Macabro y grotesco

Con el castillo de Loket reanudo esta serie de entradas que tenía algo olvidadilla; una fortaleza que lo mismo nos sirve para ambientar cuentos de hadas como historias de terror.

el castillo de loket

Crédito: wikipedia

Loket es una localidad muy pintoresca de la Bohemia checa, cerca de la frontera con Alemania. Su casco antiguo se encuentra situado sobre una loma que un pronunciado meandro del río Ohre rodea casi por completo. Desde lo alto, sobre una pared rocosa, el castillo domina el pueblo y los bosques circundantes.

Lo que se ve en la actualidad es un buen ejemplo de castillo gótico centroeuropeo, pero el castillo original, construido en la segunda mitad del siglo XII, se levantó siguiendo el estilo románico.  Este castillo primitivo comprendía dos torres, una iglesia y un edificio grande.  En ese tiempo ya adquirió renombre como bastión fronterizo del recién nacido reino de Bohemia.

Loket castle

La casa del Margrave – Crédito: wikipedia

A partir de 1250, el castillo se amplió gradualmente y fue remodelado hasta convertirse en una fortaleza gótica. En esa época fue frecuentado a menudo por la familia real. Era el castillo favorito del emperador Carlos IV, del Sacro Imperio, al que le gustaba pasar en él largas temporadas para descansar y cazar. Y eso a pesar de que, de niño, estuvo confinado en su interior por su propio padre, el rey Juan de Luxemburgo. El pequeño príncipe pasó dos meses encerrado en las bodegas.

Liebscher Karel – Castillo sobre río

En el siglo XV, en el curso de las guerras las guerras husitas, el castillo fue atacado varias veces por los revolucionarios, pero nunca pudieron tomarlo. Sin embargo, la misma dinastía Luxemburgo lo terminó hipotecando cuando se vio falta de dinero. De este modo, el castillo pasó por varias manos a lo largo de más de 100 años, hasta que la propiedad volvió al concejo a principios del XVII.

La fortaleza se tuvo que reconstruir varias veces debido a los incendios y a las marcas de la guerra, y se siguió ampliando durante el Renacimiento. También sufrió los embates de la guerra de los Treinta Años en el siglo siguiente. A principios del siglo XIX, el castillo fue reconvertida prisión, función que mantuvo hasta la Segunda Guerra Mundial, durante la cual se habilitó allí un campo de prisioneros.

castillo de Loket desde el río

El castillo desde la otra orilla del Ohre – Crédito: wikipedia

En otro de los edificios, los hermanos Haidinger fundaron una fábrica de porcelana en 1805. Más tarde se ubicó un museo en la Casa del Margrave, en 1907. La exposición de porcelana fina está abierta al público y ha sido bastante famosa.

En las décadas finales del XX, se llevó a cabo un importante trabajo de reconstrucción y mantenimiento, y desde 1993 el castillo de Loket ha sido accesible al público durante todo el año. Además de la exposición de porcelana, en las mazmorras hay ubicado un museo de la tortura bastante impresionante.

                            Imagen del museo de la tortura de Loket Museo de la tortura. Cepo
Fotografías del museo de la tortura. Crédito: Jim Linwood

 

Página oficial del Castillo de Loket

Siempre que he ido al Museo del Prado, me he topado con que El jardín de las delicias, del Bosco, es la obra más difícil de admirar con tranquilidad debido a la cantidad de gente que se apelotona delante del tríptico. Supongo que la mejor manera debe de ser llegar de los primeros a la cola, justo a la hora de apertura, e ir directamente a esa sala.

Por eso hoy traigo una alternativa para aquellos que nos hemos sentido algo frustrados al salir del museo: una página web con un documental interactivo sobre una imagen en alta resolución de la obra. Pero altísima; la pintura se puede ampliar hasta niveles asombrosos. Hay que probarlo para hacerse una idea, uno puede recrearse en detalles que no se aprecian a simple vista, y sin una multitud empujando. Se tiene la opción de revisar la tabla libremente o seguir el tour interactivo con audioguía y textos que explican las distintas escenas y su simbología, y que nos ayudan a comprender lo que era vivir en la Baja Edad Media y la importancia de la religión, la moral y el pecado en la vida cotidiana. Aquí está el enlace a esta maravilla.

