Surrealismo

Las tentaciones de san Antonio

Las tentaciones de san Antonio, cuadro de Dalí

Las tentaciones de san Antonio es un óleo pintado por Salvador Dalí en 1946, expuesto en el Musée Royaux des Beaux-Arts de Bruselas. Se trata del único cuadro que pintó para presentarlo en un concurso. Con él se inicia la transición hacia la época misticista del autor, en la que comienza a abordar temas religiosos. Dalí hace casi una década que ha abandonado el surrealismo más auténtico y ortodoxo (en realidad ha sido expulsado del movimiento por Breton), pero conserva aún sus características externas y formales. Todavía encontramos ese mundo onírico, distorsionado, de figuras deformadas. Pero no se trata ya de pulsiones del inconsciente; lo que prima ahora es el simbolismo de los elementos, los mensajes encriptados.

La escena representa a san Antonio enfrentado a las distintas tentaciones que asedian al ser humano. Las tentaciones enfilan hacia el santo a lomos de unos animales aberrantes, un caballo y unos elefantes de patas imposibles, largas y finas, como de insecto. La ambición de gloria y triunfo (el caballo), el sexo, el oro, el poder (los elefantes); san Antonio afronta las tentaciones desnudo, desarrapado, con la única protección de una cruz. No es la primera ni la última vez que Dalí utiliza en sus cuadros esos elefantes con patas de antena, basados en la escultura del obelisco y el elefante de Bernini. Contrasta la calma del fondo, de las figuras que vagan por ese desierto infinito, con la violencia del primer plano, en el que la expresión del caballo encabritado sobre el santo provoca en el espectador una honda inquietud.

Travis Louie es un original artista neoyorquino famoso por sus retratos fantásticos de monstruos y personajes deformados que posan ante el espectador como si estuviesen ante una cámara. Efectivamente, sus acrílicos monocromáticos comienzan como cuidados y detallados dibujos a grafito y terminan pareciendo viejos daguerrotipos de la época victoriana, donde se mezclan lo real y lo irreal en una amalgama surrealista.

Pueden reconocerse las fuentes de la cultura popular de las que el autor reconoce haber bebido: las ferias de rarezas, los comics de monstruos y superhéroes o las películas de ciencia ficción y terror de los años cincuenta y sesenta. Lo mejor es que Travis suele acompañar cada obra de un pequeño texto explicativo, “biográfico”, a modo de diario.

Su página personal la dejo enlazada aquí.
Y aquí, su blog, donde se pueden encontrar muchas más muestras de su arte.

ilustraciones de Wuwejo

Wuwejo es el pseudónimo de Jacek Kaczynski, un ilustrador digital polaco con una visión muy personal del universo. Su trabajo se caracteriza por imágenes surrealistas, oníricas, en las que predominan
los tonos grises, el blanco y negro, con los que reconoce que se encuentra más cómodo.

A Jacek le gusta la ambigüedad y la subjetividad. Es un artista conceptual. En sus obras nos presenta un
mundo plagado de criaturas extrañas que están sumergidas en paisajes raros y sombríos. A veces rezuman una especie de tensión espectante. Su intención es expresar emociones básicas y mostrarnos esa realidad invisible que está detrás de la cotidaneidad. Por eso, aunque las atmósferas que plasma puedan parecer tristes, terroríficas o incluso macabras, siempre esconde una pizca de ironía o humor sutil.

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Página personal: http://www.wuwejo.pl
Entrevista en lamono magazine

Michael Hussar es un artista californiano de cierto éxito que se formó en el Art Center College of Dasign de Pasadena, con maestros como los pintores Richard Bunkall, Harmon Dwight, y Judy Crook, o dibujantes de la talla de Harry Carmean o Burne Hogarth.

La obra de Hussar es muy original y provocativa; sus óleos y acrílicos mezclan lo macabro, lo fantástico y lo bizarro. Su percepción de la realidad se mueve por el área gris que hay entre la verdad y la falsedad, siempre con un tono burlón, casi sarcástico, mostrando lo que hay de monstruoso en la humanidad. Lo cierto es que sus obras a veces parecen sacadas de los delirantes sueños de un psicótico.

 

 

 Michael Hussar impartió clases en el mismo Art Center de Pasadena durante muchos años y en la actualidad todavía da cursos y talleres de retrato en Europa y Estados Unidos. Sus pinturas decoran las casas de algunos famosos de Hollywood como Warren Beatty, Francis Ford Coppolla, Leonardo Di Caprio o Madonna.

Para poder admirar una galería completa de todas sus obras os podéis pasar por su página personal.

Dejo también, aquí abajo un par de vídeos en los se puede ver a Hussar en acción en un evento londinense.

