Muertos

Estamos a las puertas de noviembre y se acercan las celebraciones del Día de Muertos, aunque desde mediados de este mes la gente ya llenaba los mercados, adornados para la ocasión, para adquir los productos que se colocarán como ofrendas en el altar. Otros años ya había hablado del significado general de la fiesta y de algunos elementos de la misma, como el propio altar de muertos, las calaveras de azúcar o las calaveras rimadas. Hoy dejo un vídeo muy ilustrativo sobre la celebración del Hanal pixan en la península de Yucatán.

Hanal pixan

Hanal pixán es una expresión maya que se podría traducir como “comida de las ánimas”, y es la manera como se define en el Yucatán esta tradición con la que se recuerda a los amigos y parientes que nos dejaron, y que tienen “permiso” para visitarnos entre el 31 de octubre y el 2 de noviembre. El día dedicado a los niños difuntos se denomina u hanal palal; el dedicado a los adultos, u panal nucuch uinicoob; y el tercer día, u hanal pixanoob. Este último, los familiares meriendan las viandas del altar, que han pasado ofrecidas a los difuntos la noche del 1 al 2. Se toma el atole y el balché (bebida hecha con la corteza del árbol del mismo nombre), y comen las frutas, el xec (mezcla hecha con chile molido, mandarina, jícama, naranja y otras frutas), los dulces de pepita y papaya, los tamales y vaporcitos (pequeños tamales cocinados al vapor), el pan dulce, los pibinales (mazorcas de maíz tierno) o los pibil-x’pelon (unas tortas de masa y frijoles). Pero es especialmente esperado el pib (mucbipollo, o mucbil pollo), un tamal grande de masa de harina maíz y manteca, relleno de pollo y cerdo, tomate y chile. El pib se guisa en un horno envuelta en hojas de plátano, aunque la manera tradicional es cocinarlo metido en un agujero en la tierra en el que se ha calentado con leña una base de piedras, cubierto por hojas y tierra.

pib para hanal pixan

Fuentes

Página del Gobierno de Yucatán

INFOGráfica, colectivo de artistas yucatecos autores del vídeo

 

La tumba de Tolkien

Se encuentra en el cementario de Wolvercote, en Oxford, en un rincón de la sección católica. La tumba del profesor, del lingüista y filólogo, poeta y novelista, del creador de idiomas y hacedor de mundos: John Ronald Reuel Tolkien.

Falleció en 1973, casi dos años después que su mujer, Edith, su gran amor, su Luthien desde que la viera bailando para él en el bosque, entre las flores blancas. Y así leemos debajo de sus respectivos nombres: Luthien y Beren, transformados de este modo, los dos, en personajes de leyenda para siempre.

El invierno, de Giuseppe Arcimboldo

Me ha gustado el cuadro de El invierno de Arcimboldo para dar la bienvenida a esta noche mágica. Como ya dijimos en una entrada anterior, Samhain marcaba el inicio del invierno para los pueblos celtas, la llegada de los días de frío y oscuridad. La separación entre los vivos y los muertos se disolvía en esta noche y se hacía posible la comunicación entre unos y otros.

Así que ya sabéis: Oíche Shamhna shona daoibh, a chairde! ¡Feliz noche de Samhain! ¡Y cuidado con quién os encontráis en la oscuridad!

ars malefica

Esta vez lo que traigo es el book trailer de un libro de rol. Ars Malefica es un suplemento para la nueva edición, la tercera, del ya clásico juego Aquelarre de Ricard Ibáñez. El trailer es una auténtica preciosidad, basado en las ilustraciones de Jaime García Mendoza para el libro, que imitan las iluminaciones de los códices medievales, aunque de una manera algo siniestra, acorde con el espíritu del juego. Me gusta, me gusta. Como siempre, un trabajo de altísima calidad tanto en el contenido como en el continente.

 

El compositor ruso Modest Músorgski compuso este poema sinfónico 1867, aunque fue orquestado más tarde por Rimsky-Korsakov. La pieza está basada en diversas leyendas del folclore ruso sobre brujas y aquelarres, que llegaron a Músorgski a través de un cuento de Nikolai Gógol. Es mundialmente conocida esta versión de la película Fantasía de Disney, en la que, con la llegada del anochecer, la cima de la montaña se transforma en el gran demonio Chernabog, que utiliza sus poderes infernales para invocar fantasmas, diablos y brujas que bailan en loco aquelarre hasta que las campanas que anteceden al amanecer obligan al gran demonio a retirarse.
Escultura votiva del siglo V a.c. Museo Británico

¿Ún ángel? No, se trata de Vanth, la servidora de Charun, el principal demonio femenino de la muerte según la motología etrusca. Pero resultan interesantes las semejanzas iconográficas.