Más cerca

Todavía más cerca

El documental se concibió como parte de los homenajes y estudios que se hicieron el año pasado en torno al pintor flamenco con motivo del V centenario de su muerte. Sus autores lo describen como un viaje audiovisual, en el que imagen, música y voz se unen para enriquecer la narración. En realidad, esta aplicación forma parte de un proyecto mayor, un “tríptico” multimedia de tres documentales sobre el autor y sus creaciones llevado a cabo por los holandeses de Pieter van Huystee Film. A esta visita interactiva hay que añadir el documental tradicional Jheronymus Bosch, Touched by the Devil, que revela nuevos descubrimientos sobre toda su obra, y un proyecto de inmersión dentro de El jardín de las delicias mediante realidad virtual, Jheronimus Bosch, the Eyes of the Owl, que parece estar todavía en proceso.

Documental El Bosco, tocado por el diablo

(Pinchad en el póster para acceder al trailer del documental)

La obra más enigmática del Bosco

El jardín de las delicias es, seguramente, la obra más conocida y atrayente de Hieronymus Bosch. Se trata de un tríptico, óleo sobre tabla, que la mayoría data en la última década del siglo XV.

Obra compleja, enigmática y llena de simbolismo, ha sido objeto de multitud de interpretaciones a lo largo de la historia, aunque parece que la teoría moralista es la de mayor peso entre los estudiosos. En el tríptico cerrado (que no se suele ver) está representada una escena de la creación del mundo. El documental interactivo nos permite cerrar “virtualmente” la obra para apreciarlo.

Imagen del tríptico cerrado

Imagen del tríptico cerrado

La obra abierta, la que se aprecia en el Prado, nos muestra tres escenas muy coloridas y repletas de construcciones y criaturas extrañas, que van aumentando su presencia de izquierda a derecha. Las tres partes tienen como denominador común el pecado. En el panel de la izquierda se representa el jardín del Edén y la presentación de Eva a Adán, antes del pecado original. Aunque predomina una sensación de placidez y sosiego, hay algunos elementos que anuncian que algo no va del todo bien. En el plano que hay más atrás, podemos vislumbrar ya a la serpiente, enrollada al árbol del bien y del mal. Y la violencia comienza a desatarse entre algunos animales.

El jardín de las delicias, tríptico abierto

Tríptico abierto

En el panel central, de una gran carga erótica, se representa ese “jardín de las delicias”, el paraíso engañoso de los vicios. Se nos muestra a través de numerosas escenas de muchachos y muchachas desnudos, manteniendo relaciones, o practicando diversos juegos eróticos, mientras se mezclan con criaturas salvajes o fantásticas. El ser humano ha perdido la gracia y ha sucumbido al pecado. Aparecen extrañas construcciones y grandes frutas que representan el carácter efímero de la felicidad o el goce de esos placeres pecaminosos. Las aves gigantes también tienen simbología sexual.

El panel derecho representa el infierno. Un infierno en el que los instrumentos musicales parecen tener una importancia especial a la hora de torturar a los pecadores. Aparece ese mundo dantesco y demoníaco en el que se castigan los distintos vicios y pecados capitales: la gula, la avaricia, la envidia, el juego, la lascivia… Como las otras dos partes, esta también está llena de detalles que hay que ir descubriendo poco a poco. Si el primer panel significaba el principio, aquí tenemos el fin.

Para saber más

Hace poco terminé la novela Baudolino, de Umberto Eco (de la que debo una reseña, por cierto). En ella se trata, entre otros, el tema del tráfico de reliquias durante la Edad Media. Y me ha parecido interesante indagar un poco más en este aspecto de la historia de la Iglesia, que en el medievo llegó a extremos disparatados, y que fue uno de los aspectos criticados más adelante por los movimientos de reforma.