 

Emigrantes, de Shaun Tan

Emigrantes —The Arrival en inglés— es la cuarta obra del ilustrador y escritor australiano de ascendencia china Shaun Tan. Se trata de un delicioso y sorprendente libro ilustrado que nos cuenta varias historias de emigración. Usa como nexo de unión de todas ellas el viaje que emprende el protagonista, un personaje anónimo que vive en un opresivo país y que se ve impulsado a marcharse de su tierra y a abandonar a los suyos para encontrar un lugar mejor donde poder prosperar. Asistimos, así, a su periplo de final incierto a través del océano y a las dificultades que tiene que afrontar al llegar a un nuevo país; compartimos su soledad e incomunicación en un lugar del que no conoce el idioma y en el que todo es nuevo y distinto para él: la comida, las costumbres, los animales, los edificios, los transportes… Conforme va conociendo gente, también descubrimos las historias de otros forasteros, gente desplazada que ha tenido que dejar sus hogares huyendo de la guerra o de la explotación… El protagonista, con sus escasas pertenencias metidas en una maleta, debe sobreponerse a todas las adversidades y conseguir alojamiento, comida y un trabajo con el que subsistir y ahorrar para mandar dinero a su familia.

Lo que a primera vista parece una obra a caballo entre el cómic y el libro infantil resulta ser una soberbia novela gráfica, profunda y llena de ternura, que conmueve al lector porque logra que se identifique totalmente con el protagonista. Eso es lo que hace de esta obra algo excepcional: el autor no sólo cuenta la historia; desde el primer momento busca que el lector se haga cómplice de ese personaje anónimo, que sienta una profunda empatía con él y se convierta en un emigrante más, forastero en esa nación extraña que van descubriendo los dos juntos. Y esto lo consigue Shaun Tan con dos recursos que son las dos características principales de este libro: el «silencio» y la mezcla de realidad y fantasía.

En efecto, lo primero que llama la atención al comenzar a leer el cómic es que se trata de una obra totalmente muda. El autor consigue contarnos toda la historia sin que aparezca ni una sola palabra. No hay bocadillos para que hablen los personajes, no hay narrador, no encontramos ningún texto inteligible… Cuando las viñetas nos muestran periódicos, rótulos y anuncios, lo que nos encontramos es una especie de escritura jeroglífica que no podemos comprender. Este silencio absoluto busca que el lector tenga la misma sensación de incomunicación que el protagonista y se identifique con él. No entiende nada, todo ha de intuirlo todo a través de los gestos, de los dibujos… tal y como hace el otro.

La mezcla de fantasía y realidad es la otra característica fundamental de esta novela gráfica. Esto también tiene su intención. Shaun Tan nos adentran en un mundo en el que se unen, a partes iguales, imágenes de un realismo sobrecogedor con paisajes surrealistas y situaciones casi oníricas. Junto a viñetas dibujadas con una técnica casi hiperrealista, que nos recuerdan a fotos de viejos periódicos de principios del siglo XX, el autor coloca otras llenas de elementos fantásticos. O directamente mezcla las dos cosas en la misma escena. Nos podemos encontrar con un viejo transatlántico dibujado con todo detalle, y en la página siguiente con una ciudad de estética retrofuturista, casi steampunk, llena de máquinas voladoras imposibles, fábricas de inmensas chimeneas, globos-ascensor… La fantasía comienza a desbordar, sobre todo, con la llegada a ese nuevo mundo que resulta tan extraño para el personaje. Nos encontramos, a partir de ese momento, con una arquitectura que parece sacada de algún cuadro de Dalí o con animales del Jardín de las delicias de El Bosco.

Esta imaginería fantástica que aparece de repente desconcierta tanto al lector como al protagonista. El primero se siente tan extraño como el segundo. Shaun Tan no da claves para interpretar lo que se ve y los dos se van sorprendiendo con cada cosa que descubren juntos. Esto es lo que se perseguía en realidad.

Con estas dos características el autor logra el efecto deseado: conseguir respuestas intuitivas en los lectores y que se vean inmersos una experiencia total. Están leyendo una historia de emigración y al mismo tiempo se sienten emigrantes. El resultado es una auténtica maravilla del noveno arte que en 2008 ganó el premio a la mejor obra del año en el prestigioso festival de Angoulême.

En la vertiente artística, Shaun Tan nos presenta unos dibujos en blanco y negro y en sepia que parecen estar hechos a carboncillo. En realidad, fueron realizados después de un largo proceso de documentación, montaje y tratamiento por ordenador a partir de antiguas fotografías de gente, de paisajes urbanos —el puerto de Nueva York a comienzos del siglo XX—, o a partir de escenas montadas y fotografiadas expresamente. La disposición de las viñetas trata de dar al conjunto cierto parecido con un álbum de fotos. Algunas de ellas, incluso, aparecen con rasgones, como si estuviesen deterioradas, o con los picos dañados. La edición en castellano refuerza aún más esta idea, ya que las cubiertas imitan un viejo álbum de fotos. El aspecto externo es el de un libro de tapa dura ajado por el tiempo.