Para saber más sobre Vanth y las creencias etruscas sobre la muerte y el más allá hay un buen artículo de la revista Historia National Geografic: “Etruscos, los dioses del más allá”.

balada de los ahorcados

Hermanos, los humanos que aún seguís con vida,
no tengáis con nosotros el corazón muy duro,
pues si queréis mostrar piedad con estos pobres,
Dios no lo olvidará y os podrá ser clemente.
Vednos aquí colgados a cinco o seis que somos,
ved aquí nuestros cuerpos, que tanto hemos mimado:
nuestra carne está ya devorada y podrida
y nosotros, los huesos, nos hacemos ceniza.
Nadie de nuestro mal debería burlarse:
más bien rogad a Dios que nos absuelva a todos.
Si hermanos os llamamos, no debéis ofenderos
ni mostrarnos desdén, aunque fuimos matados
por obra de justicia. Antes bien, ya sabéis
que todos los humanos no saben comportarse.
Disculpadnos a todos, pues estamos presentes
ante el buen Jesucristo, el hijo de María;
que no nos sea negada a ninguno su gracia
y que quiera preservarnos del fuego del infierno.
Ya estamos todos muertos, que nadie nos maldiga:
más bien, rogad a Dios que nos absuelva a todos.
La lluvia ya nos tiene mojados y lavados
y el sol nos ha secado y nos ha ennegrecido;
las urracas, los cuervos, nos sacaron los ojos
y arrancaron los pelos de cejas y de barbas.
Nunca, en ningún momento, podemos estar quietos:
hacia un lado, hacia el otro, según varía el viento,
a su antojo nos mueve, sin parar un momento,
por las aves picados lo mismo que dedales.
Así pues, no queráis veros como nos vemos:
más bien, rogad a Dios que nos absuelva a todos.
Señor Jesús, que a todos nos tienes en tus manos,
evita que caigamos en poder del infierno:
no creo que tengamos mucho que hacer en él.
Hermanos, yo os lo juro, en esto no hago burlas;
más bien, rogad a Dios que nos absuelva a todos.

La Ballade des pendus, el poema más conocido de François Villon

Texto original en francés medieval aquí

VAMPIROS (del Diccionario Filosófico, 1764)

Voltaire y los vampiros

 

¿Es posible que haya vampiros en el siglo XVIII, después del reinado de Locke, de Saftersbury, de Trenchard y de Collins? ¿Y en el reinado de d’Alembert, de Diderot, de Saint Lambert y de Duclós se cree en la existencia de los vampiros, y el reverendo benedictino dom Agustín Calmet imprimió y reimprimió la historia de los vampiros con la aprobación de la Sorbona?

Los vampiros eran muertos que salían por la noche del cementerio para chupar la sangre a los vivos, ya en la garganta, ya en el vientre, y que después de chuparla se volvían al cementerio y se encerraban en sus fosas. Los vivos a quienes los vampiros chupaban la sangre, se quedaban pálidos y se iban consumiendo; y los muertos que la habían chupado engordaban, les salían los colores y estaban completamente apetitosos. En Polonia, en Hungría, en Silesia, en Moravia, en Austria y en Lorena, eran los países donde los muertos practicaban esa operación. Nadie oía hablar de vampiros en Londres ni en París. Confieso que en esas dos ciudades hubo agiotistas, mercaderes, gentes de negocios que chuparon a la luz del día la sangre del pueblo; pero no estaban muertos, sino corrompidos. Esos verdaderos chupones no vivían en los cementerios, sino en magníficos palacios.

¿Quién es capaz de creer que la moda de los vampiros la adquirimos de Grecia? No de la Grecia de Alejandro, de Aristóteles, de Platón, de Epicuro y de Démostenes, sino de la Grecia cristiana y por desventura cismática.

Hace mucho tiempo que los cristianos del rito griego creían que los cuerpos de los cristianos del rito latino, que se enterraban en Grecia, no se pudrían, porque estaban excomulgados. Creían precisamente lo contrario que nosotros los cristianos del rito latino, que creemos que los cuerpos que no se corrompen son los que tienen impreso el sello de la bienaventuranza eterna, y en cuanto se pagan a Roma cien mil escudos por la canonización de cada santo, tributamos a éste la adoración de dulía.

Los griegos están convencidos de que sus muertos son hechiceros, y les dan el nombre de broucolacas. Los muertos griegos van a las casas a chupar la sangre de los niños, a comerse la cena de los padres y de las madres, a beberse el vino y a romper todos los muebles. Sólo puede hacérseles entrar en razón quemándolos cuando los atrapan; pero se necesita tener la precaución de no ponerlos en el fuego hasta después de haberles arrancado el corazón, que debe quemarse aparte.

El célebre Tournefort, emisario que mandó a Levante Luis XIV, lo mismo que otros aficionados, fue testigo de algunas jugarretas atribuidas a uno de los broucolacas y de la citada ceremonia. Sigue leyendo

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«Dios ha cerrado sus oídos a cuantas plegarias se le dirigen en su presencia. En el invierno, los lobos se reúnen en manadas junto al enebro que la protege para lanzarse sobre las reses; los bandidos esperan a su sombra a los caminantes, que entierran a su pie después que los asesinan, y cuando la tempestad se desata, los rayos tuercen su camino para liarse, silbando, al asta de esa cruz y romper los sillares de su pedestal».

Gustavo A. Bécquer: La cruz del diablo