Las reliquias de los santos: su porqué

Para entrar un poco en materia, las reliquias cristianas serían todos aquellos vestigios de cuerpos santos o de objetos que estuvieron en contacto con ellos, y que por eso son dignos de veneración. También se aplicó a los restos y todo lo que se hubiera relacionado directamente con los apóstoles, Jesucristo o la Virgen María; y a otro tipo de piezas o entidades santas más peregrinas. Se denominan ex ossibus, ‘de los huesos’, ex carne, ‘de la carne’ y ex pilis, si se trata de cabellos; ex vestibus, si forma parte de las vestiduras, ex capsa, ‘del féretro’ o  a contactu si fue tocada o estuvo en contacto con el cuerpo del venerado.

Desde los primeros tiempos, la religiosidad cristiana, sobre todo la más popular, trató de apoyarse en elementos más o menos tangibles que reforzasen la fe: edificaciones, imágenes, milagros, reliquias… Por lo que respecta a estas últimas, su culto se convirtió en una parte importante de un cristianismo incipiente que estaba constituyendo la identidad de la Iglesia.

Ya en la época de las persecuciones se mostraba un enorme respeto hacia los restos mortales de los mártires, y se recuperaban de patíbulos y anfiteatros, a veces con gran peligro, o se pagaban sumas considerables para poder sepultarlos. Una vez conseguidos, se trataban con ungüentos y perfumes, se envolvían en ricos tejidos y se enterraban en lugares escogidos, como las catacumbas de Roma, que se decoraban y se convertían en santuarios de oración para estos primeros cristianos. Esos mártires  representaban al cristiano perfecto, imitador de Cristo y de los apóstoles. También se empezó a guardar con gran respeto cualquier objeto relacionado con estos mártires.

Cobraron tanta importancia los restos de los santos, que los altares se erigían en sus tumbas y la eucaristía se celebraba en su presencia. Cuando terminaron las persecuciones, muchas iglesias y basílicas se construyeron sobre las criptas donde yacían esos cuerpos, y algunos se trasladaron a aquellos templos que no las tenían. El papa Félix I, a finales del siglo III ya lo había propiciado con sus mandatos, y el quinto concilio de Cartago llegó a decretar que no se consagraría nueva iglesia que no tuviera una reliquia en su altar.

mártires en catacumbas

Mártires en las Catacumbas (1855), de Jules Eugène Lenepveu

Hasta aquí todo es muy normal. Es comprensible que aquellos cristianos que vivían en la clandestinidad honrasen y santificasen a aquellos que habían dado la vida por su fe, y que la presencia de sus restos en los ritos reforzara la comunidad de esa Iglesia primitiva.

En el siglo IV, con el Edicto de Milán, la situación cambió y se permitió practicar el cristianismo como cualquier otra religión del imperio. El respeto a las reliquias de los santos se siguió difundiendo, y además se promovió la búsqueda de objetos relacionados con Jesucristo y los que le rodearon: la Virgen María y los apóstoles. Es muy posible que esta afición la inaugurase santa Elena, la madre del emperador Constantino, que, en su viaje por Tierra Santa, descubrió la Vera Cruz y se llevó consigo los primeros “recuerdos” cristianos.

El problema fue que, con la revelación de unos objetos tan sagrados, también se empezó a difundir la creencia en su carácter milagroso. Y fue entonces cuando se empezó a liar todo. Porque al ser humano enseguida le ciega la ambición de poder y riquezas. Se empezaron a cometer abusos relacionados con las reliquias que hicieron intervenir a algunos Padres de la Iglesia. San Jerónimo, por ejemplo, tuvo que recordar que no se adoraban las reliquias como objetos mágicos, sino que a través de ellas se llegaba a Dios. Y san Agustín denunció el comercio de reliquias. Pero la Iglesia ya no era la misma que en los primeros tiempos. Ahora ostentaba un poder político y económico importante, y muchas veces la movía intereses ajenos a la fe.

