Magritte

Tumbado de cara al cielo, trato de disfrutar de uno de los pocos momentos de relax vespertino que me puedo permitir. Paso ahora la mayoría de mis tardes veraniegas entre cuatro paredes hasta la puesta de sol. No hay tiempo para relajarse así.

Se está muy tranquilo; siento las losas del pozo en mi espalda y escucho cómo el viento zarandea los frutales. Pero no me gusta un cielo sin nubes; me provoca ansiedad. Demasiada profundidad azul, un infinito agobiante… Por eso cierro los ojos y pienso.

No es bueno pensar… Al menos esa es la conclusión a la que he llegado. Produce demasiada angustia. Meditar sí, si supiese hacerlo como Siddharta -¿debería aprender yoga?-. Pero, como de costumbre, no puedo evitar pensar y pensar.

Los hombres grises
René Magritte – Le Chant de la Violette

Creo que he llegado a un pacto con los Hombres Grises. Lo sospecho. Aunque
no sé cuándo ni dónde. Quizá en algún bar que enmascarase ese persistente olor a humo que dejan tras de sí. Sólo sé que desde hace meses, creo que años, me falta tiempo. Mucho tiempo.

¿Dónde está ese tiempo que dedicaba a escribir? Busco el tiempo para salir a pasear, para coger la bicicleta y recorrer los caminos que rodean el pueblo, para asomarme por la biblioteca, y no lo encuentro. Antes estaba ahí. Y de repente desapareció. Creo que hasta me están cobrando intereses. Es posible que sean del préstamo de estos años de atrás, cuando pasé tantas horas tumbado en el sofá, envuelto en mi tristeza. No lo sé… Tan sólo me queda esa sensación de tiempo perdido y de falta de tiempo; y me asaltan la cabeza, cada vez más, imágenes de hombres de traje oscuro y bombín, como los de los cuadros de Magritte.

¿Qué debo hacer? Quizá la solución sea coger una escoba y comenzar a barrer las baldosas. Barrer media baldosa, tomarme una pausa para respirar profundamente y barrer la otra media. Y así poco a poco, hora tras hora, hasta recuperar mi tiempo perdido, hasta devolver mi préstamo. Sí, sé que es eso lo que debo hacer…pero… ando tan mal de tiempo…

Suscríbete al blog

Y recibirás los artículos de Senderos Ocultos directamente en tu correo electrónico.

Archivos

Eres un erudito de historias secretas, una investigadora de libros polvorientos, o un saqueador de relatos...

Eres una cazadora de brujas, un arquólogo de lo grotesco o una tejedora de mitos y leyendas...

¡Bienvenidos! Habéis llegado al lugar indicado: un rincón donde se unen los senderos ocultos del arte, la música, la literatura y la historia.

«Dios ha cerrado sus oídos a cuantas plegarias se le dirigen en su presencia. En el invierno, los lobos se reúnen en manadas junto al enebro que la protege para lanzarse sobre las reses; los bandidos esperan a su sombra a los caminantes, que entierran a su pie después que los asesinan, y cuando la tempestad se desata, los rayos tuercen su camino para liarse, silbando, al asta de esa cruz y romper los sillares de su pedestal».

Gustavo A. Bécquer: La cruz del diablo

146159
visitas

Follow me on Blogarama