Al tratarse de un libro mudo, toda la historia descansa en la fuerza visual de las imágenes. Pese a la ausencia de texto, la historia se puede seguir perfectamente gracias al cuidadísimo flujo de las imágenes. El autor utiliza con gran maestría todos los elementos que le brinda el género del cómic, pese a que este mundo le era totalmente desconocido hasta el momento de iniciar la obra. Él había llegado a la ilustración a través de la pintura y por eso se tomó varios meses para investigar en este nuevo medio narrativo. Finalmente logró dominarlo a la perfección. Shaun Tan sabe muy bien cuándo debe usar un tipo de plano u otro. A veces focaliza un detalle mediante un primerísimo primer plano; otras veces nos muestra un amplio plano general en el que el paisaje empequeñece al motivo principal y lo hace insignificante. Combina imágenes grandes, que a veces ocupan una página entera, o a veces las dos páginas, con otras muy pequeñas que se suceden en cuadros ordenados a lo largo de una o varias páginas, y que buscan expresar distintos sentimientos o sensaciones: la ternura del padre cuando confecciona una pajarita para su hija, el paso del tiempo cuando se suceden viñetas de nubes durante el viaje en barco, los esfuerzos para comunicarse por escrito con otras personas, etc.

Para elaborar esta obra, el autor pasó varios años recopilando información de su propia familia —su padre emigró a Australia desde Malasia— y de otros emigrantes, y buscando datos gráficos y escritos sobre el tema. Aunque pueda parecer, en los primeros momentos, que se desprende un sentimiento pesimista, la historia es, en su conjunto, positiva. Hay una gran ansia por arraigar en el nuevo lugar, por establecerse y crear un auténtico hogar. El protagonista va haciendo propio ese mundo, poco a poco, hasta que finalmente su familia se reúne con él. También hay calor en las relaciones humanas, pues siempre se nos muestra gente con deseos de ayudar al recién llegado. En conclusión, se trata de una magnífica obra que habla de la dificultad de pertenecer a un lugar, del duro camino que hay que seguir para conseguir una vida mejor, y que es un homenaje a todas aquellas personas que, por diversos motivos, han tenido que dejar sus hogares y familias atrás para buscar una nueva vida en lugares nuevos, desconocidos y desconcertantes.

Sobre Shaun Tan

El ilustrador australiano Shaun Tan nació en Freemantle, en 1974, y se crió en la ciudad de Perth. Su madre es australiana y su padre chino: emigró a Australia desde Malasia. Esta es la razón por la que el artista siempre se ha sentido dividido entre dos mundos, sin lograr ser totalmente parte de ninguno. Shaun Tan se licenció en Bellas Artes y Literatura Inglesa en la universidad de Western Australia en 1995. Ya en su adolescencia ilustraba pequeñas historias de miedo y ciencia ficción, y más tarde fue director de arte de una revista del género, algo que queda patente no sólo en Emigrantes, sino en la mayoría de sus álbumes.

En la actualidad, trabaja a tiempo completo como artista y autor freelance en Melbourne y se ha hecho famoso como autor de libros ilustrados que tratan temas sociales, políticos e históricos mediante su particular imaginario surrealista y onírico. Ha trabajado como diseñador de escenografías y como artista conceptual para las películas Horton Hears a Who y Wall-e. Actualmente dirige un corto con Passion Pictures Australia. Shaun Tan ha ganado multitud de premios a lo largo de su carrera, entre ellos el del festival de Angoulême, el premio Crichton de ilustración, el World Fantasy Best Artist Award,o el Hugo Award.

En España su obra la publica Barbara Fiore Editora.

Obra

Como autor, Shaun Tan ha publicado The Playgrund (1997), La cosa perdida (1999), El árbol rojo (2001), Emigrantes (2006) y Cuentos de la periferia (2008).
Como ilustrador, algunas de sus obras más prestigiosas son Pipe, de James Moloney (1996), The Half Dead, de Garry Disher (1997), The Viewer, de Gary Crew (1997), Los conejos, de John Marsden (1998), Memorial, de Gary Crew (1999) o  Pretty Monsters, de Kelly Link (2008).
Para saber más:

Este artículo lo publiqué originalmente en el nº 11, 3ª época de la revista El Mirador.

A mi padre le ha dado en estos últimos meses por dejar a un lado tanto paisaje manchego y dedicarse a lo que hacía cuando yo estaba en mi más tierna infancia: pintar fantasías y paisajes imposibles o de ciencia ficción. Creo que, en realidad, es con lo que más difruta. Y es lo que más me gusta de él. En parte, porque creo que estos cuadros y las historias que me contaba sobre ellos me ha ayudado a forjarme tal y como soy. Así que hoy dejo aquí un par de sus últimas obras para el disfrute de todos:

El hacedor de lluvias
(que por fin este año se decidió a actuar aquí, en la Mancha más seca)
Paisaje 004

Por cierto, para quien no lo sepa: mi padre es Juan Gallego, acuarelista; y por si no se ha notado todavía, me siento muy orgulloso de él. : )

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Gustavo A. Bécquer: La cruz del diablo

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