La Edad Media: un negocio muy lucrativo

En la Edad Media, el culto a las reliquias no hizo sino intensificarse. En el siglo VI se había generalizado la costumbre de utilizar las reliquias para la consagración de altares y de exhibirlas en relicarios o en procesiones para que los fieles pudieran venerarlas. Era un entusiasmo compartido por reyes, obispos o campesinos. La posesión de una reliquia daba prestigio a la iglesia, ermita, abadía o catedral que la custodiase, y era una gran fuente de riqueza gracias a los donativos, sobre todo si lograban convertirse en lugar de peregrinación. Pensemos en el caso de Santiago de Compostela y de Roma, donde se encontraban los restos más preciados, los de los apóstoles (Santiago por un lado, Pedro y Pablo por el otro), y nos daremos cuenta de la importancia de las reliquias en esta época en lo económico, lo social y lo político. Para los poderosos, laicos o eclesiásticos, fueron instrumento de poder y propaganda.

No es raro que este exacerbado fervor por las reliquias fomentase las disputas entre distintas comunidades, como sucedió con las ciudades Poitiers y Tours, que mantuvieron una larga reyerta por la posesión del cuerpo de san Martín. Incluso fomentó robos, como los del arzobispo gallego Diego Gelmírez, que sustrajo las reliquias de San Fructuoso, San Cucufate, San Silvestre y Santa Susana, y las trasladó furtivamente desde Braga hasta Compostela. O el hurto en Alejandría del cuerpo de san Marcos por parte de los venecianos.

Relicario

Reliquia de una de las espinas de la corona de Cristo. Catedral de Valencia. Por Ripoll531

En un principio, la única manera de atender la creciente demanda de reliquias fue la fragmentación. Aunque hubo cierta resistencia en un primer momento, la fragmentación de los restos era ya una práctica frecuente en Oriente en el siglo IV. Más tarde se propagaría por Occidente. Los restos se repartían en múltiples relicarios y así llegaban a todos los rincones de Europa. Sigue leyendo

Historia de la columna infame

La Columna Infame de Milán es un ejemplo de los extremos a los que puede llevar la psicosis colectiva, de las atrocidades que llega a cometer una comunidad enloquecida por el miedo.

La peste de Milán de 1630

Todo sucedió durante la peste que azotó la capital lombarda en 1630. El Milanesado formaba parte de la Corona Española y eran los tiempos ominosos de la guerra de los Treinta Años; una época de campos arrasados y ciudades en llamas, de hambre, plagas y enfermedades, de luchas religiosas y persecuciones de brujas.

Milán, que se había librado de la primera gran epidemia, sufrió ese año una manifestación de la peste especialmente virulenta y contagiosa. Frente a un mal tan feroz, la gente necesitaba explicar y dar sentido a tanta muerte. Cuando apareció la enfermedad en 1348, hubo quienes vieron en la peste un castigo divino o una señal milenarista, pero la reacción de la mayoría fue buscar culpables, algo que también permitía la liberación de la tensión colectiva. Extranjeros, marginales y, sobre todo, leprosos y judíos, pasaron a convertirse en sospechosos. La furia de las comunidades se encauzó especialmente hacia estos últimos, a los que se acusaba de envenenar los pozos. Y se multiplicaron los progromos y asaltos a juderías.

En el caso de esta epidemia de Milán, no tardó en cundir el pánico, y pronto se extendió por la ciudad el mito de los untadores de pestíferos, una creencia que ya se había dado antes en algunos otros lugares. Los habitantes creyeron que las murallas y las puertas de los edificios estaban impregnadas de una sustancia venenosa compuesta de extractos de sapos, serpientes y de pus y baba de los apestados: una receta que el diablo daba a los que pactaban con él.

Pronto aparecieron los primeros chivos expiatorios. En cuanto se desató la psicosis, cualquier acto, hasta el más trivial, resultaba sospechoso a los ojos de unos vecinos aterrorizados. Varias personas sufrieron las iras de la gente, fueron torturadas o linchadas por los motivos más inocentes, solo porque algún gesto había resultado extraño. Fue lo que le sucedió a un pobre anciano al que vieron en la iglesia limpiando el banco con un paño antes de sentarse.

Una vieja chismosa

Pero el caso más sonado fue el que llevó a la erección de la famosa columna. Un día, una anciana acudió a las autoridades para denunciar que había visto a un hombre haciendo movimientos extraños con un papel y restregando los dedos contra la muralla. Se investigó el asunto y finalmente fueron detenidos el comisario de salud pública, Guglielmo Piazza, y el barbero Giangiacomo Mora. Se les acusó de extender ungüentos mortíferos que acabaron con la vida de muchos ciudadanos; es más, se les juzgaría, incluso, por conspirar contra la ciudad y por sedición.

