Sanderson

Hasta ahora no había leído nada del escritor Brandon Sanderson. En realidad, me acerqué a esta novela por curiosidad, la que me provocó Taty en un par de entradas en de su blog (esta y esta), en las que comentaba sus reglas sobre los sistemas mágicos y el sistema de magia del norteamericano. Y, como ando yo inmerso también en la creación de sistemas de magia (ya sea para juegos de rol o para escritos), tenía que hacerme con él.

Mistborn, Brandon Sanderson

El imperio final. Nacidos de la Bruma I

  • Editorial: Ediciones B
  • Páginas: 688
  • Encuadernación: Tapa dura
  • Tamaño: 15 x 23 cm
  • ISBN: 978-84-666-5889-8
  • Precio: 19,50 €

 

Durante mil años han caído las cenizas y nada florece. Durante mil años los skaa han sido esclavizados y viven sumidos en un miedo inevitable. Durante mil años el Lord Legislador reina con un poder absoluto gracias al terror, a sus poderes e inmortalidad. Le ayudan «obligadores» e «inquisidores», junto a la poderosa magia de la «alomancia». Pero los nobles, con frecuencia, han tenido trato sexual con jóvenes skaa y, aunque la ley lo prohíbe, algunos de sus bastardos han sobrevivido y heredado los poderes alománticos: son los «nacidos de la bruma» (mistborns). Ahora, Kelsier, el «superviviente», el único que ha logrado huir de los Pozos de Hathsin, ha encontrado a Vin, una pobre chica skaa con mucha suerte… Tal vez los dos unidos a la rebelión que los skaa intentan desde hace mil años puedan cambiar el mundo y la atroz dominación del Lord Legislador.

Si tuviese que utilizar una palabra para definir esta novela sería “novedad”. Es algo distinto a la fantasía clónica que trata de emular a Tolkien. Aquí nos encontramos con nuevos presupuestos y formas originales de llevarlos a cabo.

Aunque El imperio final forma parte de una trilogía, es una novela que queda prácticamente cerrada, por lo que se puede leer de manera independiente aunque no se quiera seguir con la saga. De todos modos, el escritor ha dejado algunas pistas para incitarnos a continuar con el siguiente libro si queremos encontrar las respuestas a algunas preguntas.

Originalidad

La originalidad la encontramos, principalmente, en dos aspectos de la novela: la alomancia y la creación del mundo.

La alomancia es el sistema de magia creado por Sanderson, y es uno de los grandes aciertos del worlbuilding. Una magia que da la sensación de ser más científica que mística, tan lógica y reglamentada que incluso se somete a la ley newtoniana de acción y reacción. El escritor respeta a rajatabla sus tres reglas para los sistemas mágicos, y junto a las ventajas, deja claros sus limitaciones, costes y puntos débiles.

Para funcionar, la alomancia debe activarse mediante la ingestión de pequeñas dosis de metales o aleaciones de metales. Cuando los alománticos “queman” esos metales en su interior, obtienen sus fabulosos poderes. Porque, en realidad, más que de magia se podría hablar de la adquisición de una especie de “poderes” sobrehumanos: percepción, fuerza y aguante aumentados, poder sobre el magnetismo o el tiempo, control de las mentes o las emociones… Los metales están clasificados por parejas que suelen provocar efectos contrarios: peltre y estaño, cobre y bronce, hierro y acero, oro y plata…

La capacidad de efectuar magia alomántica es hereditaria, no todos pueden acceder a ella. Y hay dos tipos de usuarios: los brumosos, que son la mayoría y solo tienen acceso a uno de los poderes, y los nacidos de la bruma, que poseen la capacidad de quemar todos los metales. No hay término medio. Se supone que es una capacidad particular de los nobles y nadie más debe tener acceso a ella, así que cualquiera que muestra poderes alománticos sin serlo es perseguido y eliminado.

Sanderson también deja caer que hay más sistemas mágicos, aunque solo deja entrever un poco la frenomancia.

