese Falcon System, basado en una especie de D100 simplificado en el que se da gran relevancia a la investigación.

Un vídeo muy bien editado que, con las primeras notas del saxo, te introduce de lleno en esa atmósfera de whisky, cigarrillos, detectives y femmes fatales. Que lo disfrutéis.

Los dueños del viento

Hacía mucho tiempo que no había dejado ningún trailer book por aquí y me ha llamado mucho la atención este de Los dueños del viento, la última novela de Patxi Irurzun . Quizá es porque cualquier cosa que contenga Zugarramurdi o el proceso inquisitorial de 1610 me atrae como la llama a una polilla. Además, una novela histórica y de aventuras sobre piratas vascos en el Caribe me llama poderosamente la atención. Habrá que hacerse con ella.

Sinopsis

La famosa caza de brujas en Zugarramurdi, el auto de fe de Logroño de 1610, las cárceles secretas de la Inquisición, los bucaneros de La Española, los Hermanos de la Costa y la república libertaria que intentaron crear en la isla Tortuga, los corsarios vascos del mar Caribe…

Joanes de Sagarmin, protagonista y narrador de esta novela vivirá todas estas peripecias tras huir de la pequeña aldea navarra de Zugarramurdi. Perseguido por la Inquisición, encontrará refugio junto a otros huérfanos y huidos de la justicia, primero en el sur de Francia, junto a los terribles corsarios vascos, y después en el Nuevo Mundo, donde se convertirá en músico de una tripulación pirata.

A lo largo de su agitada vida, el destino de Joanes permanecerá siempre unido al de un encantador y cruel filibustero, Kuthun, y al de la misteriosa Morguy, la joven vidente y ayudante del inquisidor Lancre. Entre los tres se establece un triángulo de amor y odio, en cuyo centro permanece la búsqueda de una libertad que el destino y la cuna parecen haber negado a quienes tienen como única posesión el viento y esperan que alguna vez sople a su favor.

Web del  autor

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La Semana Gótica de Madrid lleva ya varias ediciones trascendiendo tiempo y espacio. En cada ocasión se va superando, con mucho, los siete día de actividades; y museos, salas, auditorios, librerías e, incluso, aulas universitaria, se van sumando como lugares para realizar los distintos eventos.

logo semana gótica de madrid¿Qué nos encontramos este año?

Quien tenga la oportunidad de acercarse, no debería dejarla pasar.

Hay parecidos razonables que te encuentras donde menos te lo esperas. Una de las cosas que me gusta hacer últimamente es buscar miniaturas que ilustran o iluminan los códices medievales. Sobre todo ahora que hay un buen corpus de obras digitalizadas por distintas bibliotecas y universidades y puedes navegar tranquilamente por estos libros centenarios sin moverte de casa. He de decir que son auténticas preciosidades, y que tocan muchos más temas que el resto de pinturas de esta época, románicas o góticas. Bueno, pues en uno de mis paseos descubrí la siguiente miniatura:

parecidos razonables entre esta miniatura y el cuadro de Fuseli

Pertenece a una copia de principios del siglo XIV del Digestum Vetus, una obra jurídica de la época del emperador Justiniano. Aunque se supone que es una representación del demonio sobre un hombre muerto, a mí lo primero que me vino a la cabeza es aquel cuadro de Fuseli, La pesadilla, del que ya hablé aquí. O, más bien, a esta versión que hizo del mismo tema el pintor danés Nicolaj Abildgaard, inspirándose en el cuadro del suizo:

nicolaj-abraham-pesadilla

Porque, además, se considera que los seres que aparecen en estos cuadros son íncubos, demonios masculinos que poseen a las mujeres; en el caso de estos cuadros, mediante sueños eróticos. Así que… ¿se trata de una coincidencia o la miniatura bebe del mismo mito?

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Ninfa en el agua

Ondina, por Watherhouse

Ella era hermosa, hermosa y pálida como una estatua de alabastro. Y uno de sus rizos caía sobre sus hombros, deslizándose entre los pliegues del velo como un rayo de sol que atraviesa las nubes, y en el cerco de sus pestañas rubias brillaban sus pupilas como dos esmeraldas sujetas en una joya de oro.

Gustavo Adolfo Bécquer: Los ojos verdes

Hace mucho, pero que mucho, mucho tiempo, que quería publicar esta entrada sobre Mélanie Delon. Desde que descubrí, hace ya unos años, un speed art suyo colgado en Youtube en el que demostraba su pericia ilustrando con el Photoshop. Investigué sobre ella, vi algunas galerías con sus ilustraciones, y recuerdo comentarle a mi padre que ella usaba el Painter, como él, para pintar digitalmente. Fue entonces cuando comencé este artículo pero, como me sucede a menudo, lo dejé aparcado. Poco después, Norma empezó a publicar álbumes con sus ilustraciones; yo quise retomar el tema, pero tuve que dejarlo otra vez y ahí se quedó, de nuevo, entre mis borradores, hasta que me he decidido a publicarlo por fin. Dicen que a la tercera va la vencida.

La niña de las mariposas

Podríamos definir a la francesa Mélanie Delon como una artista digital, totalmente autodidacta, que goza de gran prestigio desde hace bastantes años. Nació en una villa cercana a la capital, en 1980, y reside en París, ciudad que la enamoró desde el principio. Ella dice que lleva dibujando desde que tiene uso de razón, y en este aspecto contó siempre con el apoyo de sus padres. Sin embargo, afirma que nunca ha pintado. Al menos no de la manera tradicional.

Mélanie estudió Arqueología e Historia del Arte, lo que explica su amplio conocimiento de los pintores clásicos, pero confiesa que se pasó más tiempo dibujando que estudiando. Luego ingresó en una escuela de diseño en 3D para juegos. Le gustaba más dibujar que modelar las figuras o animarlas. Pero todo lo que sabe sobre color, composición, figura humana o iluminación no es fruto de un par de cursos, sino de toda una vida de trabajo, de experimentación y aprendizaje.

El 2005 fue un año clave para ella. Fue entonces cuando descubrió Photoshop. Lo hizo relativamente tarde, cuando ya tenía 25 años. En cuanto se hizo con su primera tableta digital (su querida wacom, a la que trata siempre en femenino), descubrió un mundo nuevo lleno de posibilidades. En muy poco tiempo se convirtió en una ilustradora digital experta en trabajar con Painter y Photoshop. Todo lo aprendió experimentando, sin maestros ni manuales. Sigue leyendo

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«Dios ha cerrado sus oídos a cuantas plegarias se le dirigen en su presencia. En el invierno, los lobos se reúnen en manadas junto al enebro que la protege para lanzarse sobre las reses; los bandidos esperan a su sombra a los caminantes, que entierran a su pie después que los asesinan, y cuando la tempestad se desata, los rayos tuercen su camino para liarse, silbando, al asta de esa cruz y romper los sillares de su pedestal».

Gustavo A. Bécquer: La cruz del diablo

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