Los dos infelices, que lo negaban todo, por supuesto, fueron torturados según la práctica de la época. Pero también fueron engañados con falsas promesas de impunidad. Al final cedieron y terminaron confesando ser los autores de un acto tan execrable. A continuación, el senado de la ciudad los proclamó enemigos de la patria y fueron condenados a muerte.

Una muerte cruenta y una columna infame

Pero no iba a ser, tampoco, una muerte normal. Dado el carácter diabólico de su caso, y la cantidad de víctimas que se les imputaban, el método elegido para su ejecución fue especialmente cruel y cruento. La fecha indicada, se les llevó al cadalso y allí, una vez atados, les atenazaron con unos hierros al rojo las tetillas, los brazos, muslos y pantorrillas. A continuación, se les cortó la mano derecha, con la que habrían cometido su crimen. Y, por último, les quebraron todos los huesos a golpes y los dejaron allí durante seis horas de largo suplicio. Finalmente se les dio muerte, quemaron los cadáveres y lanzaron sus cenizas al río.

Pero no bastaba. La gravedad del delito exigía la perpetuación de la infamia de los delincuentes. La barbería de Mora fue arrasada y, en el solar, se levantó una gran columna que denominaron Infame. Con una inscripción en latín que reseñaba los hechos. Porque, además de servir de advertencia, la intención era dejar grabado para siempre los nombres de los dos criminales en memoria de su vileza.

Durante un siglo y medio, la columna se erigió en aquel solar del centro de Milán. Pero, con la llegada del Siglo de las Luces, los avances en los campos de la ciencia y del derecho fueron cambiando la percepción de aquel monumento, que se convirtió en la vergüenza de Milán. No se perpetuaba la infamia de Mora y Piazza, sino la infamia de los milaneses, que fueron los que cometieron el verdadero acto criminal con aquellos dos inocentes. Así que en 1778 las autoridades la mandaron derribar.

Este caso sirvió, en el siglo XIX, al escritor italiano Alessandro Manzoni para denunciar el uso de la tortura y atacar las ejecuciones de su tiempo con su obra Historia de la columna infame, que se publicó por primera vez como apéndice de Los novios, su gran novela.

Fuente
Jean Delumeau: El miedo en Occidente, Taurus

 

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Sátira del suicidio romántico y Sátira del suicidio romántico por amor, dos cuadros que me impresionaban mucho cada vez que los veía en los manuales cuando tenía que estudiar la literatura del Romanticismo.

Leonardo Alenza, Sátira del suicidio romántico

Sátira del suicidio romántico

Leonardo Alenza, Sátira del suicidio romántico por amor

Sátira del suicidio romántico por amor

Aunque es uno de los artistas más importantes del Romanticismo español, Leonardo Alenza sigue siendo bastante desconocido. Introvertido, enfermizo, bohemio y pobre, este pintor tuvo, además, una muerte temprana de tuberculosis, lo que le dio cierto halo de artista maldito. Alenza fue un buen observador de la sociedad que lo rodeaba y destacó, sobre todo, en la pintura de cuadros costumbristas. Alejado del Romanticismo oficial, sabía dotar a sus cuadros de cierta ironía y humor que mostraban su peculiar visión de la realidad.

Precisamente es al movimiento romántico al que parece satirizar en estos dos cuadritos conservados en el Museo del Romanticismo. Pero no hemos de caer en un error: la personalidad de Alenza fue romántica y así fue definido en su tiempo. Con estas dos obras lo que hace, más bien, es criticar los los excesos de muchos que, sin comprender realmente este movimiento, lo llevaron al límite o se quedaron en lo meramente externo. Un Romanticismo más fingido que sentido, que ponía el acento en lo más trágico y dramático antes que en el ansia de libertad a todos los niveles, en el conflicto del yo frente al mundo en el que le ha tocado vivir.