En cuanto al mundo, se nos presenta una tierra herida que sufrió algún tipo de cataclismo hace mil años. Desde entonces, cae constantemente sobre su superficie una lluvia de cenizas, el sol se muestra rojo, la hierba dejó de ser verde… Y la noche se convirtió en el tiempo de las brumas, una niebla espesa que todo lo envuelve y que es temida, sobre todo por los skaa.

El Imperio final es una sociedad teocrática dirigida por el omnipresente Lord Legislador, un dios viviente al que todos le deben la existencia, pues salvó el mundo durante aquella crisis de hace un milenio. Fue así como ascendió a la categoría de dios. Inmortal, ha gobernado durante siglos con mano de hierro y ha basado toda la sociedad en la explotación sistemática de los skaa, trabajadores esclavos que le pertenecen y trabajan para los nobles. Para dominar tanto a unos como a otros ha creado una eficiente administración que funciona como una gran organización religiosa a través de los Ministerios. Sus funcionarios son los obligadores, una casta especial. Y los inquisidores, unos seres horrendos y tenebrosas que tienen las cuencas oculares atravesadas por unos enormes clavos. Los inquisidores poseen unos formidables poderes alománticos y trabajan como cazadores y ejecutores de brumosos y nacidos de la bruma híbridos, y son también los verdugos y guardia especial del Lord Legislador.

Obviando a inquisidores y obligadores, la sociedad se divide prácticamente en nobles y skaa. Se trata de una división extrema. Unos lo tienen todo y los otros no tienen nada, salvo su fuerza de trabajo. Y son tratados como animales. La vida de un skaa no vale nada, y su supervivencia depende de su grado de utilidad para los nobles y el Lord Legislador. La vida en el campo recuerda a la de las plantaciones de esclavistas americanas, y la de la ciudad a la del proletariado del siglo XIX, que vivía para trabajar.

Los nobles viven en sus grandes palacios, al menos los de las ciudades, envueltos siempre en intrigas y luchas entre familias; guardan las apariencias en público mientras tratan de destruirse en secreto. Me llegó a recordaban un poco a la sociedad de los drow de Menzoberrazan, de la saga de Drizzt, el elfo oscuro.

Los detalles de la civilización del Imperio están muy bien cuidados. Un ejemplo: debido a la alomancia, las armas y armaduras de metal tienen una efectividad limitada, por lo que el uso de bastones por parte de guardias y soldados adquiere mayor importancia.

¿De qué trata la novela?

La trama no es muy compleja: se cuenta la rebelión de los skaa orquestada por Kelsier y su grupo de ladrones alománticos a los que se une, casi desde el principio Vin, una ladrona adolescente con un don especial. Sanderson nos lleva de la mano para que descubramos el funcionamiento del mundo al mismo tiempo que Vin. Se entrecala su preparación como alomántica con el resto de preparativos de la rebelión.

Que el argumento sea sencillo no quiere decir que nos encontremos ante una novela manida y predecible. El autor juega con nosotros, nos pone ante situaciones tópicas, pero las rompe, las retuerce y las soluciona de manera sorprendente pero lógica. Hay giros argumentales inesperados; y cuando ya nos esperábamos uno de esos giros, nos da un bofetón. Así que, en realidad, nunca sabemos por donde nos conducirá Sanderson.

La novela trata los temas del poder y la corrupción. Se pone en juego la máxima de lord Acton: “el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Pero también se habla de la esperanza, indispensable para ser capaz siquiera de aspirar a la libertad.

Los personajes

Los protagonistas están muy bien desarrollados. Sobre todo el personaje de Vin, que es el que más evoluciona. Huérfana y abandonada, es una chica independiente que ha aprendido a sobrevivir desde pequeña en un mundo muy duro con la ayuda de su “suerte”. Comienza siendo el paradigma de la desconfianza, y deberá aprender en qué consiste la camaradería y la amistad.

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