Monstruos

Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas

El rey de las serpientes

El basilisco es una criatura fabulosa de carácter serpentino; sobre todo en sus orígenes. Egipcios y hebreos lo mencionan en sus textos, y los griegos lo tenían por la más mortífera de las criaturas. Para estos pueblos de la Antigüedad, formaba parte de la familia de las serpientes. Más aún: los helenos lo consideraban el rey de las serpientes, de ahí el nombre que le dieron: βασιλίσκος, que significa «pequeño rey». Porque, aunque no es muy grande, su aspecto, su porte al desplazarse y su extrema toxicidad lo elevan por encima de los demás ofidios. Plinio, el Viejo, por ejemplo, nos presenta al basilisco en su Historia natural (VIII 33) como una serpiente que no supera los 12 dedos (unos 22 cm) con una mancha blanca con forma de corona en la cabeza. A diferencia de las otras serpientes, los basiliscos avanzan erguidos, alzando la mitad del cuerpo y arrastrándose con el resto.

Sin embargo, esta imagen no se ha mantenido invariable a lo largo del tiempo. En el paso de la Edad Antigua a la Edad Media, el basilisco sufre una importante metamorfosis que lo convierte en una criatura híbrida, quimérica. Aunque nunca pierde su esencia reptiliana. ¿Por qué este cambio? Quizá se debiese a a una mala interpretación de las fuentes clásicas, o a una mala traducción, o a cualquier otro tipo de contaminación.

Grabado de un basilisco

Grabado de un basilisco en la Historiae Animalium de Konrad Gesner (1551).

El caso es que los bestiarios medievales pintan al basilisco como una bestia con cabeza, pecho y patas de gallo, y el resto del cuerpo acabado en una larga cola de serpiente. Tiene una excrescencia roja con forma de corona en la cabeza, a modo de cresta, y sus ojos son saltones y amarillos, como los de los batracios (rojos según John Swan en el Speculum mundi). Puede estar recubierto de plumas o de escamas, no hay unanimidad en esto. Generalmente son de color verde, con manchas blancas de reflejos plateados. Aunque hay quien lo pinta de amarillo. Incluso hubo algún caso en el que se le atribuyó hasta ocho patas. El tamaño era mayor que el que daba Plinio, por supuesto. Y se especuló con que lo que describió el naturalista fue a las crías.

En las Etimologías (s. VII), san Isidoro lo sigue considerando el rey de las serpientes. En esencia, copia a Plinio, pero agrega cosas de su cosecha. El motivo del gallo, la adición más importante, se encuentra ya en el Physiologus, un texto cristiano de autor desconocido que apareció entre los siglos III y IV. En esta obra hay una importante compilación de animales y monstruos. Como la finalidad es moralizante, las descripciones de las criaturas están llenas de símbolos y alegorías. Es muy posible que los bestiarios tomasen estas descripciones al pie de la letra, como si se tratase de un texto de historia natural, y de ahí los añadidos o metamorfosis sufridas por algunas criaturas.

Basilisco como rey de las serpientes

Miniatura de un basilisco en el manuscrito Harley 4751 (f. 59) de la British Library

Bueno, pues para justificar este cambio de fisonomía, se empezó a difundir el mito de que el basilisco nace (ojo al dato) del huevo ¡de un gallo! empollado por un sapo. El huevo le surge al gallo en el vientre cuando se hace mayor y cesa de montar a las gallinas. El animal, como es lógico, se queda atónito, y busca un lugar discreto y cálido (un estercolero, un establo…), y escarba allí un agujero con las patas para deshacerse del huevo. Si da la casualidad de que anda por la zona algún sapo, un animal de naturaleza tóxica (o una serpiente en algunas fuentes), este olerá el veneno del interior del huevo y acudirá a incubarlo. Cuando se rompe el cascarón, salen polluelos machos, iguales que los polluelos de gallinas, y al cabo de siete días les crecen colas de serpiente.

De esta imagen derivó, a partir del siglo XII, la de otro monstruo, la cocatriz, cuya única diferencia con el basilisco era un par de alas draconianas. Y que nacían de manera inversa: del huevo de una serpiente empollado por una gallina. Pero las dos criaturas se confundieron prácticamente desde el principio, y al final del Medioevo eran dos nombres que se empleaban para el mismo ser.