¡Los románticos!

Estos dos cuadros los presentó Leonardo Alenza dentro de una serie de seis «caprichos» en la exposición de la Academia de San Mateo de 1839. La pareja fue conocida como «¡Los románticos». Más adelante fueron denominados como «suicidios».

En efecto, el tema de los dos cuadros es el suicidio romántico, el trágico e inevitable final al que llega el individuo cuando su «yo» exaltado choca de bruces contra la realidad. Pero aquí se trata de meras sátiras. Sí, la noche, los cielos crepusculares y los espacios son puramente románticos: el cementerio y la peña escarpada y agreste. Pero los personajes están pintados con rasgos caricaturescos. Un doble suicida que se lanza al vacío y se va a clavar un puñal al mismo tiempo, y dos amantes ancianos, de rasgos casi cadavéricos, que rozan ya lo grotesco. En ambos cuadros, los personajes están rodeados de objetos simbólicos, bodegones macabros que critican los excesos románticos, que han convertido el movimiento en una moda.

Los dos cuadros están construidos con pinceladas sueltas, rápidas y largas que los dotan de gran expresividad y refuerzan su carácter trágico. La influencia del estilo pictórico de Goya es innegable. La oscuridad envuelve ambas escenas, y en los dos casos, la composición se cimenta en el contraste entre las grandes manchas blancas centrales y los elementos que las rodean. En un caso, se resalta el patetismo de la imagen del doble suicida, que resalta con el blanco de su camisa frente a los pardos del paisaje agreste y el cielo crepuscular. En el otro, la mirada nos lleva a la anciana de aspecto fantasmagórico y mirada perdida que preside la escena, vestida de blanco como una jovencita, que hasta está peinada con tirabuzones.

Referencias
http://museoromanticismo.mcu.es/web/archivos/documentos/piezames_diciembre_2013.pdf
HISTORIA UNIVERSAL DEL ARTE, Tomo 9, Espasa Calpe, 2000

 

duende coco secuestrando un bebé

Duende robaniños, acuarela de Juan Gallego

Este duende robaniños es otra de esas ilustraciones del daimieleño Juan Gallego que se basan en la mitología popular. Porque, ¿quién no recuerda ese coco de nuestra niñez, ese personaje asustaniños que amenazaba con llevársenos si no nos acostábamos a la hora? De todas esas nanas, y poemas, de las historias de cocos, sacamantecas y hombres del saco; de todas estas fuentes bebe esta ilustración que nos introduce en una noche cerrada sobre los páramos manchegos por donde pulula un siniestro personaje. La técnica utilizada por el ilustrador es la acuarela, retocada posteriormente de manera digital. Forma parte de la misma galería de seres mágicos y de leyenda, como la ogresa.

Duerme, niño, duerme, / duerme, que viene el coco, / y se lleva a los niños / que duermen poco.

 

 

Delirios de amor y muerte es el poético titulo de una antología para amantes de Edgar Allan Poe que recoge las obras de amor y terror más significativas del autor. Meticulosamente ilustradas por David G. Forés durante los últimos dos años, y diseñadas por Carlos Ruiz, componen una obra dónde textos e imágenes se funden, presentada además con banda sonora original para disfrutar de la experiencia al completo.

Pues este ha sido uno de mis regalos de reyes de este año, la guinda del pastel. La verdad es que merece una reseña por mi parte dada su calidad. El libro es una auténtica maravilla ilustrada de diseño impecable, en tapa dura, impreso con tintas de calidad sobre papel de alto gramaje, con termograbados en las cubiertas… Pocas veces he visto una edición tan cuidada como esta; hasta tal punto, que la editorial Play Attitude solo ha podido llevarla a cabo mediante edición limitada en Crowfunding.

Ejemplar Delirios de amor y muerte

El germen del proyecto fue una aplicación, iPoe, y su gran impulsor ha sido su ilustrador, David G. Forés. Por supuesto, como es normal en este tipo de micromecenazgos, hay una serie de recompensas. En mi caso, al tratarse de la Insane Edition, el libro viene acompañado con la lámina de Forés Master of Macabre y mi nombre es mencionado en una lista de mecenas que aparece al final. Pero, según la aportación, la obra se acompaña de reproducciones seriadas y firmadas por el autor, estuches, o la banda sonora original de este proyecto (¡sí, un compositor le ha creado una banda sonora!) en un disco de vinilo. Incluso se contempla la creación de 7 ejemplares de lujo encuadernadas a mano con detalles como bisagras metálicas.

