Realismo mágico

Cita de Rafael Sánchez Ferlosio, Alfanhuí

Nos has dejado hoy, primero de abril. Y yo te debo mucho. A tu Alfanhuí, para qué engañarnos. Aunque fue el realismo más puro de El Jarma el que te llevó a la cúspide de la literatura, fueron esas «industrias y andanzas» del pequeño alquimista de los colores las que me enamoraron. Ensayista, ante todo, me da igual que renegases de tu obra de ficción. Al final, hasta tú mismo reconociste que solo salvabas Alfanhuí.

Te adelantaste a tu tiempo con ese realismo mágico totalmente hispánico; fuiste pionero con esa fantasía poética que no fue valorada en su tiempo. Porque de eso apenas había en España, no se entendía. Pero yo considero ya Industrias y andanzas de Alfanhuí parte de mi linaje creativo, y ese «Alcaraván» acompaña ahora siempre mi nombre.

En fin, gracias por tanto, estés donde estés ahora: por ese niño que inventó su propio alfabeto; por el maestro disecador y sus historias maravillosas a la luz del fuego mágico; por el gigante tuerto del bosque rojo; por la vieja criada disecada que sonreía de vez en cuando; por el canalla don Zana, el marioneta; por el venerable buey Caronglo… Y, por supuesto, por el gallo de la veleta que bajó un día a cazar lagartos, los ladrones del desván, la flauta que hacía música con los silencios, el jardín del sol y el jardín de la luna, los lagartos y su vergüenza amarilla y por el potrillo multicolor y la yegua de cristal. Ellos se me quedan, para siempre, en la memoria y en el corazón.

La fotografía de Rafael Sánchez Ferlosio utilizada para el montaje es de Notgzus y la he tomado de la wikipedia.

 

Inicio de Diles que no me maten, de Juan Rulfo

Hoy se celebran los 100 años del nacimiento de Juan Rulfo, el extraordinario escritor mexicano que, con un par de novelas y una recopilación de cuentos, se convirtió en uno de los más importantes escritores en lengua castellana del siglo XX, y en el autor más traducido de su país. Me ha parecido un buen homenaje dejar hoy en el blog uno de sus cuentos, «¡Diles que no me maten!», leído por el propio escritor. El cuento pertenece a El Llano en llamas y, para mí, es uno de los mejores. Qué maestría, qué manera de utilizar el lenguaje, qué manera de caracterizar a los personajes con unas pocas líneas de diálogo. Ese inicio…, y la frase que lo cierra: brutal. Pocas veces se encuentra algo tan bueno. Así que disfrutadlo, ahora, de sus propias palabras.

Juan Rulfo, gigante de las letras

Con unos pocos centenares de páginas, Juan Rulfo creó todo un universo literario que expresó con una voz propia y original, y se convirtió en el precursor del Boom latinoamericano y en punta de lanza del «realismo mágico». Comala, su Comala, es uno de esos lugares míticos que ya han quedado grabado en el imaginario colectivo, como el Macondo de Gabo, la Santa María de Onetti o el Arkham de Lovecraft. Sus personajes reflejan el tipismo del México rural y las problemáticas sociales, mezcladas con el elemento fantástico; son siempre perseguidos o perseguidores, y sus vidas son pesadillas de las que no pueden escapar. El estilo de Rulfo, poético y vigoroso, toma del realismo y las vanguardias, mezcla lo cotidiano con lo fantástico, presenta unidos violencia y lirismo, hasta crear algo nuevo e incomparable.

Álvaro Mutis subió a grandes zancadas los siete pisos de mi casa con un paquete de libros, separó del montón el más pequeño y corto, y me dijo muerto de risa: ¡Lea esa vaina, carajo, para que aprenda! Era Pedro Páramo. Aquella noche no pude dormir mientras no terminé la segunda lectura. Nunca, desde la noche tremenda en que leí la Metamorfosis de Kafka en una lúgubre pensión de estudiantes de Bogotá —casi diez años atrás— había sufrido una conmoción semejante.

Gabriel García Márquez

Nota biográfica

Nacido en Sayula, Jalisco, el 16 de mayo de 1917, Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno vivió de niño en primera persona las violentas revueltas campesinas y cristeras, algo que le marcó profundamente y quedará perfectamente reflejado en su literatura. Comenzó a escribir en las revistas AméricaPan, a mediados de los años 40, y allí aparecieron sus primeros cuentos. En 1953 publicó El Llano en llamas, recopilación de relatos que fue aumentando en las sucesivas ediciones. En 1955 vio la luz Pedro Páramo. Escribió una segunda novela, El gallo de oro, pero no sería publicada hasta más de 20 años después. Su muerte, en 1986, fue un acontecimiento nacional y fue llorado de manera especial por sus conciudadanos.

Juan Rulfo ganó el Premio Nacional de Literatura en 1970 y fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias en 1983. En 1976 había sido elegido miembro de la Academia Mexicana de la Lengua.

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«Dios ha cerrado sus oídos a cuantas plegarias se le dirigen en su presencia. En el invierno, los lobos se reúnen en manadas junto al enebro que la protege para lanzarse sobre las reses; los bandidos esperan a su sombra a los caminantes, que entierran a su pie después que los asesinan, y cuando la tempestad se desata, los rayos tuercen su camino para liarse, silbando, al asta de esa cruz y romper los sillares de su pedestal».

Gustavo A. Bécquer: La cruz del diablo

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