La criatura más venenosa sobre la tierra

La gran letalidad del basilisco, sin embargo, se mantuvo inmutable con paso del tiempo. No solo posee uno de los venenos más potentes, sino que es tan abundante en su cuerpo que, según Brunetto Latini (Tesoro, IV, 3), rezuma por toda su piel, y por eso reluce. No es de extrañar que su toque o mordisco sea mortal de necesidad. Y casi igual de ponzoñoso es su aliento, del que se sirve para cazar envenenando el aire a su paso.

cita de plinio el viejo

Pero, sin duda, la capacidad más mortífera de los basiliscos es su mirada. Con ella pueden matar a hombres y animales a distancia, e incluso llegar a partir la piedra. Una de las teorías es que emiten por los ojos una especie de fuerza corruptora. Algo parecido, en cierto modo, al mal de ojo. El poeta Lucano escribió en su Farsalia que se debe a que los basiliscos nacieron de la sangre derramada de la Medusa, y habrían heredado su mirada letal.

A los basiliscos les gusta vivir en lugares áridos, como a los escorpiones. Según Plinio, son originarios de las zonas desérticas de Libia, en la provincia de Cirenaica, aunque, hacia el siglo X, diversas fuentes los localizaban ya en Europa. En realidad, no es que vivan en el desierto sino que este los sigue; los mismos basiliscos convierten en desierto el territorio por el que pasan, al desmenuzar las piedras y secar árboles y plantas. Hasta las aves, en el cielo, corren el peligro de ser alcanzadas por su ponzoña. Además, son capaces de envenenar los cursos de los ríos durante décadas, o incluso siglos. San Isidoro advierte que quienes beben o se baña en esas aguas se vuelven hidrófobos y linfáticos. Precisamente, durante las epidemias de peste negra que se sucedieron a partir del siglo XIV, surgió el rumor de que la enfermedad era provocada por envenenadores que usaban carne de basilisco para emponzoñar el agua.

Enfrentarse al basilisco

A pesar de su peligrosidad, hay maneras de acabar con el basilisco. Si no, sería imposible echarse a los caminos y el desierto se habría extendido por todas partes. Por un lado, tiene su propia némesis en la comadreja, cuyo aroma le resulta fatal. El mustélido es capaz de seguirle el rastro hasta su madriguera por el olor de su orina; una vez allí se enfrentan, aunque ambos perecen. Otro enemigo mortal del basilisco es la centícora, a la que trata de buscar cuando descansa para inyectarle su veneno.

basilisco contra comadreja

Basilisco luchando contra una comadreja. Miniatura del Bestiario de Aberdeen (f. 66) Aberdeen University Library

Tan mortal como el aroma de la comadreja es, para el basilisco, el canto del gallo. Quizá debido a su extraño origen. Es por esta razón por la que algunos viajeros se proveían de gallos cuando debían atravesar tierras salvajes y peligrosas.

Por último, se puede usar contra el basilisco al mismo basilisco: si conseguimos que se mire en un espejo, se fulminará con su propia mirada.

Pero también hay maneras de contemplar al basilisco sin sufrir las consecuencias de su mirada. Desde muy antiguo se decía que se puede evitar el daño si lo ves antes de que él te vea. Otra manera de evitarlo es mirarlo a través de un vidrio. Cuanto mayor sea este, mejor, ya que, además de proteger del efecto de la mirada, el basilisco no puede distinguir nada situado tras él. Cuenta la leyenda que fue así como Alejandro Magno se enfrentó a ellos: mandó fabricar unos enormes botellones de vidrio en los que cabían varios hombres; allí dentro los basiliscos no los veían, así que los podían matar fácilmente con sus flechas.

Dado que se trataba de una criatura tan mortífera, no es raro que se usara en el arte medieval como símbolo de muerte, o relacionado con el diablo y el infierno. Aunque también con simbolismo de muerte y resurrección (el gallo, la serpiente y la renovación cíclica). En el ámbito alquímico, también proliferaba la imagen del basilisco, vinculada aquí al poder devastador y regenerador del fuego. Llegaba a aparecer en las fórmulas de transmutación de metales, como en la consecución del pigmento oro.

Basilisco en un canecillo del ábside de la iglesia de Oquillas. Fotografía tomada de Arteguías.

 

Fuentes

ECO, Umberto: Historia de las tierras y los lugares legendarios, Lumen, Barcelona, 2013
BORGES, J.L. y GUERRERO, M.: Manual de zoología fantástica, Fondo de Cultura Económica, 1957
BESTIARIO MEDIEVAL, Ed. de Ignacio Malaxecheverría, Ediciones Siruela, Madrid, 1999
PLINIO EL VIEJO: Historia natural. Libros VII-XI, Ed. Gredos, Madrid, 1998
Blog de Criaturas Fantásticas.

 

 

Nueva selección de artículos pueblicados en Steemit. Como anuncié, solo dejo los que tratan temas afines a este blog, aquellos que os pueden resultar interesantes.

