X aniversario

Bienvenidos a mi rincón, almas románticas y sombrías. Si me queréis acompañar, iniciaremos juntos un viaje por el borde del abismo. Seréis testigos de mis inquietudes y secretos. Compartiré con vosotros pensamientos turbadores, versos sacrílegos e imágenes sugerentes. La literatura, la música y el arte nos acompañarán a lo largo del camino. Ya veremos hacia donde nos lleva.

Con estas palabras iniciaba el blog allá por el 2007. Y justo ahora se cumple una década desde que las escribí. ¡Quién me lo iba a decir! Diez años compartiendo, con mejor o peor fortuna, todo aquello que me apasiona. Con algún que otro parón, lo reconozco, y con una remodelación desde los cimientos incluída. Pero, cuando empecé, no estaba seguro ni de ser capaz de aguantar más allá de unos meses. Yo, indisciplinado por naturaleza. Pero aquí sigo, al pie del cañón, después de 370 entradas (y 27 borradores, uf…), con más ganas que nunca de escribir nuevos artículos, y de hacerlo cada vez mejor.

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El blog comenzó hace 10 años con este nombre y este encabezado. Sí, la cosa ha cambiado mucho desde entonces

Pero nada de esto tendría sentido si no fuese por vosotros, queridos lectores, que sois los que me impulsáis a buscar nuevas historias curiosas que os sorprendan tanto como a mí. Así que, ante todo, MUCHAS GRACIAS. Espero seguir por aquí muchos, muchos, años más, y que vosotros sigáis leyéndome.

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Eres un erudito de historias secretas, una investigadora de libros polvorientos, o un saqueador de relatos...

Eres una cazadora de brujas, un arquólogo de lo grotesco o una tejedora de mitos y leyendas...

¡Bienvenidos! Habéis llegado al lugar indicado: un rincón donde se unen los senderos ocultos del arte, la música, la literatura y la historia.

«Dios ha cerrado sus oídos a cuantas plegarias se le dirigen en su presencia. En el invierno, los lobos se reúnen en manadas junto al enebro que la protege para lanzarse sobre las reses; los bandidos esperan a su sombra a los caminantes, que entierran a su pie después que los asesinan, y cuando la tempestad se desata, los rayos tuercen su camino para liarse, silbando, al asta de esa cruz y romper los sillares de su pedestal».

Gustavo A. Bécquer: La cruz del diablo

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