En cuanto al contenido, consiste la edición en una recopilación de seis relatos del maestro del terror: “El Gato Negro”, “El retrato oval”, “El corazón delator”, “Hop-Frog”, “La Máscara de la muerte roja” y “La verdad sobre el caso del señor Valdemar”. A ellos se suman sus dos poemas más conocidos:  “El cuervo” y “Annabel Lee”. Eros y Thanatos, el amor y la muerte, como reza el título, son el hilo conductor de esta selección, la temática que comparten cuentos y poemas, a veces profundamente entrelazados en esa especie de necrofilia y necrofobia de la que el especialista Rafael Llopis habla al referirse a la obra del escritor.

El libro se cierra con una breve biografía de Poe, una serie de bocetos a lápiz, y unas páginas con curiosidades sobre los distintos poemas o relatos.

Una delicia visual

La calidad de las ilustraciones es indiscutible. Cada una de ellas captan perfectamente la atmósfera misteriosa, siniestra o macabra de los escritos. David Forés ha realizado un gran trabajo. Evocadoras o grotescas, las imagenes nos sumergen todavía más, si cabe, en el universo gótico del autor y enriquecen sobremanera la experiencia de la lectura.

Pero la calidad visual de la edición no se queda ahí. El mismo diseño del libro cobra protagonismo y se conjuga con las ilustraciones para lograr una interacción entre texto e imagen. El maquetador, Carlos Ruiz, juega con la tipografía, cambia el tamaño o altera la disposición para crear imágenes, como los caligramas de los poetas vanguardistas, siempre en consonancia con lo que cuenta la historia. La forma del texto adquiere vida propia y se convierte en un elemento más con el que disfrutar de la historia: las palabras “laten” al ritmo de ese corazón delator, dejan el hueco de un ojo, se fusionan con las ilustraciones…

muerte roja corazón delator

En fin, que Delirios de amor y muerte es un deleite para los sentidos; así, en plural, porque todos actúan: es una delicia visual, podemos tocar los repujados y las distintas texturas, degustar el olor especial que desprenden estos libros nuevos, e incluso escuchar, mientras leemos, esa banda sonora compuesta por Teo Grimalt. El resultado es una experiencia muy intensa y totalmente inmersiva.

Es el libro de Poe que siempre he querido tener,
y ahora quisiera compartirlo con vosotros.

David G.Forés

Página de Kiksaterter
Página web de la editorial Playattitude

 Bebé con cascosiamesesbebé ojos grapadosMáscarasArtista de los siniestro y decadente

Estas aterradoras esculturas de pesadilla son obra de Axel Torvenius, un artista sueco multidisciplinar que se dedica a la pintura digital, a la ilustración, el cómic, la escultura, la fotografía, la animación y el diseño gráfico. Es el propio Torvenius al que le gusta denominar a su trabajo como arte decadente o darkart; en sus obras se mezcla el fetichismo, el horror, el erotismo, lo macabro y lo grotesco. En sus esculturas trambién pueden encontrarse otros temas como el abandono, el anticlericalismo o una sutil crítica soterrada sobre algunos cánones establecidos de nuestra sociedad. De ahí sus personajes deformes y sus “huérfanos”. También destaca su colección de máscaras, a cual más siniestra. Sigue leyendo

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«Dios ha cerrado sus oídos a cuantas plegarias se le dirigen en su presencia. En el invierno, los lobos se reúnen en manadas junto al enebro que la protege para lanzarse sobre las reses; los bandidos esperan a su sombra a los caminantes, que entierran a su pie después que los asesinan, y cuando la tempestad se desata, los rayos tuercen su camino para liarse, silbando, al asta de esa cruz y romper los sillares de su pedestal».

Gustavo A. Bécquer: La cruz del diablo

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