Jean Baptiste Bernadotte, artículo en Steemit Jean Baptiste Bernadotte: las extrañas vicisitudes de un rey republicano. El caso del revolucionario francés, y general de Napoleón, que se conviritió en rey de Suecia y Noruega.
Cervantes, el outsider. Soldado, viajero, emprendedor… Cervantes fue una persona que se hizo a sí misma y trató de hacerse un hueco en un mundo hostil lleno de dificultades.
¿Pares o nones? Nanorelato surgido de una propuesta que hizo un grupo de escritores en Twitter.
Criaturas fantásticas y (posiblemente) dónde encontrarlas: LA CENTÍCORA. Griatura enorme de cuernos móviles que aparece descrita en los bestiarios medievales.

Disfrutadlos. Os recuerdo que en Steemit utilizo el nombre de usuario @iaberius

 

 

Las tentaciones de san Antonio

Las tentaciones de san Antonio, cuadro de Dalí

Las tentaciones de san Antonio es un óleo pintado por Salvador Dalí en 1946, expuesto en el Musée Royaux des Beaux-Arts de Bruselas. Se trata del único cuadro que pintó para presentarlo en un concurso. Con él se inicia la transición hacia la época misticista del autor, en la que comienza a abordar temas religiosos. Dalí hace casi una década que ha abandonado el surrealismo más auténtico y ortodoxo (en realidad ha sido expulsado del movimiento por Breton), pero conserva aún sus características externas y formales. Todavía encontramos ese mundo onírico, distorsionado, de figuras deformadas. Pero no se trata ya de pulsiones del inconsciente; lo que prima ahora es el simbolismo de los elementos, los mensajes encriptados.

La escena representa a san Antonio enfrentado a las distintas tentaciones que asedian al ser humano. Las tentaciones enfilan hacia el santo a lomos de unos animales aberrantes, un caballo y unos elefantes de patas imposibles, largas y finas, como de insecto. La ambición de gloria y triunfo (el caballo), el sexo, el oro, el poder (los elefantes); san Antonio afronta las tentaciones desnudo, desarrapado, con la única protección de una cruz. No es la primera ni la última vez que Dalí utiliza en sus cuadros esos elefantes con patas de antena, basados en la escultura del obelisco y el elefante de Bernini. Contrasta la calma del fondo, de las figuras que vagan por ese desierto infinito, con la violencia del primer plano, en el que la expresión del caballo encabritado sobre el santo provoca en el espectador una honda inquietud.

duende coco secuestrando un bebé

Duende robaniños, acuarela de Juan Gallego

Este duende robaniños es otra de esas ilustraciones del daimieleño Juan Gallego que se basan en la mitología popular. Porque, ¿quién no recuerda ese coco de nuestra niñez, ese personaje asustaniños que amenazaba con llevársenos si no nos acostábamos a la hora? De todas esas nanas, y poemas, de las historias de cocos, sacamantecas y hombres del saco; de todas estas fuentes bebe esta ilustración que nos introduce en una noche cerrada sobre los páramos manchegos por donde pulula un siniestro personaje. La técnica utilizada por el ilustrador es la acuarela, retocada posteriormente de manera digital. Forma parte de la misma galería de seres mágicos y de leyenda, como la ogresa.

Duerme, niño, duerme, / duerme, que viene el coco, / y se lleva a los niños / que duermen poco.

 

 

ogresa - serrana con el arcipreste

La ogresa portando a un viajero

Ençima de este puerto vime en rebata,
fallé una vaquerisa çerca de una mata:
preguntele, quién era respondiome la chata:
«Yo só la chata resia, que a los omes ata.
»Yo goardo el portadgo et el peage cojo,
»el que de grado me paga, non le fago enojo,
»el que non quiere pagar, priado lo despojo;
»págame, si non verás, cómo trillan rastrojo.»
detúvome el camino, como era estrecho,
una vereda estrecha, vaqueros la avían fecho,
desque me vi en coyta, arresido, mal trecho,
«Amiga», díxel’, «amidos fase el can barbecho,
»déxame pasar, amiga, darte he joyas de sierra,
»si quieres, dime quáles usan en esta tierra,
»ca, segund es la fabla, quien pregunta non yerra,
»et por Dios dame posada, que el frío me atierra.»
Respondiome la chata: «Quien pide non escoge,
»prométeme que quiera antes que me enoje,
»non temas, si m’ das algo, que la nieve mucho moje
»conséjote que te avengas antes que te despoje.»
Como dise la vieja quando bebe su madeja;
«Comadre, quien más non puede amidos morir se dexa.»
Yo desque me vi con miedo, con frío e con quexa
mandele pancha con broncha e con çorrón de coneja,
echome a su pescueso por las buenas respuestas,
et a mí non me pesó, porque me llevó a cuestas:
escusome de pasar los arroyos et las cuestas,
fis’ de lo que y pasó las copras de yuso puestas.

