Pintura

Pintor académico francés de corte tradicionalista, Bouguereau se interesó especialmente por pintar escenas de mujeres y realizar interpretaciones modernas de temas mitológicos clásicos,  dando siempre gran énfasis al cuerpo femenino. Creó un mundo idealizado que pintaba con un estilo muy realista. Fue famoso en su tiempo, aunque poco apreciado por la crítica, que por entonces andaba entusiasmada con los impresionistas.
Para saber más:
Biografía en la Wikipedia
Galería de obras

El otoño, una época ideal para acercarse por el Museo del Romanticismo de Madrid y empaparse con el arte de Kiprenski, Alexandr Briullov o Piotr Sokolov. Óleos, acuarelas, dibujos y estampas se mezclan en esta exposición enmarcada dentro del Año de Rusia en España.

Nota en El País
Enlace a la página del museo

la pesadilla de Fuseli
La pesadilla (1781)

Al contemplar este cuadro de Fuseli, no puedo evitar acordarme del pequeño relato que escribí hace un tiempo y que compartí ya en este blog, Una pesadilla. Me he dado cuenta de que en el escrito da la sensación de que estoy describiendo los síntomas de ese fenómeno que los científicos denominan «parálisis del sueño» y que más de uno hemos sentido en alguna ocasión. Supongo que ese debió de ser el detonante.

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Duelo a garrotazos – Francisco de Goya

En España no nos han gustado mucho esas cursilerías del estoque y la pistola: dos hombres enterrados hasta las rodillas, dos bastontes de buena madera, y con suerte alguno saldrá vivo. Patética y desgarradora escena que roza el expresionismo. Las Dos Españas, siempre enfrentadas… ¿Acabará algún día?
Una de las Pinturas negras de la Quinta del Sordo. Se puede visitar, como las demás, en el Museo del Prado.

El triunfo de la Muerte, de Brueghel el viejo

El triunfo de la Muerte, de Pieter Brueghel, el Viejo

El triunfo de la Muerte, de Brueghel, el Viejo, es uno de mis cuadros favoritos del Museo del Prado. Se encuentra en la planta baja, donde los pintores flamencos del XVI, en la misma sala de El Bosco; precisamente justo enfrente de El jardín de las Delicias. Ya me llamaba la atención de niño desde que lo descubrí en la vieja colección de libros de arte de mi padre; descubrirlo en el Prado y tener la posibilidad de quedarme un rato admirándolo cada vez que paso por allí es uno de esos placeres que te tiene reservados la vida.

En realidad toda la obra de Brueghel el Viejo me encanta. Esos cuadros repletos de personajes, de escenas costumbristas, que casi recuerdan un libro de Dónde está Wally. Te puedes pasar las horas muertas mirándolos y encontrando nuevos detalles: El combate entre don Carnaval y doña Cuaresma, La Torre de Babel, Juegos de niños (este no lo conocía hasta hace poco, pero demuestra cuán poco han cambiado los juegos infantiles a lo largo de los siglos).

La muerte siempre se impone

Con respecto a este cuadro se podría hablar de muchas cosas: del hondo pesimismo que emana de él; de su simbolismo y carga moral -la muerte se impone al final, inevitablemente, sobre todas las cosas mundanas-; del humor y sátira que encierra; del cuadro como alegoría de la guerra, como premonición del largo y cruento conflicto que se cierne sobre los Países Bajos; de la multitud de aspectos cotidianos del Flandes del Renacimiento que se pueden apreciar en la obra… Sin olvidarnos, por supuesto, de su semejanza con las danzas de la muerte medievales, pues tanto el rey como el caballero, el juglar, el clérigo o los amantes del  rincon derecho están destinados al mismo trágico final, sin posibilidad de escape.

Mejor dejo el enlace a su página en la web del Museo del Prado, donde se puede apreciar la obra en altísima resolución y aprender mucho más sobre ella con los textos y explicaciones.

 

¿Alguien pensó que se había acabado la época de los frescos en cúpulas y bóbedas?

La obra: pintura de una cúpula de 80 m2 que consta de una pieza central y ocho anexas. En las diversas escenas, de marcado erotismo lésbico, se pueden contar hasta 45 personajes, todos mujeres. 
El mecenas: un magnate ruso que deseaba decorar el domo de su castillo recién construido. 
El artista: el ilustrador Luis Royo, que estuvo en Moscú durante más de tres meses trabajando en ella junto a su hijo, el pintor Rómulo Royo, en lo alto de un andamio.

Toda esta aventura se puede seguir paso a paso en el libro Dome, publicado por Norma. 
Se puede encontrar más información en la página personal de Luis Royo.

A veces la Naturaleza demuestra, con toda su crudeza, al ser humano quién sigue siendo el más fuerte. El cuadro es obra del pintor romántico alemán Friedrich, especialista en pintar paisajes y naturalezas agrestes que se enfrentan a la obra del hombre, como en sus famosas abadías abandonadas.

Ya he dejado constancia en varias ocasiones de mi debilidad por la obra de Goya en general y de sus grabados en particular. Bueno, pues resulta que hay una exposición itinerante de Los desastres de la guerra y hoy he tenido la oportunidad de visitarla. La muestra se compone de 82 reproducciones facsimilares de la  primera edición de esta serie de grabados, la que conserva en el Museo del Grabado de Fuendetodos. 
Yo ya conocía la mayoría de las imágenes desde pequeño, de un libro de láminas de mi padre; pero no tiene nada que ver con contemplarlas a su tamaño natural. La verdad es que impresionan… y mucho. Ver el grado de brutalidad a la que es capaz de llegar el hombre con sus semejantes. Cómo puede degenerar así el alma humana… Da igual que lo plasme de una manera más o menos realista, esperpéntica, alegórica, bestial, o que el referente concreto sea la Guerra de la Independencia; lo que Goya nos muestra se puede aplicar a cualquier conflicto bélico del mundo: la muerte, las torturas, el hambre, la enfermedad, el odio, la insolidaridad… 
Por otro lado, llama mucho la atención la multitud de maneras de matar y morir que nos presenta Goya a lo largo de la serie, a cada cual más atroz, y cómo el pintor es capaz de individualizar la muerte en cada uno de los rostros y actitudes de víctimas y verdugos, aunque al final los sentimientos reflejados sean universales. Porque, muchas veces, esta violencia e inhumanidad plasmadas en las diversas escenas no están tan lejos de lo que podemos ver de vez en cuando en los telediarios.

Para saber más: La serie Los desastres de la guerra de Francisco de Goya y Lucientes por J. Enrique Peláez Malagón

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Gustavo A. Bécquer: La cruz del diablo

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