Fragmento del Libro de buen amor, de Juan Ruíz, el Arcipreste de Hita

 

Ilustración a la acuarela de Juan Gallego, que se inserta dentro de una galería que versa sobre seres mágicos, legendarios o míticos de la Mancha (o Castilla-La Mancha). Algunos estarán sacados de cuentos o leyendas populares, otros quizá sean inventados, aunque siempre se basen en algún aspecto de estas comarcas. No olvidemos que el propio Cervantes creó para don Quijote todo un pasaje mágico y con sus propias leyendas sobre el Guadiana y las lagunas de Ruidera.

¿Ogresa o serrana?

¿Por qué no las dos cosas? ¿No podrían ser las famosas serranas que asaltan al Arcipreste, esas mujeres enormes y monstruosas, ávidas de dinero y de sexo, ogresas que cuidaban los puertos de montaña y asaltaban a los caminantes? Podrían apostarse no solo en Guadarrama, sino en los Montes de Toledo, o la Serranía de Cuenca, por ejemplo.

Estas ilustraciones seguramente formará parte de un proyecto más ambicioso que queremos preparar desde Naturaletra. A ver si pronto puedo seguir poniendo algún otro ejemplo por el blog.

 

 Bebé con cascosiamesesbebé ojos grapadosMáscarasArtista de los siniestro y decadente

Estas aterradoras esculturas de pesadilla son obra de Axel Torvenius, un artista sueco multidisciplinar que se dedica a la pintura digital, a la ilustración, el cómic, la escultura, la fotografía, la animación y el diseño gráfico. Es el propio Torvenius al que le gusta denominar a su trabajo como arte decadente o darkart; en sus obras se mezcla el fetichismo, el horror, el erotismo, lo macabro y lo grotesco. En sus esculturas trambién pueden encontrarse otros temas como el abandono, el anticlericalismo o una sutil crítica soterrada sobre algunos cánones establecidos de nuestra sociedad. De ahí sus personajes deformes y sus “huérfanos”. También destaca su colección de máscaras, a cual más siniestra. Sigue leyendo

Acecha los sueños y, cuando encuentra una víctima, atravesará las ventanas para llegar hasta ella. El Coconut, salido de la mente, a veces distorsionada, del acuarelista Juan Gallego. Pertenece a una galería que estamos preparando de personajes “extraños”.

el monstruo que acecha los sueños

Juan Gallego: el Coconut – Acuarela sobre papel

 

Travis Louie es un original artista neoyorquino famoso por sus retratos fantásticos de monstruos y personajes deformados que posan ante el espectador como si estuviesen ante una cámara. Efectivamente, sus acrílicos monocromáticos comienzan como cuidados y detallados dibujos a grafito y terminan pareciendo viejos daguerrotipos de la época victoriana, donde se mezclan lo real y lo irreal en una amalgama surrealista.

Tocado de libélula, de Travis Louie

 

Monstruo daimieleño

 

 

Bien podrían ser un par de brujas de Daimiel

Hombre con sombrero y araña, de Travis Louie

 

 

Pueden reconocerse las fuentes de la cultura popular de las que el autor reconoce haber bebido: las ferias de rarezas, los comics de monstruos y superhéroes o las películas de ciencia ficción y terror de los años cincuenta y sesenta. Lo mejor es que Travis suele acompañar cada obra de un pequeño texto explicativo, “biográfico”, a modo de diario.

Su página personal la dejo enlazada aquí.
Y aquí, su blog, donde se pueden encontrar muchas más muestras de su arte.

ars malefica

Esta vez lo que traigo es el book trailer de un libro de rol. Ars Malefica es un suplemento para la nueva edición, la tercera, del ya clásico juego Aquelarre de Ricard Ibáñez. El trailer es una auténtica preciosidad, basado en las ilustraciones de Jaime García Mendoza para el libro, que imitan las iluminaciones de los códices medievales, aunque de una manera algo siniestra, acorde con el espíritu del juego. Me gusta, me gusta. Como siempre, un trabajo de altísima calidad tanto en el contenido como en el continente.

 

El compositor ruso Modest Músorgski compuso este poema sinfónico 1867, aunque fue orquestado más tarde por Rimsky-Korsakov. La pieza está basada en diversas leyendas del folclore ruso sobre brujas y aquelarres, que llegaron a Músorgski a través de un cuento de Nikolai Gógol. Es mundialmente conocida esta versión de la película Fantasía de Disney, en la que, con la llegada del anochecer, la cima de la montaña se transforma en el gran demonio Chernabog, que utiliza sus poderes infernales para invocar fantasmas, diablos y brujas que bailan en loco aquelarre hasta que las campanas que anteceden al amanecer obligan al gran demonio a retirarse.
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Gustavo A. Bécquer: La cruz del diablo

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